El sueño de dos héroes
Con sus destinos cruzados por un inminente estreno cinematográfico y La Nación como testigo, Adolfo Bioy Casares y Sergio Renán mantuvieron una charla que fue como viajar a través de la memoria.
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Se los ve dueños de una serenidad análoga. Propietarios vitalicios de una hidalguía ancestral. Socios en el buen gusto de recurrir al sentido del humor para limar las aristas de la adversidad. Caballeros de un mismo linaje: el de los que han venido al mundo con la certeza de que los sueños están para ser cumplidos, los placeres para ser gozados y la muerte para ser ahuyentada.
El diálogo entre Adolfo Bioy Casares y Sergio Renán, del que fue testigo La Nación en la tarde del sábado último, es un viaje circular. Ficción y realidad, pasado y presente, memoria y proyectos, película, novela y ópera: cualquiera de esas estaciones es a la vez punto de partida y de llegada.
Es comprensible. "El sueño de los héroes " ha cruzado el destino del realizador con el del escritor, y sabido es que, por fortuna, en las tierras oníricas no hay limites de tiempo ni de espacio. La relación entre Renán, Bioy la obra literaria y el film prescindió siempre de esas categorías molestas.
Después de todo, ¿a quién le importa cuándo y dónde si lo que está en juego tiene la ambición de un sueño?
Cuenta Sergio Renán que cuando leyó por primera vez la novela de Bioy era un joven actor al que el personaje de Gauna se le antojó como un traje cortado a su medida. Del sueño de protagonizar una película basada en "El sueño de los héroes" pasó al de dirigirla, dándole el protagónico a Oscar Martínez. Después imaginó el libro de Bioy convertido en ópera. Más tarde, volvió al territorio del cine y, para entonces, Oscar Martínez ya habla superado a Gauna en edad.
Pero allí estaba Germán Palacios, dispuesto a convertirse e ese muchacho porteño que al cabo de tres días de juerga, durante el carnaval de 1927, sospecha que ha vivido algo esencial que no logra recordar.
Sabe que lo acompañaba entonces su grupo de amigos (interpretados en el film por Fabián Vena Damián de Santo, Juan Machad y Diego Peretti) y el mil veces cruel doctor Valerga (Lito Cruz) al que la barra admira por el único mérito de su coraje. Enamorado de Clara (Soledad Villamil), hija del brujo Taboada (Fernando Fernán Gómez), el bueno de Gauna vive acosado por ese recuerdo inasible pero definitivamente clave. En 1930 se decide a revivir aquel pasado de borrachera y descontrol, para encontrarse con la fatalidad de su propio destino.
La pesadilla quedo atrás
Entre la filmación de "El sueño de los héroes" y el estreno, que tendrá lugar el próximo jueves, Sergio Renán transitó la pesadilla de una pancreatitis que lo mantuvo siete meses en terapia intensiva y dos en estado de coma. Ni más ni menos que jugarretas de una muerte impotente a la que la torpeza hizo caer en un error de cálculo a todas luces evidente: en la agenda de un director a punto de estrenar y acosado por nuevas historias que le exigen ser contadas, no había lugar para esa cita desdichada. A golpe de vitalidad, Renán la hizo entrar en razones y ella emprendió la obligatoria retirada.
Hoy es tiempo de celebración:esta noche se realizará la avant-premiére de "El sueño de los héroes". Renán imagina una entrada triunfal: "Del brazo de Bioy, los dos apoyados en nuestros respectivos bastones", dice. El escritor se suma a ese deseo, pero no se atreve a dar la última palabra. En las últimas semanas ha tenido algunas complicaciones de salud que le impiden asumir compromisos anticipados. Así fue, sin ir más lejos, con las llamadas telefónicas de ida y vuelta, para concretar esta entrevista con La Nación .
Lo cierto es que, llegado el momento, la voluntad de Bioy se impone sobre las quejas de su cuerpo, y allí está, en el dormitorio de su casa en el barrio de la Recoleta, bien dispuesto al diálogo. Pensado de antemano, el encuentro con Renán y Bioy invitaba a la solemnidad. Lejos de eso, sucede con la naturalidad de una visita de sábado por la tarde.
Renán confiesa que el juicio del autor de "El sueño de los héroes" respecto de la película le importaba mucho. "Eso tiene que ver con la admiración y con el afecto -dice-, porque creo que cuando un director filma una película basada en una obra literaria y a él le gusta lo que hizo, no le debe importar demasiado el punto de vista del autor de la obra original".
Bioy: -Es muy bueno para mí que me guste la película que vos hiciste. Yo tenía mucho miedo, pero sentí un gran alivio después de haberla visto. La película es buenísima. Has elegido muy buenos actores. Hubo veces en que algunos actores argentinos me han molestado, pero en esta película me parece que están todos impecables.
Renán: -A diferencia de lo que sucedió con otras de mis películas basadas en obras literarias, en "El sueño de los héroes" he conservado el hilo argumental y muchas de las situaciones que estaban planteadas en la novela. En otros casos he inventado mucho más. Desde el punto de vista del relato traducible en términos de imagen y sonido, el material era riquísimo. Puse mucho cuidado en el lenguaje de los distintos personajes. El de Gauna y el de sus amigos tenía que ser más bien cotidiano, propio de personas más o menos corrientes. El de Taboada y el de Valerga, en cambio, es prácticamente lo que vos escribiste. Ese manejo del idioma era una fiesta.
Bioy: -Te agradezco.
Renán: -No lo digo gratuitamente. Muchas veces hay textos literarios que son bellos en sí mismos pero poco trasladables en cuanto a la posibilidad de ser dichos con verdad y con los sentimientos que les dan origen.
Bioy: -De eso estoy absolutamente seguro.
-¿Cómo imagina a los personajes de la novela ahora que los ha visto encarnados por los actores?
Bioy: -Recientemente, al releer "El sueño de los héroes" me sorprendí a mí mismo imaginándolos como los personajes de la película. Fue inesperado para mí. En un momento pensé: ¿qué es esto? Y bueno, me rendí.
-Alguna vez dijo que lo fascinaba el mundo de farra y de champagne que transitaban esos personajes.¿Cómo era esa sensación?
Bioy: -Era la fascinación del chico por el mundo de los grandes. Yo sentía que todavía no me había recibido de grande. Ese mundo me atraía, pero me daba la impresión de que estaba fuera de mi alcance.
-Cuando lo alcanzó, ¿era tan maravilloso como lo había imaginado?
Bioy: -No, era menos maravilloso.
Renán: -Suele ser así. Una de las cosas que me fascinan de esta novela es el tratamiento que, desde la mirada de un intelectual aristocrático, hay acerca de un mundo de barrio, acerca de un grupo de personajes aparentemente arquetípicos del estilo porteño. La distancia social y cultural produce un resultado absolutamente maravilloso. No es una reproducción fotográfica de códigos o idiomas populares. Todo pasa por la mirada de un escritor de esa figura.
-¿Comparte la idea del personaje de Taboada en cuanto a que "hay que cuidar los recuerdos porque son la vida de cada uno?
Bioy: -Los recuerdos son nuestra vida. A veces la vida parece muy pobre, porque uno se ha olvidado de un sector de ella. Pero, en lo personal, creo que mis recuerdos son mi vida.
-¿Cómo logra el equilibrio entre el presente y la memoria?
Bioy: -No tengo idea... Cada día vivo pensando en lo que estoy haciendo y no en lo que eso va a significar en mi memoria. Y después se vuelve mágico o desaparece...
Renán: -Seguro, porque la memoria es selectiva. De todo lo que uno vive sólo quedan los recuerdos de situaciones, personas, olores o colores perdurables, de los que van a quedarse para siempre con uno. Yo tuve una experiencia -no en mi última enfermedad, sino una vez que estuve a punto de ahogarme- en la que me ocurrió lo que tantas veces leí respecto de las imágenes que aparecen segundos antes de morir. Eso que había leído lo comprobé. En cierto momento apareció, a una enorme velocidad, una cantidad de recuerdos como una suerte de flash-backs de mi vida con un cierto orden cronológicos. Entre esos recuerdos, que sin duda eran los más importantes, aparecieron algunos que yo tenía registrados y otros que no. Pero está claro que de la propia historia uno recuerda lo más trascendente para la propia sensibilidad.
-¿Lo trascendente es lo que a uno lo ha hecho feliz?
Bioy: -No sólo eso. También hay trascendencia en aquello que a uno lo ha entristecido mucho o lo ha asustado.
-Gauna no logra escapar a su destino. ¿Es ese su modo de ver la vida?
Bioy: -Es mi modo de ver la vida para Gauna. Yo siento que ese personaje tiene que sufrir esas cosas y pasarlas...
-¿No le dieron ganas de salvarlo?
Bioy: -Y... somos crueles cuando escribimos. No tenemos ningún inconveniente en torcerles el cuello a nuestros héroes porque, además, hay que decirlo: no estamos enamorados de los personajes, sabemos cómo los vamos haciendo... Cuando cobran vida y todo, estamos muy contentos con eso, pero menos engañados que otros lectores.
-¿Conoce desde el principio el destino de los personajes?
Bioy: -Más o menos sí, y hasta se me ocurre inventarlos para que tengan ese destino. No creo que a un personaje de uno puedan pasarle muchas cosas inesperadas. Suponer que a un personaje puedan sucederle demasiadas cosas inesperadas para el autor sería creer que la creación literaria se parece en exceso a la vida. Y no es así. Se trata de contar una historia.
Renán: -Recuerdo el desconcierto absoluto de Bioy cuando le propuse el proyecto. Era un desconcierto total, hasta que finalmente -con la dificultad que su delicadeza hacía inevitable- me dijo: "¿Sabés lo que pasa? A mí no me gusta la ópera. Si yo la voy a ver y escucho mi historia cantada en verso, me va a dar risa".
Bioy: -Con qué iniciación difícil se dio nuestra amistad, ¿no?
-¿No eran amigos hasta ese momento?
Bioy: -No, y él llegó un día a casa con la idea de la ópera y me escandalizó.
Renán: -Fue muy divertido, pero de todas maneras espero que la ópera se haga, que se estrene y que te provoque placer.
Bioy: -Seguro, ahora estoy seguro de que va a ser así. Será la única ópera que me guste. Pero no porque cuente mi historia, sino porque la va a hacer él y tengo mucha fe en lo que hace.
-Renán, ¿no siente que su trabajo con "El sueño de los héroes" ha finalizado con la realización del film?
-No, son tan diferentes los códigos que no siento terminada mi relación con la historia. Siento que es una potencial maravillosa ópera. En el cine proveniente de la literatura hay algo de casi imposible traslación: los pensamientos de los personajes. En la ópera hay un espacio -el aria- donde los personajes pueden expresar no sólo sentimientos sino también pensamientos. La posibilidad de maravillosas arias y el mundo riquísimo del carnaval, en un espacio escénico como el del Colón, entiendo que puede ser formidable y bellísimo.
Las mujeres y los amigos
-Bioy, usted dijo que se había enamorado del personaje de Clara mientras lo escribía...
Renán: -Yo también; la amé absolutamente. Por eso le dije a Soledad Villamil: "Quiero que todos los hombres que vean la película se enamoren de vos". Después hice una pausa y agregué: "Es una orden".Yo la amé absolutamente.
Bioy: -Voy a contarles una cosa absurda sobre eso. Una amiga mía, inteligente y escritora, me dijo que las mujeres en mis relatos eran simplemente nombres, salvo Clara, que era un hombre. Espero que no sea así...
Renán: -No es así. Clara es de una femineidad absoluta.
Bioy: -A mí también me parece que es así, pero confieso que después del comentario de mi amiga quedé medio grogui. Quiero creer que es un error... quiero creer que ella es visible como mujer.
Renán: -Lo es, lo es. Además es una figura para enamorarse, porque no es lineal, tiene magia, misterio, una zona de difícil penetración. Es una transgresora para su época. No cualquier chica integraba entonces un grupo filodramático ni salía con otro muchacho teniendo un novio. Bioy: -Bueno, a mí me dolían como a Gauna esas cosas que ella hacía.
-En "El sueño..." se dice:"Usted vive tranquilo con los amigos hasta que aparece la mujer, el gran intruso, que se lleva todo por delante". ¿Eso se da así en la vida?
Bioy: -Por la experiencia vivida, sé que eso es un poco lo que pasa. No quiero decir que lo que da la mujer no sea muchísimo más valioso que la relación con los amigos, pero junto con la mujer de la que uno se enamora aparece la vida con angustia y ansiedades. Sobre todo si ella es un ser independiente como era Clara.
-¿Enamorarse implica hacer sufrir a los amigos?
Bioy: -¿Cómo no van a sufrir? La preferencia por la persona de quien uno se ha enamorado es tan evidente que los otros se dejan olvidados.
Renán: -En el culto a la amistad viril de los códigos porteños, la aparición de la mujer en la vida de un hombre es un hecho conflictivo.
-¿La amistad entre hombres no llega a comprender ese sentimiento?
Bioy: -Puede comprender y hasta puede perdonarlo, pero perdonarlo quiere decir que el otro ha hecho casi una transgresión .
-¿Con sus amigos era así?
-No sé si era así o si era incipientemente así, y con eso me bastó para que en mi libro fuera más así. Mis amigos no me lo hacían sentir, pero frente a mi enamoramiento quedaban en un segundo plano, un poco entristecidos.
La valentía desde el dolor
-En "El sueño...", la valentía es casi una obsesión para los personajes. ¿Cómo ven ustedes esa calidad humana?
Renán: -Los hombres tenemos una inducción social muy poderosa con respecto a vivir la valentía como un valor moral. Luego comprendemos que hay que aplicarla a lo que uno va entendiendo que vale la pena. De lo contrario, la valentía se convierte en violencia gratuita. Los héroes tienen una valentía un tanto más indeterminada, por la cual el grado de exposición de la propia vida es más la consecuencia de un sentimiento poderoso que el fruto de una reflexión. La admiración de los muchachos por Valerga está determinada por el coraje.
-Por el coraje para lo que fuera, sin importar mucho a qué se aplica...
Renán: -Yo no podría admirar el coraje en sí mismo, pero pienso que muchos hombres sí. También hay mujeres capaces de esa admiración del coraje indiscriminado.
Bioy: -En los chicos el coraje es ciertamente importante. Un chico que es cobarde es un desdichado. Yo lo viví claramente cuando de chico jugaba al fútbol y practicaba deportes en el club KDT: el cobarde era una víctima de los otros.
-¿Usted era valiente?
-No sé si era valiente, pero hacía creer que lo era. Renán: -Además, está la desdicha histórica respecto de la vinculación de cobardía con condición femenina, porque el apelativo que se le da al cobarde es maricón, marica, que es como decir mujer. Es un gran malentendido, porque hay mujeres de una valentía mucho mayor que la de cualquier hombre.
Bioy: -Yo creo que la valentía es incluso más frecuente en las mujeres que en los hombres.
Renán: -Seguro, el hombre tiene una violencia intrínseca más poderosa que se expresa en todas las brutalidades que leemos en los diarios. Pero valentía es otra cosa, y las mujeres tienen un espacio fenomenal para ella.
Bioy: -No podría citarle casos, pero sé que a lo largo de mi vida muchas veces he admirado la valentía de una mujer... Me ha parecido algo superior.
-Usted contó alguna vez que su madre le había enseñado a sobreponerse al dolor...
Renán: -Sobreponerse al dolor... Eso sí es valentía. Bioy: -Sí, mi madre era una persona estoica. Recuerdo una fiesta en Vicente Casares. Ella era la persona que recibía a la gente. Se pasó el día entero recibiendo invitados. Cuando se fue el último, nos mostró su mano: la tenía negra;se había quemado con un enchufe. Nadie lo supo hasta que terminó la reunión. Recién entonces lo dijo, nosotros nos ocupamos y llamamos a un médico de Cañuelas.
Renán: -Las injustas condiciones históricas que han existido para las mujeres hicieron que en determinadas épocas para ellas fumar o vestirse con ciertas ropas fuera un acto de valentía. Algo de eso sucede con Clara, que me hace imaginarla como una muchacha valiente.
Bioy: -Esto me recuerda a una de mis tías. Alguna vez pensé de ella: "ºQué valiente!". Estábamos en Vicente Casares. Mi abuela decía que mi tía no iba a poder montar el caballo que pensaban darle para salir al día siguente. A la mañana mi tía entró con ese mismo caballo en la sala de la casa, de piso de caoba, para escándalo de mi abuela.
Renán: -Mujer valiente si las hubo...
-Bioy, ¿qué sensación le produjo ver a Valerga encarnado por Lito Cruz?
Bioy: -Me pareció que estaba muy bien elegido para hacer ese personaje. Y lo digo con la experiencia de haber entrevisto a más de un Valerga a lo largo de mi vida. Yo tenía por ellos una admiración infantil unida a la conciencia de sus limitaciones que los hacía odiosos.
Renán: -Creo que, precisamente, lo maravilloso del trabajo de Lito Cruz es la ambigŸedad de sus mensajes. Un personaje que en muchos sentidos es tan despreciable, tiene que tener alguna posibilidad de fascinar porque allí se justifica el sentimiento de seducción con la que opera sobre su grupo de jóvenes amigos.
-Gauna ha perdido algo e intenta recuperarlo...
Bioy: -Yo entendía al personaje en ese sentimiento. Yo también había perdido algo que no sabía bien qué era, pero tenía la esperanza de la revelación que un día me permitiría recuperarlo. Eso es algo que he sentido con bastante fuerza en mi vida.
-Era inevitable que el carnaval del ´30 no iba a ser como el del ´27, y sin embargo Gauna intenta revivirlo...
Bioy: -El no tiene otro recurso que tratar de que las cosas sean iguales. Emprender ese camino, que se puede suponer destinado al fracaso, hace que su coraje sea más grande. Siento afecto hacia el personaje de Gauna.
Renán: -Ese personaje tiene un desenlace glorioso. Cuando percibe que llegó la hora, lo enfrenta con una infinita alegría y serenidad. El se comporta como un valiente, como un héroe.
-Bioy, usted suele referirse a su compromiso con la verdad...
-Naturalmente. Lo que me parece imperdonable es faltar a la verdad.
-¿Cuál es la verdad de la ficción?
-Nunca opinar sobre algo que a uno le parece falso. Si el personaje está diciendo lo que piensa el autor, no puede mentir.
-Renán, ¿cómo juega la verdad en el cine?
-Como en cualquier hecho artístico, hay una proyección de la propia identidad. Entonces todo depende de cuánto valor le asignes a la verdad en tu propia identidad, para plantear cuánto te importa la verdad de lo que transmitís. Uno de los grandes méritos de "El sueño de los héroes" es que los personajes tienen una apariencia de verdad que esconde una extraordinaria ambigŸedad en su mensaje. Uno cree estar frente a determinada persona, pero percibe oscuramente que no lo está. El lector y el espectador tienen la última certeza de que aquello que están viendo no es toda la verdad .





