
Elenco de lujo para Mozart
Representación de la ópera en dos actos "Così fan tutte", ossia "La scuola degli amanti", de Wolfgang Amadeus Mozart y libreto de Lorenzo Da Ponte, en nueva producción escénica. Orquesta Estable del Teatro Colón, con la dirección de Leopold Hager. Régie: Daniel Suárez Marzal; escenografía: Alberto David Negrín; figurinista: Mini Zuccheri; dirección del Coro Estable: Miguel Martínez. Elenco: Dagmar Schellenberger (Fiordiligi); Marie McLaughlin (Dorabella); Mónica Philibert (Despina); Herbert Lippert (Ferrando), Hakan Hagegard (Guglielmo) y barítono Gustavo Gibert (Don Alfonso). Teatro Colón. Nuestro opinión: excelente.
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Con un ajuste al espíritu de la ópera digno del mayor encomio por amalgamar la acción escénica de la obra, la más ligera acaso que Mozart compuso, con una partitura que hace emerger profundos aspectos dramáticos, el elenco de voces que en esta oportunidad representa "Così fan tutte" con la dirección musical de Leopold Hager, alcanza un nivel interpretativo de notoria excelencia.
La ágil pluma de Da Ponte brindó a Mozart, dramaturgo nato, la tercera de sus óperas italianas, -en verdad, un "dramma giocoso"-, tomando ideas y personajes de la rica literatura dramática del siglo XVIII, con una acción rápida y cambiante que llevan al plano de la comedia frívola una trama en muchos aspectos ambivalente y enigmática. Esto ha sido llevado al plano escenográfico por Alberto Negrín con acertado sentido de la movilidad y la funcionalidad espacial, lo cual se vio complementado por el vestuario.
Lejos de constituir una comedia de equívocos con personajes que cambian su identidad en una atmósfera delirante, o de constituir un dramático comentario sobre la fragilidad de los sentimientos humanos, o la combinación de ambos, la mano maestra de Mozart lleva su creación hacia zonas más complejas del alma humana.
La régie de Daniel Suárez Marzal tuvo una lucida sensibilidad por el mundo y los personajes mozartianos; se tradujo en un manejo actoral y un despliegue escénico adecuados a las arias y predicamentos de los personajes femeninos del primer acto, y especialmente en el segundo, cuando la acción dramática y la música de Mozart hacen aflorar los sentimientos de los personajes.
Música y trama
Mozart no se contenta con conferir perfecta inteligibilidad musical al libreto, siguiendo con cruel fidelidad los hilos de la intriga. Su música "crea" los personajes, les da una dimensión, una veracidad y una trascendencia espiritual que su época y las siguientes no entendieron; su belleza ha de ser rescatada y puesta en primer plano para que el oyente de hoy no se detenga en la farsa y pueda compartir la lectura que Mozart hace entre líneas. Hager lo ha logrado, respondiendo a las rápidas transiciones emocionales de los personajes que Mozart plasmó en la partitura, y dando significativa presencia a los recitativos desde el clave, que él mismo ejecutó desde el podio.
La fiel Fiordiligi junto al alegre Guglielmo, y su enamoradiza hermana Dorabella junto al formal Ferrando, constituyen dos parejas de novios cuya complementariedad de caracteres animaron acertadamente en el plano actoral Dagmar Schellenberger y Hakan Hagegard, en el primer caso, y McLaughlin y Lippert, en el segundo. Perfecta en cuanto a composición de su personaje, Schellenberger (Fiordiligi) encarnó el ideal absoluto del amor fiel con un aria ("Come scoglio": Como una roca), con alturas vertiginosas, acentos heroicos y delicadas coloraturas resueltas magistralmente. Tuvo espléndida expresividad melódica y escénica cuando su rígida decisión se derrumba -y con ella un ideal arquetípico mozartiano- en un aria culminante ("Per pietá, ben mio, perdona...").
El de la seducida Dorabella tuvo eficaz traducción en el aria "Smanie implacabili"(Locura implacable) y, especialmente en el segundo acto, donde la soprano puso de manifiesto su fuerza dramática. La elección de Mónica Philibert para el papel de Despina fue acertadísima por su sostenido desempeño vocal, su soltura escénica y una gracia natural en su intencionado desparpajo.
El tenor Lippert animó el aria "Un aura amorosa" con firme emisión y convicente expresividad melódica no obstante algunas notas calantes, aunque fue más lograda su "Tradito schernito". El barítono Hakan Hagegard fue un Guglielmo de significativa presencia y desenvoltura escénica y vocal en toda su labor por su magnífico timbre y su perfecta afinación, teniendo ambos cantantes efectivo desempeño en la alternancia de escenas farsescas y dramáticas. Particularmente logrado fue el sexteto que cierra el primer acto y resultó efectiva la participación del coro.
Gustavo Gibert merece un párrafo aparte por su calidad interpretativa como comediante; su timbre y su expresividad tuvieron la dosis exacta de intencionalidad, culminando con la sentencia del título y la moraleja de la ópera, que deja abierta no obstante la posibilidad de purificación del amor por la comprensión de la fragilidad constitutiva del corazón humano.





