
Esa pasión por el cine, en el teatro
Una interesante propuesta que hace foco en los fanáticos del séptimo arte
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Un grupo de jóvenes se reúne periódicamente en un amplio espacio del conurbano para entrenar la capacidad de mirar películas casi ininterrumpidamente. Su objetivo es participar, en Holanda, de un exótico campeonato mundial dedicado a la "contemplación fílmica". El líder del grupo no parece estar en su sano juicio, las relaciones empiezan a resquebrajarse y una serie de insinuaciones amorosas entre los miembros del grupo complica aún más las cosas. Ése es, a grandes rasgos, el particular argumento de Cinefilia, la vivaz y muy entretenida comedia que dirige Aníbal Gulluni y protagonizan Pablo Chao, Luis Alejandro Escaño Manzano, Francesca Giordano, Luna Jankowski, Amelia Repetto, Rubén Sabadini y Guillermo Zeballos todos los viernes, a las 22.30, en La Carpintería (Jean Jaures 858).
La obra nació a partir de un ejercicio que Gulluni propuso en unas clases de actuación que daba justamente en esa sala porteña: "En principio, un actor debía contarle a un compañero una película explica el director. Siempre me fascinó la manera en que las personas se transforman al contar algo, cómo su expresión se transfigura, como están frente a nosotros y a la vez allí donde la historia transcurre. Es el poder ancestral del cuento, de la narración, simple y poderosa herramienta de conexión generacional, de tráfico de afecto, de experiencia. Y después empezamos a ensayar distintas formas de extender la escena de la descripción: generar pausas, olvidos, discusiones sobre las características de la escena recordada. En algún momento fue necesario inscribir ese ejercicio en un marco ficcional más extenso, para que no quedara expuesto el procedimiento".
El elenco de la obra está conformado por ex alumnos del IUNA, donde Gulluni trabaja desde 2008 como ayudante de Bernardo Cappa en su cátedra de Actuación I, y algunos actores que habían participado de otra de sus obras, Víspera de elecciones. También cumple un rol importante Franco Calluso, músico que aparece a un costado de la escena y construye diferentes atmósferas con creatividad y precisión.
Gulluni remarca que sus intereses más definidos como hombre de teatro tienen que ver con "las formas de profundizar la indagación creativa de todo el equipo, de favorecer la relajación, el acceso a lo desconocido y el desapego a ciertas crispaciones que se nos imponemos cuando aparece la especulación. El teatro es una actividad espiritual, de pertenencia, de generación de familias sanas y creativas", remata.
Su relación con la actividad se inició después de una experiencia que lo marcó: "Vi una versión cinematográfica de Enrique V, quedé muy conmovido y la memoricé casi por completo, primero en castellano y luego algunos fragmentos en inglés. Y la recitaba a oscuras, por timidez", revela. En su familia se cultivó un gran gusto por Shakespeare, entonces algo de eso le quedó, el placer que provocan las formas poéticas del decir.
"Otro amor de la niñez y que continúa hoy es el universo ruso, sus actores y sus canciones. Chéjov siempre me fascinó e influenció. La construcción delicada, simple de las situaciones en las que circulan muchas cosas a la vez, con personajes que se exasperan y un soplo existencialista atraviesa la familiar banalidad cotidiana". A su vez, reconoce como referentes a Bernardo Cappa, con quien trabajó en varias obras El aliento, La presa, Los Rocabilis y La verdad, y Ricardo Bartís. "La máquina idiota me resultó arrasadora, conmovedora, compleja y riquísima -describe a la obra de Bartís-. En el último tiempo, me he encontrado con el enorme Ingmar Bergman y creo que no puedo evitar verme subyugado por su sensibilidad. No le temo a este pastiche de influencias ni me desespera la originalidad. Me encanta que todo se mezcle y decidir sobre esa mezcla. Así me ocurre con el imaginario de los actores, con la literatura que leo. Después de todo, Argentina es un país de mezcla, de contradicciones fabulosas y cautivantes".





