El suave y melancólico vuelo de Chejov
Estreno: Héctor Bidonde, uno de los protagonistas de "La gaviota", que se estrena hoy en el San Martín, reflexiona sobre el proceso de acercamiento a las creaciones del gran autor.
1 minuto de lectura'
No importa si se trata de un actor, de una actriz o de un director. Todos sueñan con llegar a interpretar alguna vez "un" Chejov, como si las obras de este autor ruso fueran la culminación de una carrera artística. Para Héctor Bidonde, uno de los intérpretes de "La gaviota", que se estrenará hoy en el Teatro San Martín, con dirección de Augusto Fernandes, tiene más de una significación y guarda relación con un momento especial que está viviendo, en lo que podría llamarse una nueva etapa en su vida.
Para él, "La gaviota" es su primer Chejov y esto no parece sorprenderlo mucho.
"Es un autor muy difícil. No tengo ningún prejuicio sobre cómo debe hacerse, pero si se lo quiere hacer con una puesta histórica, como propone Chejov desde el texto, creo que es un trabajo muy difícil." Bidonde queda perdido entre sus pensamientos tratando de rescatar un momento muy especial.
"A Chejov lo descubrí con «Pieza inconclusa para piano mecánico», de Mijalkov. En "La gaviota", el tipo de trabajo que estamos haciendo nos exige una especie de diafanidad, de apertura interna. Podría decir _al menos es lo que siento ahora_ que se me inaugura algo con este trabajo con Fernandes. Darse cuenta de que ahora Chejov funciona sobre el escenario, con toda su escritura tan suave, versátil, dúctil, sensible, para después explotar en una tormenta. Produce una especie de escritura musical que tiene muchas connotaciones estéticas. Creo que Fernandes armó algo muy parecido a la realidad, donde conformó un universo estético correspondiendo a otras disciplinas como la música."
-¿Es difícil encarar las obras de este autor?
-No quiero parecer pretensioso. A mí me parece que el naturalismo con que suelen presentarse las obras no alcanza. Acá la vida no fluye de una manera natural. Hay algo del naturalismo que no calza. Este tipo de trabajo requiere una apertura interior, de sencillez interna. Hay que tener una dirección muy especial, como en este caso, una percepción y una apertura sensible, que en general se enfrenta a nuestro vértigo, a nuestro estado de estrés.
-¿Esa apertura interior cómo se traduce?
-Creo que hay un estado de adecuación muy particular. Hablando con humildad, ocurrió un fenómeno muy particular. Observo que cada actor ha tenido que doblegar una parte de uno, aparentemente invencible, desde el punto de vista del espectro emocional expresivo con el cual uno está acostumbrado a trabajar. Casi sin excepción todos nos hemos visto obligados, a través de la dirección, a abrir una zona casi infranqueable. Ojalá que lo podamos transponer al escenario con toda la riqueza que eso tiene. Cada actor va a mostrar aspectos que nunca ha mostrado en su carrera.
-¿Qué más le aporta al actor un texto de Chejov?
-Chejov le propone usar el instrumento conocido de la vida, pero también inaugurar un montón de colores, de características, de comportamientos, que tienen que ver con zonas que no están abiertas. Es como si el autor nos hiciera descubrir que no estamos utilizando todo el teclado del instrumento, con la capacidad de afinación y la riqueza de sonido que el autor nos propone.
-¿Qué significa esta nueva etapa?
-"La gaviota" me permite la entrada a un personaje que no estoy acostumbrado a interpretar. Esta obra me enfrenta con un momento de mi vida y del mundo. La transformación de la vida, del país, de la economía. Mientras hago teatro, estoy pensando cómo voy a construir mi casa y en la posibilidad de generar un espacio teatral." Y mientras Bidonde sigue soñando, la realidad del estreno convoca a los actores que participan en "La gaviota" Aníbal Morixe, Gabriela Toscano, Julio Chávez, Abian Vain, Carola Reyna, Beatriz Spelzini, Daniel Tedeschi, Salo Pasik, Betiana Blum, Jorge Marrale, Julieta De Simone y Carlos Portaluppi.
Tal vez ellos también se sientan modificados.





