
Fatboy Slim: cómo ser el alma del baile
Un disc jockey que alcanzó fama mundial
1 minuto de lectura'
(El País).- Desde afuera no parece la casa de una pareja de famosos tal y como uno se imagina en el Reino Unido de la generación química, de las Spice y de Dave Beckham. Ubicado en Shoreham, en la costa sur, el hogar de Norman Cook (39 años) y de su mujer Zoe Ball, presentadora de televisión, no es de los que salen en la revista Hola!
Pero el exterior de esta casa, situada al borde del mar con decoración minimalista estilo años veinte, oculta en su interior el hervidero de actividad de Norman Cook, una cosa tan estremecedora como ver, desde la cocina, una tormenta en el Canal de la Mancha.
Es como un templo para la generación de Internet. Caras de Smiley y artículos kitsch se combinan sin más con el mobiliario moderno de Charles Eames. Hay discos por todas partes, incluso en el suelo de la cocina, premios NME y Brit y discos de oro y platino colgados discretamente en un trastero.
Los créditos dicen: un millón de copias de "You´ve come a long way, baby" vendidos en el Reino Unido, un millón en Alemania, 200.000 de "Freak Poser", 300.000 de "Beats International", "Housemartins...", y así sucesivamente.
Sentado frente a una pared tapizada con folletos, Norman Cook queda empequeñecido ante una estantería de discos de tres metros de altura.
Una revista norteamericana describió a Norman como el tipo de estrella de rock que parece un profesor de geografía, y este pensamiento irresistible viene a la mente cuando Norman trae una chaqueta del dormitorio. Hoy se parece un poco más a su apodo, Chico Gordo. Está más regordete que lo habitual, pero tiene buen aspecto, está descansado. Una imagen que contrasta con la del rey del big beat de 1999, chupado y drogado hasta las cejas, a la que nos tenía acostumbrados.
Aunque la vida de Norman nunca ha sido exactamente oscura desde que dejó los estudios en Brighton, en 1985, los dos últimos años han sido surrealistas para él. El aumento de su notoriedad, hasta un punto reservado a las megaestrellas, derivó en un estilo de vida que Norman llegó a considerar insostenible. Trabajaba como disc jockey en la Big Beat Boutique Club, de Brighton, y en el Fabric, de Londres, estuvo una temporada en Ibiza y protagonizó una serie de encuentros sonoros con el renegado del house norteamericano Armand van Helden, que abarcó desde San Francisco hasta Sydney. "Actuaba como disc jockey todo el fin de semana. Después del domingo por la noche me metía en el estudio, porque no podía hacer otra cosa", cuenta sobre los anteriores discos de Fatboy, y aporta detalles: "Trabajaba de lunes a miércoles en unas ideas, el jueves volvía a trabajar... Básicamente, me iba de fiesta y luego componía canciones sobre el hecho de irse de fiesta".
El sonido de Fatboy, tan repleto de referencias americanas al house de Chicago, al hip-hop neoyorquino y al ritmo surfero de las costa oeste, reelaborado al estilo europeo (como big beat), tuvo un impacto desconocido desde los Beatles. El norteamericano medio nunca había comprado música de baile en las cantidades en que se vendió "You´ve come a long way, baby".
El diablo del baile
"No existe una verdadera cultura dance allí -explica Norman-. En los Estados Unidos, esa escena es algo marginal, y quiere seguir así. Les molesta si alguien quiere oírlos..." Cuando se le cita una entrevista con una revista especializada californiana que lo acusó de "vender demasiado", suelta una sonora risotada: "¡Después de lo del video de "Praise you", para la MTV, probablemente me consideren el anticristo!", dice en referencia al videoclip premiado que realizó Spike Jonze, director de la película "¿Quieres ser John Malkovich?"
Pero las barreras cayeron. "Ahora, el big beat sale en televisión todo el tiempo. El otro día estaba mirando fútbol y los hinchas utilizaron tres de mis temas, de forma consecutiva", dice. El señor Slim no se queja del éxito y ridiculiza a Thom Yorke, de Radiohead: "¡Oh! El éxito me hizo sufrir una crisis nerviosa...", dice con sarcasmo.
La tercera obra de Fatboy Slim, "Halfway between the gutter and the stars", tiene pretensiones superadoras. "Con los dos discos anteriores parecía estar diciendo: mírenme. Trataba de llamar la atención de todo el mundo. Ahora he hecho que desaparezcan los golpes obvios." Este flamante disco supone una consolidación de su pasado. Aromas house, con un sample de Jim Morrison, dos temas con Macy Gray y mucho breakbeat. Pero, en realidad, más que nunca, es un disco pensado para ser escuchado sólo sobre las pistas de baile. Y como Norman es Norman, no ha podido resistirse a repetirse levemente.
"Definitivamente, esto supone volver a mis raíces -reconoce Cook sobre estas nuevas once canciones-. Tienen un lado más house , más de discoteca, pero también cuentan con un toque oscuro..."
Tal vez, el alma de Fatboy Slim haya perdido parte de su lado ligero, se haya vuelto más profundo y haya incorporado mejores ingredientes musicales, pero Cook es el primero en advertir que no hay que tomar su nuevo sonido muy en serio. "No comprendo cuando los periodistas intentan analizar mis canciones, porque yo no pienso tanto cuando las hago", dice, con tono de burla.
Sobre una referencia a Oscar Wilde en su tema "Gutter and the stars", dice que se acaba de enterar, que ha hallado los versos por ahí y que fueron incluidos por pura coincidencia, porque los encontró "intensamente apropiados".




