El Yarco, el humorista elogiado por Moria que dejó su trabajo de ingeniero en Alemania para subirse a los escenarios
En diálogo con LA NACION, el actor sanjuanino contó cómo se animó a pegar el volantazo: la resistencia de su familia, el bulliyng en la adolescencia y el problema de salud que lo marcó
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Hizo el camino esperado, el “correcto” para muchos: estudió ingeniería en alimentos, se especializó, ganó una beca de estudios en Alemania y consiguió un trabajo estable a tres horas de Frankfurt. Sin embargo, a Mauricio Nozica, más conocido como El Yarco, algo de eso no le cerraba; le faltaba algo. Necesitaba el teatro, ese mismo que lo salvó cuando estaba mal, que le permitía refugiarse en su mundo cuando en la adolescencia sufrió bullying, pero también durante los años que tuvo que ser muy cuidadoso con su salud a raíz de una infección en el corazón que tuvo de bebé y que lo obligó a estar internado en terapia intensiva en el Hospital Garrahan. De todo esto y de su decisión de dar un volantazo en su vida a los 31 años, habló con LA NACION, antes de presentarse mañana, 5 de septiembre, con su show Hasta donde topa en el Chacarerean.
—Tenías una carrera armada como ingeniero en alimentos, pero decidiste hacer un impasse, ¿qué pasó? ¿Cuál fue el clic?
—Ahora tengo 33 años; esto empezó en 2024. Para ese entonces yo ya vivía hacía cinco años en Alemania y un día fui a ver un show de stand up porque necesitaba conectar con lo que hacía antes; hablé con el organizador y me dijo que subiera a probar, que me daba tres minutos. Había ido a ver; no tenía texto ni nada y, cuando subí, tenía todo guardado en mi cabeza. Ahí pensé: “¿Si dejo la ingeniería?” Yo estaba haciendo una maestría. Estoy agradecido porque me llevó a lugares increíbles en la vida y todo es por algo; si me hubiera quedado en San Juan, tal vez no hacía esto y hoy allá soy parte de la escena del stand up local; estoy en ese mundillo.

—¿Hacés shows en alemán?
—Tengo algunos monólogos que pruebo con mis amigos; por ahora estoy en un grupo en español.
—¿Tu familia te apoyó en este cambio?
—Sí, mi mamá me mandó a teatro, pero no como un estilo de vida, sino que me decía que lo mantuviera como un hobby, por el mandato, la situación del país. Siempre era eso de “estudiar para ser alguien” y estudié ingeniería, pero quería hacer teatro. Al principio no estaban muy contentos con mi idea. Desde hace más de dos décadas que tengo a mi padrastro, él es ingeniero y nunca fue a verme al teatro, le cuesta, tiene mi imagen de ingeniero, no de comediante.
—¿Eso duele?
—No, porque es un proceso de ellos; yo el mío ya lo hice. Cuando uno deja una carrera, es un duelo, da miedo y eso te paraliza o te impulsa y yo decidí correrme, porque si no se me iba la vida.
“Hubo situaciones feas”
—¿A qué edad y por qué empezaste a estudiar teatro?
—A los 15, hay una cosa humorística [en mi familia]: mi viejo y mi hermano contando chistes en casa, y me identifiqué con esto. De chico no podía hacer deporte porque estuve mucho tiempo internado en el Garrahan, entonces siempre fui más por lo artístico.
—¿Qué te había pasado?
—Tuve una infección en el corazón, endocarditis en una válvula y estuve en terapia intensiva un par de semanas. Eso fue cuando tenía un año y recién a los 15 me dieron el alta definitiva, antes iba todos los meses al cardiólogo y no podía hacer actividad física.
—¿Cómo lo vivías en la escuela?
—Un poco lo sufría, siempre con parte médico, no hacía educación física nunca y había bullying, era gordito. Hubo situaciones feas, pero gracias a Dios uno crece. Mi mamá me mantenía alzado todo el tiempo después de la internación, no me dejaba caminar y era por miedo a que corra, no quería que me agite. Todo eso me marcó bastante en mi vida. No era difícil ir a la escuela, pero sí la hora de educación física o ir a la pileta o a la playa; no quería y el teatro en ese punto fue un refugio. Tiene algo mágico; el escenario te empodera y te da algo adentro tuyo que ninguna otra situación te lo da.
Rumbo a Alemania

—Volviendo a tus últimos años, ¿cómo llegaste a Alemania?
—Estudié ingeniería en San Juan e hice un intercambio con México y cuando terminé la carrera, me salió una beca a Alemania. Mientras estuve en la Argentina, tomaba clases de teatro, hacía radio y eventos. Cuando terminé la beca me puse a trabajar allá, lo primero que hice fue en una fábrica de hamburguesas de una cadena conocida, en Suiza, un lugar hermoso, pero era todo muy hostil y estaba muy solo, hasta que encontré trabajo en Biberach, en donde vivo actualmente (a 300 kilómetros de Frankfurt) como creador de alimentos para el futuro: carne de laboratorio y proteínas alternativas.
—¿Seguís trabajando allí o lo dejaste?
—Sigo ligado, ahora estoy de vacaciones sin goce de sueldo y cuando vuelva veremos.
—O sea que este viaje seguro sea revelador...
—Sí, hacer esto es una inversión; soy un privilegiado; si no hubiera trabajado allá con sueldo en euros, capaz no podría hacerlo. Gracias a Dios que me dio estabilidad para invertir en mi carrera a futuro y lo estoy viviendo de una manera muy intensa. Lo que me impulsó fue el miedo de pensar :“¿Y si me muero y no lo hice?”. Tampoco fue fácil, no todos pueden hacerlo, soy un privilegiado y esta decisión viene de planear y poner cabeza.
—Es bastante larga esta gira, ¿quién te quedó en Alemania?
—Estoy en pareja hace cinco años con Lucas; él ya vino muchas veces acá y ahora vamos manejando la distancia; sabe que esto es mi sueño.
—¿Qué va a encontrar la gente en el Chacarerean?
—Ya arrancamos la gira nacional; estuve por primera vez en Rosario, en Córdoba, y es un show atravesado por la idiosincrasia sanjuanina que es de donde vengo y va para todas las latitudes. Es un unipersonal donde además del stand up hago personajes como La Gladys, por ejemplo. Toco temas como la IA, lo esotérico, las citas, muy variado y con muchas aristas.
—¿Cómo es llevarlo a San Juan, a tu tierra?
—Lo hice varias veces y siempre me regalan sold out, van a reírse, hablo de los sanjuaninos con respeto, hago el personaje de La Gladys, porque en cada familia hay una, tiene mucho de mis primas, de la familia del lado de mi mamá.
—¿Y qué lugar ocupan las redes, ya que hoy te sigue gente de la Argentina aunque estás a miles de kilómetros?
—La mayoría de mis seguidores son argentinos y las redes son una ventana increíble; llevan mucho tiempo.
—Incluso Moria Casán vio uno de tus videos virales y se hizo eco...
—Sí, me mandó un audio, es muy generosa, estos días que estoy en Buenos Aires quiero ir al teatro a verla y saludarla, yo no la imito, simplemente salió.
—¿Quiénes son tus referentes en el humor?
—Me gusta el oficial Gordillo (Miguel Martín); es tucumano y creo que mi trabajo es por ese lado; me identifico con él; me gustaría, así como él, ser referente del humor sanjuanino y llevar mi bandera. También Darío Barassi tiene mucha cabeza y rapidez y Laila Roth.
—¿Cómo sigue tu año?
—Estaré en la Argentina hasta fines de octubre. Daré un show en San Juan para cerrar y después vuelvo a Europa y ahí veremos; la idea es poder girar por allá.
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