El testamento fílmico de Orson Welles

The Other Side of the Wind se estrenaría para el centenario del cineasta
Doreen Carvajal
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2 de noviembre de 2014  

PARÍS (The New York Times).- Productores, financistas y soñadores han estado obsesionados durante más de 40 años con la posibilidad de estrenar The Other Side of the Wind, la última película de Orson Welles. Los especialistas no dudan en calificarla como la película inédita más famosa de la historia del cine, una obra épica con el sello de uno de los grandes creadores del séptimo arte.

Una interminable batalla legal entre los herederos de Welles mantiene los 1083 rollos de negativos existentes encerrados en un depósito en un áspero suburbio de París a pesar de incontables esfuerzos por terminar la película, un film dentro de un film -rodado en blanco y negro en 35, 16 y Súper 8 milímetros- sobre el intento de volver al candelero de un director de cine combativo y entrado en años, que interpreta John Huston.

La odisea quizá haya terminado. Royal Road Entertainment, una distribuidora de Los Angeles, anunció la semana última que llegó a un acuerdo con las distintas partes en disputa (incluyendo la hija de Orson Welles) para comprar los derechos de la película. La compañía presentará el proyecto en el American Film Market que se realizará en pocas semanas en Santa Monica, California, y busca estrenar el film en las salas norteamericanas el próximo 6 de mayo, día en el que Welles hubiera cumplido un siglo.

Es la última vuelta de tuerca de una aventura tan cinematográfica como la que narra el guión (supuestamente inspirado en una pelea que el joven Welles tuvo con Ernest Hemingway, en 1937), que incluye egos desbocados, innumerables cartas documento, la desaparición de una copia de trabajo de la película y hasta el secuestro y reaparición súbita de los negativos tras la quiebra del depósito que los albergaba.

"Es como encontrar la Tierra de Oz o una tumba faraónica -explica Josh Karp, autor de un libro sobre The Other Side of the Wind que será publicado el año próximo-. Esta película es el arte imitando a la vida y la vida imitando al arte. Se ha vuelto casi un mito debido a todas las oportunidades perdidas de terminarla y los grandes nombres involucrados en el proyecto."

A Royal Road le llevó cinco años cerrar el acuerdo para adquirir los derechos del film de Welles a sus herederos: Oja Kodar, pareja y frecuente colaboradora del director; Beatrice Welles, la hija del cineasta, y L'Astrophore, una productora francoiraní.

Welles trabajó obsesivamente en la película durante quince años hasta su muerte, en 1985. En The Other Side of the Wind, un temperamental cineasta wellesiano batalla contra el establishment hollywoodense para terminar su película. El elenco incluye a Susan Strasberg, Lili Palmer, Dennis Hopper y Peter Bogdanovich, que interpretaba en la ficción a alguien muy cercano a su realidad: un director joven y promisorio.

Welles pagó por la película actuando en distintos papeles en televisión y convenciendo a distintos inversores de apostar a ella. Uno de ellos fue Mehdi Bushehri, hermano político del sha de Irán y socio en Astrophore. Más tarde, Bushehri discutiría con el artista por el creciente presupuesto de The Other Side of The Wind. La pelea terminó cuando el financista se apoderó de los negativos en Francia, razón por la que aún siguen siendo preservados en ese país.

El director de El ciudadano dejó una copia de trabajo de 45 minutos de duración con un montaje definitivo. De algún modo logró sacarla de París en una camioneta en 1975 y enviarla a California. Kodar dice tenerla en su casa de Primosten, en la costa del Adriático, donde vive hoy. "Voy a firmar el contrato -afirma telefónicamente desde Croacia-. El catalizador es el centenario de Welles. Todo se está moviendo como una ola que crece. Cuando vea la película en la pantalla diré que está terminada."

No faltaron los intentos de terminar la película en estas cuatro décadas. Peter Bogdanovich, la cadena de cable Showtime y hasta el último director de fotografía del film, Gary Graver, intentaron darle forma final y fracasaron, sobre todo porque no lograron imponer su visión artística a los herederos, cada uno con ideas distintas de cómo debería ser terminada. Las leyes francesas dan total control de los negativos del proyecto a Beatrice Welles, su única descendiente directa. Welles ha bloqueado hasta ahora cualquier posibilidad de que sean retirados del depósito.

"Es difícil explicar por qué parece estar por resolverse después de tantos años -explica el cineasta Frank Marshall, por entonces supervisor de producción-. Quizá sea el hecho de que cuantos más años pasan, queda cada vez menos gente capaz de recordar cómo quería Orson que se hicieran las cosas. Sabemos que es la última oportunidad." En 2012, Marshall unió fuerzas con Filip Jan Rymsza, de Royal Road, para iniciar negociaciones con Beatrice Welles en Sedona, Arizona, y con Kodar, que también actúa en el film. "Juntos encontraron una forma de convencerlas. Es un esfuerzo increíble. No imaginan la cantidad de veces que el acuerdo se frustró porque alguien metió la pata en el último minuto", explica Karp.

Beatrice Welles afirma que la visita de los cineastas marcó el acuerdo. "Querían hablar conmigo y no con outsiders. Hasta el momento, la película está guardada bajo siete llaves. He tenido la suerte de haber podido protegerla. Me convencieron por su amor al cine", explica.

Tras la firma del acuerdo, el siguiente paso será trasladar los negativos a Los Angeles, donde distintos artistas que trabajaron en el rodaje en la película intentarán plasmar la visión del director. "Armaremos una isla de montaje y Peter Bogdanovich y yo editaremos la película. Tenemos las anotaciones detalladas de Orson. Hay escenas que no fueron editadas y otras que necesitan música. La vamos a terminar. Gracias a la tecnología disponible, no nos va a llevar años", explica Marshall.

Bogdanovich, por su parte, está listo para cumplir la promesa que le hizo a Welles en los años 70. "Un día, mientras almorzábamos, me dijo intempestivamente: «Quiero que me prometas que vas a terminar la película si me pasa algo». Me tomó de sorpreso, por lo que lo único que atiné a responderle fue: «No te va a pasar nada»."

El mayor desafío es seguir el estilo único de Welles. "Antes de que le quitaran el control de la película lo vi crear en la isla de edición secuencias extremadamente complejas. No sé si podemos retomar ese tipo de montaje, porque es muy fragmentario y personal -dice Bogdanovich-. Haremos todo lo humanamente posible, usando el guión, sus anotaciones y lo que nos ha dejado."

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