En el rock también se hacen los ratones
Nuestra opinión: Regular
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Recital de los Ratones Paranoicos. Juanse (voz y guitarra), Pablo Memi (bajo y contrabajo), Sarcófago (guitarra), Roy (batería) y Germán Wiedermer (teclados). Microestadio Vélez.
Podría haber sido el último recital de los Ratones Paranoicos, pero no fue así. Juanse, el líder del grupo, había deslizado la posible separación de la banda por la aparición de su disco solista. Las bandas capturaron el mensaje y decidieron copar el estacionamiento cubierto de Vélez.
La lengua clásica de los Stones y el isotipo de los Ratones, designan las remeras, y marcan de qué bando están. La tribu roedora le dedica cánticos ofensivos a las huestes de los Redonditos. Así se entretienen hasta que las luces se apagan. Y el calor empieza a subir. Antes de que el recital comience, el cantante _como buen político_ ensaya una suerte de desmentida oficial: "No nos separamos un c...". Abajo el público stone, que había pedido que el cantante no se vaya, brama de satisfacción.
Los fans, toman la noticia como una muestra de fidelidad de la banda hacia ellos. Los Ratones Paranoicos tampoco les dan mucho tiempo a sus fieles para pensar otra cosa. La banda arranca con "Rock del pedazo". Sigue con "Ceremonia" y desentierra "Sucia estrella" para desatar el delirio. El grupo rockea como en sus comienzos.
En el respiro, surge la pregunta.
¿Por qué el cambio de decisión? ¿Se conmovió el cantante con la cantidad de público o todo fue un golpe publicitario? Después de haber teloneado a los Rolling Stones el grupo se daba por hecho. Habían logrado todo lo que podría haber soñado una banda nacida al influjo de Jagger y Keith Richards: estar junto a los originales, tocar en el mismo escenario que la leyenda y haber sido producidos por el mismísimo Andrew Oldham.
Siguieron otros discos pero no fue lo mismo. Hasta que en un arranque de sinceridad, Juanse especuló con la posibilidad de que éste sería el ultimo concierto de los Ratones. Seguramente lo habrá pensado mejor y todo volvió a los carriles normales. El futuro lo dirá.
Por su lado, la gente se entregó al rock de Juanse y compañía. Intentando rescatar la adrenalina y la estética barrial de tiempos mejores, el grupo convocó a Pappo al escenario. La gente estalló en una larga ovación para el Carpo. Es más, las intransigentes leyes barriales no le pasaron factura por su labor en "Carola Casini". La gente baila con "Colocado voy", "Damas negras" y "El centauro".
Luego caen en una especie de hipnotismo psicodélico, aletargado y aburrido, que se sale de su clásico sonido: rock directo. Para levantar la temperatura, el grupo recurre a la cuota stone. Después Juanse invita a una persona del público a subir al escenario, para que todos se sientan parte de la fiesta. Quieren recuperar la desprolijidad y hasta cierta aventura de lo imprevisible, pero, claro, no son los mismos.
Para el público, el recital tiene final feliz: la desmentida y la aparición de Pappo y de Charly García sobre el escenario, poniéndole con su actitud y su música un poco de rocanrol en serio a este concierto, es demasiado para estos chicos que se van despidiendo de las calles de Liniers con el grito de "oh, vamos los Stones". Paradoja que le dicen.
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