
El rostro amable del áspero Dogma 95
"Secretos en familia" ("Mifune sidste sang", Dinamarca/1999). Dirección: Soren Kragh-Jacobsen. Con Anders W. Berthelsen, Iben Hjejle, Jesper Asholt, Emil Tarding, Sofie Grabol y Anders Hove. Guión: Soren Kragh-Jacobsen y Anders Thomas Jensen. Fotografía: Anthony Dod Mantle. Edición: Valdis Oskarsdottir. Presentada por Líder Films. Duración: 98 minutos. Sólo apta para mayores de 16 años. Nuestra opinión: Muy buena
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Para aquellos que se consustanciaron con el costado más sórdido y se interesaron por la veta más ideologizada de "La celebración" y "Los idiotas", las dos primeras entregas del Dogma 95, "Secretos en familia" puede resultar un film superficial, convencional y hasta un poco frustrante.
Sin embargo, la diferencia de su propuesta no significa que este tercer exponente del movimiento técnico y estético danés carezca de méritos: fotograma por fotograma, entrando con franqueza en el terreno del entretenimiento masivo, Soren Kragh-Jacobsen construyó una aproximación a la disfuncionalidad familiar tanto o incluso más atractiva y sensible que la de sus compatriotas y compañeros de ruta Thomas Vinterberg y Lars von Trier.
"Secretos en familia" -ganadora del Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín de 1998- se emparenta con sus predecesoras en el cuestionamiento a los valores más conservadores de la clase media burguesa, en los constantes y bruscos cambios de registro, en la apuesta estética casi documentalista y en el minucioso trabajo con los actores.
Comicidad y tragedia
El director ha trabajado siempre con la idea de romper con los artificios de toda construcción audiovisual y conseguir así la mayor verosimilitud posible.
"Secretos en familia cuenta con secuencias cómicas en las que inevitablemente termina por aflorar, sin embargo, algún imprevisto elemento trágico, y también abunda en pasajes de denso dramatismo cortados por un humor desprejuiciado. Lejos del video digital, de la imagen nerviosa de la cámara en movimiento continuo y de los conflictos cada vez más perversos y patéticos de Vinterberg y Von Trier, "Secretos en familia" resulta -más allá de sus múltiples vericuetos- una comedia romántica y optimista y una apuesta por los buenos sentimientos.
Es también, en el fondo, una fábula moral sobre la factibilidad de alcanzar la comprensión y hasta una cierta armonía aun en los contextos individuales, grupales o sociales aparentemente más desfavorables.
Honestidad brutal
La película de Kragh-Jacobsen coquetea con múltiples lugares comunes y personajes estereotipados (el yuppie que descubre la banalidad y falsa seguridad de su existencia, la prostituta en busca de redención; el discapacitado mental, simpático y bonachón, que no resulta tan tonto como todos creían; el típico adolescente que esconde sus miedos tras una pesada coraza de rebeldía), y parece permanentemente encaminada a aplicar algún golpe bajo, pero sale indemne de cualquier eventual exceso de sentimentalismo a fuerza de honestidad intelectual y artística.
El director y sus notables cuatro intérpretes principales aprovecharon las diez prohibiciones del Dogma 95 para (en una saludable paradoja que se repite dentro de este movimiento) liberarse de ataduras y prejuicios.
De esta manera, terminan construyendo en una decadente granja pueblerina un micromundo que los protege de sus traumas, sus miserias personales y sus fantasmas anteriores.
Mientras en la ciudad su pasado se desmorona, van perdiendo lo que paciente y dócilmente habían construido durante años, intentan reconquistar en su nuevo refugio la pasión y la inocencia perdidas. La llave para construir un nuevo, diáfano y mucho más noble lugar en el mundo.




