
El más clásico encuentro con el humor
LA NACION asistió al primer ensayo de la Camerata Bariloche y Les Luthiers, que se presentarán mañana en el Teatro Colón
1 minuto de lectura'
Los músicos de la Camerata Bariloche están por quedarse bizcos: con un ojo siguen la partitura y con el otro tratan de no perderse detalle de la actuación de Daniel Rabinovich y Marcos Mundstock, los protagonistas de la hilarante ópera "La hija de Escipión".
Mientras el tránsito se hace cada vez más ensordecedor en la soleada tarde porteña, sobre el escenario del teatro Coliseo la Camerata Bariloche y Les Luthiers ensayan juntos, por primera vez, las obras que presentarán mañana en el Teatro Colón dentro del espectáculo que decidieron llamar "Do-re-mi-ja!, por humor a la música".
Será una ocasión inédita, el que estos dos clásicos de la cultura argentina, nacidos en la fructífera década del 60, se encuentren en un mismo escenario. ¿El motivo? Antes que nada, ayudar a paliar la crisis económica que padece el Collegium Musicum, la tradicional escuela de música para chicos de la que surgieron varios de los integrantes de los dos grupos.
Otra razón del encuentro, como coinciden todos, son las mutuas ganas de hacer algo juntos. "Hace 30 años que queremos hacer un espectáculo con Les Luthiers, y por fin lo pudimos hacer", se entusiasma un chelista de la Camerata mientras posa con la espada que usa Marcos Mundstock, en lugar del tradicional arco.
Como era previsible, la respuesta de la gente no se hizo esperar y, en menos de un día, se agotaron todas las entradas de esta fiesta en la que volverán a encontrarse, en el Teatro Colón, la música y el humor.
La Nación pudo comprobar, en la trastienda de un ensayo, que para los integrantes de Les Luthiers, el humor es algo muy serio. Más allá del excelente clima imperante, el quinteto se muestra detallista y meticuloso, para hacer que el mecanismo que desde 1967 dispara la carcajada inexorable, funcione en forma aceitada. A la inversa, los serios y concienzudos instrumentistas de la más clásica de las orquestas clásicas argentinas, demuestran que encarar la música con profundidad no impide hacer las cosas con buen talante.
Pingüinos
Es raro verlos a todos sin sus tradicionales trajes de "pingüino", que unos y otros adoptaron como su vestimenta tradicional a la hora en que se levanta el telón. Por ejemplo, Carlos Núñez Cortés, que invitó a su madre y a su tía para disfrutar del ensayo, luce una remera con el nombre del último disco de Andrés Calamaro "Honestidad Brutal", mientras toca, concentrado, el clave. Entre los integrantes de la Camerata, el jean y la camisa parecen el vestuario normal para un ensayo.
Es claro: sólo les falta el vestuario, porque lo que se escucha mantiene la marca registrada de calidad que los caracteriza.
En el primer descanso del ensayo, el violinista Fernando Hasaj, director de la Camerata desde 1993, destaca con orgullo:"Creo que hay muy pocos grupos que pueden hacer que las cosas ya funcionen con sólo medio ensayo, como lo logró hoy la Camerata.
Dos clásicos del humor
En la función de mañana, cada uno de los grupos hará lo suyo por separado. Pero el momento culminante se producirá cuando sumen sus fuerzas para interpretar dos obras clásicas del inefable Johann Sebastian Mastropiero: el "Concerto grosso alla rustica" y la ópera "La hija de Escipión".
La primer obra data de la década del 70; proviene de la inagotable cantera creativa del conjunto de instrumentos informales y es un desopilante concierto barroco, que tiene como solistas a un concertino (grupo de solistas) ¡puneño! En esta especie de "ritornello vivaldiano", a cada presentación melódica de la clásica orquesta de cuerdas le corresponderá un solo de quena, charango y bombo a cargo de los circunspectos Les Luthiers.
Expertos conocedores del repertorio barroco, a la Camerata le toma solo un par de pasadas ajustar las tuercas de esta obra. ¡Más les cuesta no tentarse demasiado mientras la están tocando!
La segunda obra, como recuerda Núñez Cortés, "pertenecía al espectáculo anterior "Bromato de armonio", en el que las partes instrumentales las tocábamos con tres teclados que emulaban a una orquesta".
Para poder coordinar mejor, Fernando Hasaj deja de lado su violín para asumir el papel de director de la orquesta, que tiene el refuerzo de un grupo de instrumentos de vientos (flautas, oboes, cornos) Hasaj arrima una definición estilística de la ópera escrita por el mítico Johann Sebastian Mastropiero: "Empieza como una ópera mozartiana y termina como una verista", dice y, por un rato logra invertir los roles, porque el que se ríe del chiste es el locutor de Les Luthiers, Marcos Mundstock.
Ya en pleno ensayo, Daniel Rabinovich entabla una especie de serenata para despertar a su amada "Leonor", cuando el coro integrado por Carlos López Puccio, Núñez Cortés y Jorge Maronna le advierten que solo ha logrado despertar a su padre, el temible Escipión. "Simula que eres un cuclillo", le cantan al azorado Rabinovich.
Los instrumentistas aumentan la proeza del principio: leen la partitura, tocan, miran al dúo y se ríen, sin detener la marcha, mientras Rabinovich intenta imitar el ruido de algún ave. López Puccio -encargado de transcribir para la orquesta "en menos de dos semanas" las partes que antes tocaban en teclados-, junto con Maronna son los que controlan que los tiempos y detalles más técnico-musicales se vayan ajustando.
Así le recomiendan a Hasaj y a la orquesta que se queden esperando hasta que Mundstock termine su solo en un aria "porque esa noche puede llegar a inspirarme y mi solo estirarse", bromea el locutor-humorista.
De a poco, los Luthiers comienzan a incluir en la acción a los músicos, Primero a Hasaj, y luego hasta un chelista se anima a entablar un pequeño duelo de espada v. arco, en medio de las risas generales.
Después de un par de horas, con sonrisas y sin prisas, las dos obras ya lucen listas para el estreno en el primer ensayo. De todas formas, se volverán a encontrar un par de veces más, la última en la sala del Teatro Colón, para garantizar que todo funcione a la perfección.
Mientras los técnicos de sonido de Les Luthiers ajustan algunos detalles, Rabinovich aprovecha para mostrarles a los cornistas uno de sus instrumentos informales: el "calephon", una mezcla de tuba y corno que los solistas de la Sinfónica Nacional aprovechan para probar.
Todos están felices por este primer y esperado encuentro que también significa el regreso para ambas agrupaciones al Teatro Colón.
Les Luthiers hizo su debut en el tradicional teatro lírico porteño en la década del 80, también en aquella ocasión con un espectáculo que tuvo fines benéficos.
Con respecto a la Camerata Bariloche, regresa a la sala después de que, inexplicablemente, se los haya dejado de lado en la programación anual del teatro. La orquesta de cuerdas que fundó Alberto Lysy con jóvenes músicos que asistían al camping musical Bariloche había iniciado el año último un exitoso y prometedor ciclo de conciertos en el Colón. Pero, sin que las causas le hayan sido del todo aclaradas, este año no siguió.
De todas formas, lo importante es que, para ayudar al Collegium, dos colosos del humor y la música clásica producirán mañana una nueva noche inolvidable para la historia del Teatro Colón.
Dos agrupaciones históricas
La Camerata Bariloche y Les Luthiers tienen muchas cosas en común. Nacieron en la misma época (fines de las década del 60), mantuvieron su calidad sin interrupciones desde entonces, sin el apoyo del Estado y con el permanente reconocimiento del público argentino. El secreto de su éxito se pudo comprobar en el ensayo del espectáculo que presentarán mañana en el Colón: trabajo, profesionalismo, respeto y, por supuesto, muy buen humor.




