El nuevo tango de Pablo Ziegler

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22 de junio de 1998  

Actuación del Quinteto para el Nuevo Tango, de Pablo Ziegler, con el pianista junto a Walter Castro (bandoneón), Armando de la Vega (guitarra eléctrica), Oscar Giunta (contrabajo) y Horacio López (batería y percusión). Presentación de su flamante disco "Asfalto", con obras de Astor Piazzolla y del propio Ziegler. En el Centro Cultural Borges. Próximo concierto: el 26 de junio, a las 20.

Nuestra opinión: bueno

No es desatinado pensar que alguien con talento es capaz de prolongar aquella veta rítmica del tango después identificada como el 3-3-2 y atribuida a Piazzolla, pero ya anunciada por Horacio Salgán con su orquesta de 1944, en temas como "Shusheta" y "El Marne". Aquello se denominaba entonces "el candombe", y lo ejecutaban los violinistas con pizzicatos llamados "tambor" y por otros yeites, como "la chicharra".

Y en cuanto al lirismo melódico, hubo muchos creadores que volaron muy alto antes que Astor Piazzolla.

Esto no significa menoscabar en absoluto al creador de "Adiós Nonino", sino hacer historia.

Pablo Ziegler, pianista del último Quinteto de Piazzolla, admirador acérrimo del bandoneonista, prolonga desde su piano esa conjunción de ritmo incisivo y de intenso lirismo.

Pero no es el nuevo sonido el que desvela a Pablo Ziegler (aunque de hecho su quinteto construya nuevos timbres y sonoridades), sino la sustancia y la forma musical, es decir, las nuevas ideas, su construcción y su desarrollo.

Visiones

Pablo Ziegler, auriga del quinteto, empieza con "Michelangelo 70", de Piazzolla, su encuentro porteño.

Las obstinaciones rítmicas, los arrebatos, reciben del quinteto la cuota jazzística de las improvisaciones que expanden el original. Los aportes al tejido fugado (estilo imitativo) de "La muerte del ángel", de Astor, cobran tanto aliento como vibración los líricos pasajes cantables a cargo del bandoneón.

En el primer tema de Ziegler, "Asfalto", aparecen resabios de ese estilo de Piazzolla, sobre todo en los enfáticos y rotundos acentos rítmicos, aunque el melodismo sea más tenso que lírico, y algo más oscuro.

El ciclón rítmico se repetirá en su "Radiotango", y en su "Empedrado", que recogen de diverso modo las voces de añeja música ciudadana, como quien desde la vanguardia echara una cálida mirada retrospectiva.

Es en cambio en el ritmo de milonga lenta donde Ziegler -tomando distancia del estilo de Piazzolla- vuela más alto y recala en la emoción mientras confía la parte cantable al bandoneón.

Por cierto que Ziegler no puede renunciar a un final sin el consagrado "Adiós Nonino", cuyo preludio (uno de los dos escritos por Piazzolla) le fue dedicado a nuestro pianista.

El ensamble instrumental es sólido. Sus jóvenes músicos conocen los secretos del 4 x 4 (no sólo, por lo tanto, los de aquel inicial 2 x 4). Y la virtud de Ziegler -que desecha toda ostentación de su sólido virtuosismo de pianista erudito- es recurrir, en sus arreglos, a una rica paleta de matices, al alternar dúos, tríos, cuartetos, con el quinteto en pleno.

El único peligro será siempre tentarse con el empuje antes que dejarse guiar por el fuego interior.

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