Facundo Arana: "La música era un deseo pendiente"

Antes de presentarse con su banda en La Trastienda, el actor habla de sus otras pasiones
Andrés Asato
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3 de agosto de 2015  

Sacó de su interior al chico de 5 años con deseos de aprender a tocar el piano y al joven que a los 17 desenfundaba su saxo del estuche y salía todas las tardes a ganar la calle en la línea D de subterráneos. Hasta le perdonó la furia al músico de 28 que con su banda, La Carranza, casi estrella su camioneta contra la vidriera de un bar, cuyo dueño no le quiso pagar lo convenido. Y ahora dobló la apuesta, porque se atrevió a versionar un clásico del rock como "Knocking On Heaven's Door", que en Bob Dylan o los Guns 'N' Roses resultan incomparables.

Pero el actor y músico Facundo Arana sabe lo que son las mieles de la popularidad y las grietas que se abren con los fans y seguidores cuando la farándula se convierte en una jungla salvaje. No por nada, a la hora de elegir uno de sus protagónicos, el actor se refugia en el de Yago, pasión morena: "Tenía un contacto con la naturaleza como el que viví en mi infancia, cuando pasaba mis días en la finca de un tío, en el Norte; había un arroyo y por las mañanas los sábalos se acercaban a la orilla para sacar sus lomos del agua fría. Yo me entretenía atrapándolos. Tendría apenas entre 7 u 8 años. Eso es vida", cuenta, como todo aquel que busca estar bien lejos de la ciudad de la furia.

-A casi un año de Salir a tocar, tu primer disco, ¿cómo está la banda?

-Con las mismas ganas de los primeros días. Imaginate que con The Blue Light Orquestra tocábamos en bares para 20 o 30 personas o en clubes para 200 o 300, cuanto mucho. Pero ahora Sony e India Producciones nos dieron el empujoncito y tocamos en La Trastienda y fuimos teloneros en el Luna Park. Ya hicimos más de sesenta presentaciones por el interior. Con la banda (Alejandro Dixon, en batería; Greta Moro, en teclados; Izzy Gainza, en guitarra, y Dulce Motta, coros) nos sacamos las ganas con temas que todos quisieran tocar, como "Stand By Me", de Ben E. King; "Knocking On Heaven's Door", de Bob Dylan, o "Roxanne", de The Police.

-¿Pensaste que no sería fácil entrarle al mundo del rock?

-La verdad es que no hago las cosas pensando en si le va a gustar a un público o no; lo que sí puedo asegurarte es que la música era un deseo pendiente y que busqué rodearme de una banda con muy buenos músicos, empezando por Dizzy Espeche, que le puso toda su impronta al proyecto. Fuimos ensayando con temas que nos hicieran sentir cómodos a todos, como "Stand By Me", para ir ensamblando; salieron otros, como "Sure Know Something", que lo sugirió Dizzy, y el público "kissero" recibió muy bien y nos hizo el aguante como si le estuviéramos tocando un padrenuestro. Así como también fue fuerte versionar un tema de Bob Dylan como "Knocking On Heaven's Door", pero lo hicimos con honestidad y sin perder esa mística que empuja a toda banda cuando se decide a salir a tocar. Ahora nos estamos preparando para un nuevo show en La Trastienda, este viernes, y las giras que se vienen para octubre y noviembre por Israel y Rusia.

-¿El músico le roba su tiempo al actor?

-El traje de actor no lo cuelgo nunca, porque es lo que me da de comer desde los éxitos de Chiquititas y Muñeca brava y es lo que me permite hacer otras cosas. Cuando protagonicé Yago, pasión morena, se vino la crisis de 2001 y me agarró el corralito con todos mis ahorros adentro. No me desesperé: sabía lo que estaba pasando y pensé que al menos me golpeaba a una edad donde si te caés podés volver a empezar. Y la verdad es que en ese contexto de país me sentía como el shah de Persia, porque había firmado para hacer 099 Central por El Trece, y si bien iba a cobrar mucho menos, tenía trabajo. Llevaba diez años de actuación, la popularidad masiva me llegó en el 97 y 98 con Chiquititas, pero desde el 93 vengo trabajando sin parar.

-¿Y cómo ves el país hoy?

-No tengo una respuesta inteligente para darte; hablar de la realidad del país, por más que sea desde un lugar que conozco, es algo complejo, y siento que es muy naíf dar una opinión como actor. El mundo vive un momento muy particular como para analizarlo desde un lugar tan insignificante como el que representamos los actores, porque más allá de nuestra popularidad somos como el común de la gente. No debe de haber persona más representativa de nuestro país en los últimos 40 años que Diego Maradona, al que se le pregunta de todo y por eso mismo se lo cuestiona, olvidándonos de todas las alegrías que nos dio como jugador.

-¿Cómo es la relación con tus hijos?

-De lo mejor. Mi viejo viene de una formación militar, dio clases de derecho marítimo desde los 60 hasta hoy en la UBA y en la Universidad de Morón, así que fui educado bajo el ala de un padre recto, pero que marcó el camino con la firme convicción de que yo me sintiera libre de elegir mi destino. Y eso es algo que uno valora con los años. Con mis hijos pasa algo parecido: en casa las cosas están hechas y preparadas para que se sirva la comida con todos los cubiertos puestos en la mesa, pero si uno de ellos quiere comer con la mano, lo puede hacer. En mi época, eso no se podía, y como dijo alguna vez mi viejo frente a sus alumnos cuando le dieron el premio honoris causa: quiero que crezcan viendo todos los amaneceres y atardeceres posibles.

-Tuviste la vida que elegiste: ¿qué te queda por hacer?

-Me acuerdo de cada una de las aventuras que me pasaron de chico y me gustaría volcarlas en un libro; planifico volver al Everest; sueño con la banda recorriendo la ruta 40 y componiendo esas canciones que a uno le gustaría escuchar cuando está de viaje. Estoy haciendo una obra muy linda, En el aire, en la que cierro tocando con el mismo saxo con el que lo hacía a los 17 años en el subte D, y es un guiño al adolescente que se preguntaba qué iba a hacer con su vida. Yo soy feliz por un conjunto de cosas y por eso me dedico a disfrutar de la vida todo lo que puedo. No dejo que los deseos descansen, como alguna vez escribieron en mi blog. Y eso es para mí la felicidad.

-¿Tenés alguna anécdota de tus tiempos de músico callejero?

-Sí, a los 17 años, cuando tocaba en el pasillo largo del subte, una mujer anciana todos los días me tarareaba al oído una canción y me preguntaba si me animaba a tocarla. Yo no sabía de quién era ese tema hasta que un día sacó de su cartera un viejo cassette y al escucharlo en mi casa esa melodía terminó siendo una magnífica composición de Bach. Obvio, hice lo mejor que pude. Pero aun así si es una sola persona la que te escucha de esa manera es una bendición. Nos hicimos muy amigos con la mirada. Ahora con la Blue Light Orquestra estamos felices con nuestra versión en video de "Free Fallin" y el próximo paso es componer temas propios, en castellano. Esperamos terminar pronto con eso y salir a tocar por las rutas argentinas, que es lo que nos gusta.

-¿Se hace difícil mantener la privacidad en una sociedad tan mediatizada?

-Creo que todos los momentos son diferentes, y hoy con tanta gente ávida de un segundo de pantalla, casi todos los programas se nutren de chimentos. Pero ya no tenés un paparazzi instalado en la puerta de tu casa y además con cualquier celular alguien puede tomarte una foto y viralizarla, y claro, tampoco es lo mismo cuando ya se tiene una familia con los "cachorros" adentro. No se atreven a tanto, a menos que uno les abra la puerta. Sólo una vez, cuando empecé a salir con María (Susini, su esposa, con la que tiene tres hijos: India, de 6 años, y los mellizos Yaco y León, de 4), se metieron dentro de mi casa y nos tiraron una foto, que luego salió publicada en una revista.

-¿Te bancaste la situación?

-Yo no sabía quién la había tomado; cuando lo identifiqué le fui a pedir explicaciones y le dije que había sido irrespetuoso, pero no pasó de ahí. Tal vez si me hubiese sucedido de más joven, como aquella vez que tocamos con La Carranza en un boliche de Palermo que se llamaba Pan, Amor y Fantasía, donde no nos querían pagar y amenacé al que nos contrató con tirarle mi camioneta que estaba afuera contra el ventanal de entrada, la situación hubiese sido otra. Cuando uno es más joven y resistente como el junco, todas las experiencias terminan siendo importantes. Pero si algo me gusta de la vida, y más ahora que uno tiene la espalda más dura, es mantener el desafío de la aventura, siempre.

Facundo Arana

Con la Blue Light Orchestra

La Trastienda Club, Balcarce 460

El viernes 7, a las 21.30

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