El teatro se asoma a la televisión
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El teatro desembarcó en la televisión a partir de dos señales culturales, Bravo y á, que dedican parte de su programación a emitir, en forma sistemática, ciclos con obras de reciente estreno en cartelera porteña.
El fenómeno trae aparejadas discusiones varias: cuánto se pierde de una puesta en su paso a la TV, cómo debe grabarse una obra y si el producto resultante es lo suficientemente atractivo como para ganar audiencia. ¿La gente se habituará a ver teatro por televisión y dejará de lado el ritual de llegar a la sala? ¿Cuál es el negocio de los canales y cuánto de este dinero llega a los creadores?
Las preguntas se suceden ante un hecho poco habitual en nuestra televisión, pero de arraigada tradición en Europa y en Estados Unidos, donde existe una señal dedicada íntegramente a emitir obras de teatro.
Todo nació con la ópera
Según coinciden Mario Pinto, reponsable del canal Bravo, que emite VCC, y Claudio Bevilacqua, director de á, que emite Cablevisión, la idea de grabar obras teatrales nació a partir de la buena repercusión que la transmisión de óperas tuvo en el público.
"Nos dimos cuenta de que algunas óperas eran más televisivas que otras. Una de las que mejor dio fue "La flauta mágica", de Mozart, porque tenía una puesta brillante, con trajes muy claros", explica Bevilacqua.
Pinto, en cambio, hace hincapié en las dificultades para poder emitir una obra por el tema de los derechos de autor. "Los norteamericanos ceden los derechos a la TV por muchísima plata. Y en algunos casos, como Woody Allen, por nada, así que no podemos tener "Humores que matan". En otros casos, como la obra de Callas, no se puede porque adquirieron los derechos para hacer la película", explica.
Al llevar el teatro a la televisión, el objetivo es que pueda acceder a las obras la gente que no reside en la Capital. Sus promotores no creen que sea un aliciente para que los habitués del teatro abandonen su paso por la sala. Pero esta iniciativa también tiene objeciones. Directores teatrales, como Ricardo Bartís y Daniel Veronese, consultados por La Nacion, coincidieron en señalar lo aburrido que es llevar una obra a la pantalla.
Una nueva pantalla para que se abra el telón
"La repercusión del ciclo es buena, incluso para los teatros, porque empezamos a hacer convenios en los cuales los abonados de VCC iban con descuento al teatro, y sólo cuando bajaban las obras las emitíamos. Era un negocio bastante simbiótico, porque a ellos les aumentaba la recaudación por espectadores y nosotros aumentábamos el valor relativo de una obra. Eso pasó con "Arlequino": fue tal el éxito que todavía no lo pudimos pasar", ejemplifica Pinto.
Pero no todos creen que las perspectivas de este proyecto sean muy auspiciosas. En la vereda de los directores teatrales, Daniel Veronese, dramaturgo y líder de la agrupación El Periférico de Objetos, vendió "Máquina Hamlet", de Heiner Muller, y "Circonegro", de su autoría, al ciclo de Bravo. Aunque no quiere dar cifras, señala que "no fue un gran negocio".
"Nos pagaron lo mismo que si hubiéramos hecho dos o tres funciones en Europa", compara, y por lo tanto no considera que la puesta pueda solventar una parte importante de los gastos de una obra. "Y eso que nosotros podemos elegir, nuestra trayectoria nos permite decir no si lo que ofrecen es demasiado poco", cuenta Veronese.
El actor y director Ricardo Bartís , por su parte, sostiene que los cachets son bajos (entre seis mil y diez mil pesos) y que le parece un recurso para "los elencos que no tienen una estructura oficial y quieren recuperar algo de lo invertido en el espectáculo".
Canjes publicitarios
La señal á no ofrece dinero por el producto que graba y emite. Lo que propone es un canje publicitario. "Nosotros no les pagamos ni al Teatro San Martin ni a las compañías independientes. Lo que hacemos es apoyar publicitariamente la obra, para que aumente el público que va al teatro. La publicidad a veces representa el treinta por ciento del presupuesto de una obra, y gracias a que pertenecemos a un multimedios nosotros ofrecemos difusión en los canales, las cuatro radios, el diario y la revista. Eso lleva espectadores, con lo que creo que todos nos beneficiamos", dice Bevilacqua.
En cada contrato también se discute por cuánto tiempo se ceden los derechos de emisión. Bravo tiene derecho a cuatro "pasadas", y un año de exclusividad. En Canal á se tiene en cuenta si las compañías piensan reponer las obras o a qué acuerdo llegaron cuando compraron los derechos en el exterior.
Identidad difusa
"Creo que el teatro en TV o en video es aburrido, no suelo verlo, si lo hago es por necesidad profesional, no por diversión", explica Daniel Veronese. "Reconozco que hay algunas obras que son más televisables que otras. Las nuestras fueron filmadas con cuatro cámaras, y aunque el director no las conocía, estoy conforme con lo que se hizo. Yo no vería teatro por TV, y si lo hago es porque cuando no viajamos nos perdemos puestas impresionantes. Esos videos son material de culto que pasa de mano en mano. Cuando emitieron "Circonegro" vi una parte, pero me parece que había algo del espíritu que se perdía", explica el director.
Su colega Bartís , en coincidencia, cree que "el fenómeno teatral se desnaturaliza totalmente cuando es filmado. No sé bien qué es, pero no es teatro, donde la participación y la presencia viva del actor es fundamental; tampoco es cine, entonces es un híbrido espantoso".
Pinto no comparte el concepto sobre el aburrimiento. "Hay muchos prejuicios acerca de lo que es divertido o aburrido por tevé. No hay nada como ver el teatro en el teatro y el cine en el cine. Creo que hay una pérdida del aura, de la mística, una pérdida sensorial, en el teatro o en cualquier otra manifestación que no sea hecha para televisión. Pero no me parece que esto sirva para invalidar la propuesta", señala el responsable de Bravo.
El caso de De la Guarda
En el ciclo "En concierto", que presenta Gustavo Lutteral por una tercera señal de cable, I-Sat, se emitió el espectáculo que De la Guarda realizó en Buenos Aires.
Sergio Diadizio, productor del programa, explica que fue el propio grupo De la Guarda el que produjo el material que emitieron.
"Nos pareció una buena propuesta que abarca todo lo visual: la puesta, escenografía, el show musical. Nosotros mandamos al aire un material que ellos ya tenían, que hicieron con su gente, con lo cual tiene mayor validez, porque el lenguaje que ellos aportan a través del video tiene mucho que ver con la propuesta.
El video esta pensado con lo que ellos quieren transmitir, con la participación del público. Tiene una carga emotiva muy fuerte, y transmitir eso es muy difícil", puntualizó el productor.
Futurología
Mario Pinto, irónicamente, juega a imaginar un futuro apocalíptico, fruto del camino iniciado con la televisación de las obras.
"Hay muchos propietarios de salas de la avenida Corrientes que imaginan que, en unos años, la calle y los teatros estarán vacíos. No creo en ese poder tan absoluto de la TV de fomentar o matar un hábito. Queremos fomentar el teatro, es más negocio que siga funcionando, tenemos la idea de coproducir obras. Supongamos que en un momento la gente se aficiona tanto a ver teatro por televisión que no va más a la calle Corrientes: van a dejar de existir, entonces vamos a tener que hacer puestas para la televisión, estaríamos haciendo televisión en el ámbito teatral, y eso no nos conviene a nosotros tampoco."
Nada hace suponer que la televisación de obras pueda reemplazar el ritual de ir al teatro. Que algunas señales de cable se ocupen de difundir obras habla de la notable segmentación que ya existe en el mundo de la televisión por cable, donde puede convivir una ilimitada cantidad de propuestas que tratan de satisfacer los gustos de todos.
También, a juzgar por las escasas mediciones de audiencia que se encuentran disponebles, la innegable atracción que el teatro tiene en la gente. Aunque se encuentre con él mirando televisión y no en una sala.
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