
En París, el teatro en llamas
Marilú Marini estrena "Lluvia de fuego", una pieza inédita de Silvina Ocampo
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PARIS.- Hace años que la actriz argentina Marilú Marini reside en esta ciudad, donde en mucho su carrera (antes, de bailarina) se alió a los pasos de otro argentino, Alfredo Arias, con quien hizo tándem en casi todo lo que este director teatral montó. Cálida, amistosa, solidaria, entusiasta, refinada, bromista, Marilú, a quien el público de Buenos Aires vio por última vez en 1995 en "Niní", que representó en el Maipo, habla del inminente estreno (el 16, en el teatro Bobigny, que dirige, para variar, otro argentino, Ariel Goldemberg) de "Lluvia de fuego", que protagoniza junto a su partenaire favorito, Rodolfo de Souza, su esposo, que, como ya es redundante en esta historia, es argentino.
En la dulce temperatura de una París que está abandonando sus hábitos de verano, en los jardines delPalais Royale, a una cuadra de la casa de la pareja, los recuerdos, el acento y esa toxicomanía propia de los porteños de tomar café nos reúnen. Ella, con gran sombrero de ala ancha; él, semibarbudo y con lentes, fuma incansablemente.
La cuestión no sería tan notable si la pieza fuera una más entre las puestas de la compañía de Arias, el Grupo T.S.E., que tuvo grandes éxitos aquí con "Mortadela", "Familia de artistas" y "Fausto", entre otras. Lo original es que esta obra, inédita, es la única que escribió Silvina Ocampo para teatro. Y esto no cayó así nomás en manos de Marilú: el propio Adolfo Bioy Casares, viudo de la gran escritora, se la dio para que la estrenara.
Digamos que la depositaria es Marilú; mencionemos también que esta obra, traducida al francés por Silvia Baron Supervielle, con dirección de Arias, decorados de Roberto Plate, vestuario de Francoise Tournfond, iluminación de Jacques Rouveyrollis e interpretada, además de Marini (Adelaida) y De Souza (doctor Lobov), por Fanny Marcq (Predefinda), Vincent Minne (Marcelo) y Magali Pinglaut (Hebe), abre la prestigiosa temporada de Bobigny, donde se presentarán en el transcurso del año espectáculos de primerísimo nivel de Robert Wilson, MikhailBaryshnikov, Peter Greenaway, Peter Zadek, Deborah Warner y otros.
_¿Cuál es tu sentimiento respecto de esta pieza?
_Es muy emocionante _dice Marilú_ llevar a escena esta obra inédita, ya que lo que hizo Silvina Ocampo fue una pieza de teatro para niños, "La naranja maravillosa", sobre la base de sus cuentos del mismo nombre. Respecto de "Lluvia de fuego", me la dio Bioy personalmente. La encontró entre los papeles de su mujer y pensó en mí para protagonizarla. Entonces, le hice la propuesta a Arias, y aquí estamos. Creo que Bioy nos la cedió porque supone que no traicionaremos el espíritu poético de Silvina, la fibra de su obra literaria.
_¿Cuál es el meollo de "Lluvia de fuego"?
_Es difícil _dice Rodolfo_ describir la historia, pero el eje es Adelaida, una suerte de Greta Garbo de barrio que mantiene una relación extraña con los hombres, con su marido y también con su mucama, Predefinda, con quien tiene una relación muy fuerte, primordial en la obra. Ella es como un Landrú femenino, aunque sus móviles no sean iguales. Es una devoradora de personas y yo, que personifico al doctor Lobov, soy el encargado de resolver sus dificultades jurídicas. Es un abogado con veleidades poéticas, un soñador, un bohemio y, por supuesto, bastante ineficiente como profesional. Como todos los personajes que pinta Silvina, no son normales, comunes; es gente al margen de la sociedad.
"El nombre _dice Marilú_ de la obra (que se ubica entre 1936 y 1937) proviene del de una planta cuyas flores, de rojo intenso, parecen pequeñas llamas. El drama comienza porque a Adelaida se le muere una de estas plantas: para ella, esto significa un mal presagio. Para mí, la lluvia de fuego es lo que ocurre y subyace en su personalidad. Respecto de las peculiaridades de los personajes, de esa marginalidad que los hace inusuales, son presentadas por la autora en una mezcla de ternura y crueldad."
_¿Cuál es el perfil de los personajes?
_En el diseño existe una malicia ingenua ejercida como un juego, de la forma en que se maneja la perversidad para ver cómo reacciona el otro. Es como una historia policial contada por un poeta: allí está la realidaad fría y, también, hay cosas que se escapan de ella. La metáfora son las relaciones humanas, la afectividad. Son personajes que están presos por su sexualidad y su sensibilidad. Adelaida es una mujer que tiene una sensualidad muy viva: ella desearía ser acariciada por un hombre, pero, al mismo tiempo, su exacerbada sensibilidad le pone barreras y hace que le parezcan groseras las actitudes del interlocutor masculino. Hay una pugna constante entre sentimiento y deseo que da lugar a juegos de seducción y de crueldad. Aunque el humor, refinado y sagaz, está siempre presente, hasta en las situaciones más terribles. Es el aire que se necesita para que las situaciones no caigan en la tragedia.
_Rodolfo ¿cómo fue que concretaste tu carrera en Francia?
(Se ríe, intentando minimizar el tiempo pasado.) _En Buenos Aires cursé la carrera del Conservatorio Municipal Labardén, cuando estaba en la placita Garay, en Constitución. De esto hace veintitantos años. Aquí trabajé con muchos directores franceses (también fue dirigido por Peter Brook), hasta que ocho años atrás me encontré con el Grupo T.S.E., que dirige Alfredo, y me integré a la compañía. Mi primer trabajo con ella fue en "Familia de artistas", pieza de KadoKostzer y Arias, en el papel del abogado. Después, en el Teatro de la Colina, que dirigía nuestro compatriota Jorge Lavelli, estuve en la creación de una pieza de Copi, inédita, "El cachafaz". Y así, muchas otras cosas...
_¿Cuánto hace que están juntos?
_Ya vamos para nueve años. Y las cosas empezaron justamente cuando ingresé en el grupo de Arias, donde estaba Marilú.
_¿Qué tienen en común, aparte de que ambos son argentinos?
_Una actitud hacia el teatro _responde Marilú_ en la que está presente lo artesanal, donde la materia teatral no es un objeto de lucubraciones intelectuales, sino de una suerte de pensamiento corporal. Todo lo que podemos imaginar, soñar y suponer acerca del personaje que estamos haciendo se trasunta en un trabajo diario, cotidiano, como el de un artesano cuando modela una pieza y cada vez la pule, cincela, encuentra vericuetos hasta que arriba a lo deseado.
De la danza al teatro
"Tal vez _continúa_, esta manera de trabajo es más espontánea en él que en mí. En los ensayos, soy mucho más secreta; trabajo más para mí, no sé si por timidez o por egoísmo. Mi gran momento es cuando aparece mi interlocutor, el público: ahí está mi entrega al desnudo. Por supuesto, no puedo restarle importancia al trabajo de "cocina", pero lo máximo lo lanzo en el escenario. Es como en la danza, tan artesanal, corporal, a solas, en silencio, el bailarín probando lo que va, lo que le sienta bien..."
_No es raro que te ocurra esto, ya que tus inicios fueron en la danza. Quizás incorporaste la misma idea que tienen los bailarines del trabajo de ensayo...
_Absolutamente. Mi formación proviene de la danza. Nunca he tomado un curso de teatro. Por eso admiro mucho a Rodolfo, porque él tuvo formación actoral. Yo no tengo una base técnica; todo mi trabajo teatral es intuitivo, de experiencia sobre el terreno y no porque me hayan dado los parámetros. Me lancé al teatro casi por azar. Roberto Villanueva fue la primera persona que me propuso trabajar en este arte. Fue en elInstituto Di Tella, en la obra "Ubú encadenado". Allí "descubrí" la palabra; como bailarina, resultó una revelación poder acceder al público compartiendo la emoción de un texto, de la voz y de lo que decía.
_¿Cómo definís el tipo de espectáculo que hace Arias?
_Desde "Mortadela" (de 1991) hemos hecho obras en las que hay inserción importante de music hall y de la revista. Este es el viraje importante que dio Alfredo. Son espectáculos que él creó a partir de sus recuerdos y de las imágenes que tiene de la antigua revista porteña, de los espectáculos de varieté, de las actuaciones de Fu Manchú. Su visión se integra con lo popular, con aquello que compartían las familias, que iba del barrio al centro para la gran salida. Las puestas de Alfredo tienen mucho contenido afectivo y, a la vez, inspiran reflexión sobre el destino y las vidas de los personajes, pero a través de diversos lenguajes, como el teatro, la música, el canto y la danza. Este estilo se asentó en "Fausto", de Estanislao del Campo, que estrenamos aquí el año último y estuvo en cartel un año. Fue otra gran aventura, porque de alguna manera nos atrevimos a adentrar al público de aquí en la Argentina interior, la de la pampa, la de los personajes costumbristas, pero en la visión de un hombre de hoy.



