
El trompetista más tanguero
Un CD rescata el encuentro entre Dizzy Gillespie y la orquesta de Osvaldo Fresedo.
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Ahora se llama crossover (cruce de géneros musicales). Hace cuatro décadas, "una curiosidad".
Buenos Aires fue, en 1956, el punto de un fugaz encuentro entre un grande del tango y otro del jazz que, hasta ahora, había quedado en el olvido.
En la famosa boite Rendez Vous, un extravagante trompetista negro, vestido de gaucho y al que se le hinchaban los cachetes a la hora de soplar su instrumento, era el insólito solista de la orquesta típica de Osvaldo Fresedo.
Era nada menos que Dizzy Gillespie, uno de los padres del be bop, que había llegado por primera vez a la Argentina con su propia orquesta y se presentaba en el teatro Casino. Estuvo alrededor de una semana y contaba entre sus integrantes con algunos jóvenes que luego darían mucho que hablar, por ejemplo, el trompetista y ya arreglador Quincy Jones. Toda una curiosidad para la época, una mujer lideraba la fila de trombones. Era Melba Lisbon que sorprendía a los porteños por su notable virtuosismo y su juventud: tenía 23 años. En la fila de saxos tampoco se quedaban atrás, ya que participaban Phil Woods y Billy Mitchell Como el teatro Casino, ubicado en Maipú casi Sarmiento, funcionaba de día como cine, la orquesta ensayaba en Radio El Mundo. Y durante su tiempo libre, el trompetista recorría las calles de la ciudad -siempre con la ropa autóctona de las pampas- cuando se topó con el inconfundible sonido de la orquesta de Osvaldo Fresedo. Gillespie se entusiasmó con lo que escuchó y arregló para, al día siguiente, tocar algunos tangos y, además, grabarlos.
Cuarenta y dos años después, aquella legendaria reunión salió de esa caja de Pandora que es la colección de Oscar del Priore y se transformó en el segundo disco de la serie que edita Acqua Records. "Rendez Vous porteño" continúa la Colección Del Priore, que ya rescató al compositor y bandoneonista Eduardo Rovira y a su disco "Sónico".
Este documento histórico incluye los cuatro tangos en los que participó Gillespie, más registros de la orquesta de Fresedo, desde la década del treinta hasta la del sesenta.
Gillespie le puso el poco habitual sonido de su trompeta a "Vida mía", de Fresedo; "Adiós muchachos", de Sanders; el "Preludio Nº 3", de Pansera, y "Capricho de amor", de Pérez Prechi.
No se trata de una buena grabación, sino de una casera, producto de un encuentro casual y registrado gracias al grabador Geloso del trompetista norteamericano.
Así y todo, resulta emocionante escuchar a Gillespie, después de que la orquesta presenta los temas de "Vida mía", tocar con delicadeza la melodía principal para luego, casi naturalmente, despegarse de ella y navegar sobre la orquesta típica en un sutil solo jazzero.
Este esquema se repite en los tres tangos restantes con un auténtico sonido de Gillespie aunque, eso sí, un poco desafinado, sobre todo en "Capricho de amor".
Más allá de la curiosidad de esta reunión cumbre, la inclusión de un instrumento tan inusual para el mundo del tango no es algo tan sorprendente si en el medio está "El pibe de la Paternal".
Es que Fresedo si bien cultivó un tradicional estilo bailable también se caracterizó por sus experimentos con instrumentos exóticos para el tango. A diferencia del violinista Julio de Caro, Fresedo -autor de tangos como "El 11", "Pimienta" o "Tango mío"- siempre se mantuvo cerca del espíritu más marcado y a tempo del baile. "Me gusta que al empezar el baile entusiasmar a la gente y sacarla de las sillas", solía decir Fresedo a modo de principio básico.
Dentro de ese contexto, la experimentación de Fresedo se centró en la orquestación. En la búsqueda de colores nuevos para la orquesta típica, incorporó instrumentos que ahora hacen inmediatamente distinguible a su agrupación como el vibráfono, el saxo, el arpa y hasta la batería.
Seguramente, la idea de contar con un trompetista aquella noche lo entusiasmó de nmediato.
Recorrido de cuatro décadas
El resto del CD ofrece, gracias al rescate de viejos discos de pasta, grabaciones tomadas de transmisiones radiales y en vivo, momentos clave de la orquesta de Fresedo, uno de los referentes, junto con Cobián, Delfino y De Caro, de la renovación tanguística del veinte.
Las grabaciones más viejas son de 1931 y 1932, y también incluyen la versión del primer tango de Fresedo, "El espiante".
La calidad de sonido no es muy buena, a pesar del proceso de masterización al que fue sometido. Pero sí permite escuchar el estilo bailable y de articulación seca y corta, característico de Fresedo.
Y también permite apreciar las voces del célebre Agustín Magaldi (en "Tango mío") y las primeras participaciones del cantor Roberto Ray en sus presentaciones en el Tabarís.
Por los aires
Como es su marca distintiva, el libro adjunto que incluye Acqua contiene información detallada de cada una de las grabaciones, textos informativos del propio Del Priore y de Oscar Fresedo, uno de los hijos de Osvaldo.
También se incluyen las fotos de la reunión cumbre entre Fresedo y Gillespie, y en la portada se puede ver a un joven Fresedo en una de sus facetas más exóticas, la de aviador. Tenía 26 años cuando recibió el brevet de piloto con un avión Svar que se compró por ese entonces. "Era bastante aventurero de muchacho -recordaría Fresedo en el final de su vida-. En esa época ya había viajado a Estados Unidos contratado por la Victoria y compartí encuentros con Carlos Gardel y Lepera."
De yapa, el track 20 contiene una entrevista que Del Priore le hizo a Fresedo en 1968. Son diez minutos de una charla en la que Fresedo recuerda la primera vez que vio un bandoneón, en persona.Y cómo se compró el primer bandoneón con la plata que el padre le daba para que cursara "para perito mercantil en la academia Pagano" (a la que nunca fue).
Con voz tranquila, también cuenta los curiosos orígenes de su primer tango , "El espiante": "Escuchando el silbato de los vigilantes que hacían ronda en la madrugada", y uno de sus clásicos: "El once", compuesto especialmente para la edición N¡ 11 del "Baile del internado", organizado por los médicos residentes en los hospitales de la ciudad, muy populares en la década del veinte.
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