
The Open Door
1 minuto de lectura'
Una reina gótica para todos
Hace algunos años, cuando Evanescence se bajó de un micro que venía de Arkansas y vendió siete millones de copias de su álbum debut, Fallen, eran el único Evanescence a la vista. No bien vimos el video de "My Inmortal" supimos que estábamos en presencia de una heroína de la miseria adolescente, con Amy Lee arrastrándose a través de un castillo marmóreo de dolor luciendo un vestido victoriano que podría haber tomado prestado de Stevie Nicks, y una voz que venía de nosotros. Pero hoy en día hay docenas de Evanescences:jóvenes bandas buscando la combinación perfecta de delineador gótico, tono de piel mortuorio y melodrama mórbido alterna-teen. Sin Evanescence, ¿existirían My Chemical Romance o Panic! at the Disco? La bomba gótico-metal de Evanescence logró su impacto gracias a la espiritualidad de Lee, ya que ella tocaba su piano y cantaba sobre los embrujados romances tanto con chicos como con Dios. En el proceso, se convirtió en la chica cristiana zombie-vampira favorita de los norteamericanos. ¿Eso la puso contenta? Si uno escucha The Open Door debería saberlo: Amy Lee está extremadamente triste en cuanto a los chicos, Dios y mucho, mucho más.
En los tres años que pasaron desde Fallen, Lee pasó por un par de importantes cambios en el estilo de vida. Por ejemplo, ahora es conocida como estrella de rock, razón por la cual escribe canciones sobre las presiones de la fama ("Weight of the World") y los fans psicóticos ("Snow White Queen"). Además, se separó del guitarrista Ben Moody, a quien había conocido en un campamento de verano cristiano cuando cantaba una balada de Meat Loaf. Pero en realidad, Lee podría reemplazar a los chicos de la banda en la mitad de una canción y nadie lo notaría. Cuando el dolor se apodera de su encorsetada alma, como sucede en casi todas las canciones de The Open Door, ella multiplica su voz de alma en pena convirtiéndola en un coro. Porque su voz está en la cima, al estilo de sus pares de los 80 como Pat Benatar o Ann Wilson de Heart, lo cual queda perfecto en canciones de ruptura como "Sweet Sacrifice" y "Call Me When You’re Sober".
Pero la grandeza de Lee es su normalidad. Sigue sonando como cualquierchica norteamericana media que anhela ser "Good Enough" [suficientementebuena], pero sufre de una atracción a las dudas magnéticas y destructivas por encima de la media. Una de esas dudas parece ser el propio Señor ("Your Star"), y al menos otra parece ser su ex novio de Seether. "Call Me When You’re Sober" parece ser sobre este último, "Sweet Sacrifice" está claramente dedicada a Moody ("Un día voy a olvidar tu nombre/ Y un dulce día te vas a ahogar en mi dolor perdido"); y "Lithium" es su oda a Kurt Cobain. ¿Cómo hace una chica para coleccionar tantos amores peligrosos? Cada vez que sale de su casa parece meterse en una duda mesiánica que la coloca en la "Cloud 9" [Nube 9] y la hace "Lose Control" [Perder el control] hasta que termina como "Lacrymosa", lloriqueando histérica sobre un piano de cola. Pero si a veces Lee no puede distinguir entre el Espíritu Santo y el chico lindo del banco de al lado, ¿de qué modo eso la hace distinta de cualquier otra chica del secundario? ¿O de vos mismo?
Definitivamente, algo nos dice que las mejores canciones de The Open Door son las más terribles. Ella se identifica con una fan que la persigue en la seriamente perturbada "Snow White Queen". Ella saca a relucir a su Helena interior en el viaje de muerte adolescente llamado "Like You", donde exalta a su hermana muerta: "Quiero estar como vos/ acostada en el suelo frío como vos". Obviamente, Lee tiene mano para el yo magnético y destructivo. Pero eso es lo que hace que las canciones de ruptura de The Open Door parezcan tan reales.
1
2Cómo vivió Mirtha Legrand las horas previas a su cumpleaños: un reencuentro, un detalle en la vajilla y un premio
3Quién es Luján Saez: la joven diseñadora detrás de los looks de las hijas de las famosas
4Salvador, el thriller español de Netflix de 8 episodios que es un boom internacional y que está entre lo más visto de la plataforma



