
El otro Pablo Neruda
En su propia sala marplatense, el actor personificará durante la temporada estival al célebre poeta chileno con la misma obra que inspiró la película "Il Postino".
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Darío Grandinetti pasará el próximo verano igual que el último: cerca del mar e interpretando a un célebre personaje de la vida real.
Esta vez será en Mar del Plata, donde hará el papel de Pablo Neruda en la obra "El cartero". En los primeros meses del 99 había sido en Cuba, filmando "Operación Fangio", la película de Alberto Lecchi en la que recreó al quíntuple campeón mundial de automovilismo. Su versión de Juan Manuel Fangio aún no tiene fecha de presentación ante el público local. En tanto que la del escritor chileno se conocerá el 3 de diciembre en La subasta, teatro que el actor y dos socios inauguraron el año último.
"El verano pasado prácticamente no estuve en la sala de Mar del Plata y me perdí muchas cosas maravillosas. No quería que esta vez ocurriera lo mismo. Quería hacer teatro en mi teatro. Asi que mi principal objetivo era encontrar un material para presentar allí", cuenta Grandinetti, que por las mañanas recorre en bicicleta las cuadras que separan su casa de los estudios donde graba "Chiquititas" -en Martínez- y al caer el sol, parte en el auto hacia el centro porteño, para ensayar este espectáculo en el que además actuarán Julieta Ortega, Nicolás Cabré, Silvia Baylé y dos actores marplatenses -aún no seleccionados-, todos con la dirección de Hugo Arana.
La propuesta para llevar a escena "El cartero" -obra del chileno Antonio Skármeta que llegó al cine en 1994, cuando Michael Radford filmó "Il postino" con Massimo Troisi, la entonces desconocida María Grazia Cucinotta y Philippe Noiret- surgió de Javier Faroni. El empresario le ofreció a Grandinetti el papel que en la exitosa película hizo Noiret. "Sin haber leído la pieza, me pareció rara su idea de que interpretara a Neruda y le dije que me gustaba el rol del cartero -recuerda Grandinetti-. Pero al leer el material, comprendí que Javier tenía razón: no podía hacer al cartero porque en la obra tiene 18 años. Lo de Neruda era más lógico".
Actor y empresario coincidieron en que Arana tenía que ser el director de esta obra, una producción de La Subasta. "Hace mucho que quería que él me dirigiera. A su vez, Hugo necesitaba encontrar un material que pudiera dirigir por primera vez. Trabajé siete años con él en teatro (integrando el grupo "Errare Humanum Est"). Tiene una mirada muy profunda sobre el trabajo con el actor. De hecho, a lo largo de esos años era el que siempre estaba observando y pidiéndonos que cuidáramos tal o cual aspecto. Todos sabíamos que alguna vez iba a dirigir", explica Grandinetti, que viajó a Chile para entrevistarse con Skármeta, con gente que conoció a Neruda y de paso visitar Isla Negra, uno de los lugares -ciertamente maravilloso- donde vivió el autor de "Los versos del capitán".
Un largo recorrido
El papá de las "Chiquititas" de Telefé -que por el momento dice no saber si seguirá o no en la tira-, destaca que la historia creada por Skármeta recorrió un largo camino antes de llegar a ser un éxito cinematográfico: "El escribió primero la obra que ahora vamos a hacer nosotros. Sobre esa base dirigió una película en Portugal, con actores chilenos. Y luego escribió la novela, en la que se basó el film interpretado por Troisi. Incluso la obra - ÔArdiente paciencia´- se hizo varios años antes de esa película en el teatro San Martín, con dirección de Juan Carlos Gené".
-¿Cuál es la diferencia entre esta versión teatral y el film de Radford?
-La relación entre el cartero y Neruda es la misma, al igual que la del cartero y la chica. La ubicación histórica y geográfica de la obra es distinta a la de la película, que inventa un Neruda exiliado en Italia. La historia real transcurre entre el 69 y el 73 en Chile, en Isla Negra, durante la candidatura de Neruda a presidente, su posterior dimisión y la candidatura de Allende, el Premio Nobel a Neruda, el período como embajador en Francia, el golpe de Estado y el final que todos conocemos. Se traza un paralelo entre ese momento histórico real y la historia de amor entre el cartero y la chica, en la que Neruda también participa. En el film brillantemente contado y actuado, vemos la historia entre un cartero -entrañable- y este señor Neruda. Pero no vemos al Neruda importante y al de todos los días.
-¿Cómo va a ser tu versión?
-Va a ser un Neruda muy cotidiano. De hecho, esto le ocurre en su casa, en Isla Negra, el lugar donde se refugiaba a descansar. Todo el mundo sabía quién era y lo respetaba. Pero a diferencia de nuestros intelectuales, Neruda logró un acercamiento popular que ninguno de los nuestros tuvo -y no por culpa de ellos-. Era muy común que cualquier minero recitara de memoria un poema suyo. El recibimiento que le hacen después del premio Nobel, en el estadio de Santiago de Chile, incluye a Pinochet aplaudiendo de pie dos metros detrás de él -hay una foto que lo testimonia-. Neruda era "don Pablo" para la gente. Pero también se le podía ir a hablar de los vinos, del mar. En Isla Negra muchos aún lo recuerdan como el vecino al que le llevaban pescado y a quien le gustaba agasajar a sus amigos. De modo que estamos trabajando para mostrar un Neruda cotidiano, lo que nos pidió el autor, bajarlo del bronce. La pieza tiene mucho humor.
-¿Por algún interés especial rescatás esta obra ahora?
-Cuando la leo y decido hacerla, es en función de que me gusta el material. Un periodista marplatense me preguntó hace poco: "¿Qué significa hacer esta obra ahora que Augusto Pinochet está preso?". Y la verdad es que no lo había pensado desde ese lugar. Lo mismo le pasó a Hugo Arana, que se emocionó al tomar conciencia de este hecho. No pensamos en nada de eso. Pero no podemos no ver que de verdad va a tener su connotación. Sin duda, la pieza también me atrajo porque se refiere a cosas de las que me gusta hablar. Pablo Neruda es un personaje que, como tantos otros, sería trágico que no se rescatara cada tanto. Pero sería interesante que se supiera mucho más de esta gente siempre. Tampoco nuestro objetivo es rescatar a los grandes ídolos de la humanidad. Contar la historia de este hombre también es atractivo y le da un plus al espectáculo.
-¿Vos elegiste a Víctor Heredia para que compusiera la música?
-Fue una sugerencia que le hice a Hugo Arana y a él -a quien no se le ocurrió porque no imaginaba que Víctor quisiera hacer este tipo de trabajo- le fascinó. Yo, que soy amigo de Víctor, sabía de su inquietud. Es la primera vez que escribe algo para teatro. Está muy entusiasmado, al igual que nosotros.
-¿También sos el productor de "El cartero"?
-En realidad me toca el rol de la producción artística, de ser el que toma algunas decisiones consensuadas con el director. Lo más probable es que esto sea una cooperativa. No tenemos plata para darle a nadie. No somos empresarios. Yo no soy un empresario -no porque le tenga miedo a la palabra- ni produzco con mi dinero. Sigo ganándome la vida como actor.
-El trabajo en televisión ¿te permite hacer en "La subasta" lo que realmente te gusta como actor?
-Hago televisión porque soy actor, porque vivo de la profesión; pero no para poder darme el lujo de hacer otra cosa. El lujo me lo doy laburando acá y allá, me da placer actuar. Obviamente, hay cosas que a uno le gustan más que otras, pero en términos de lo ideal. En términos de la realidad, uno tiene que pisar la tierra. Yo disfruto de la profesión porque es la que me permite vivir relajado, tranquilo, no sólo porque me va bien, sino porque me limpio el "bocho", porque hago lo que me gusta. Cuando tengo trabajo, por suerte vivo bien, pero no siempre lo tengo. Y esto es bueno aclararlo.
-¿En qué sentido?
-Porque hay gente que cree que uno es un privilegiado. Pero hay mucho tiempo en el que los actores estamos sin laburar y no ganamos plata, no nos subvenciona nadie ni tenemos un sueldo de por vida. Si laburamos, ganamos, pero no siempre todo lo bien que deberíamos.






