
Felicidad bajo sospecha
Frontal: con definiciones tajantes, el director Todd Solondz habló de "Felicidad", su provocador film que el jueves llega a las pantallas.
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"Es una película que despierta sentimientos repugnantes."
La declaración no pertenece a una crítica de la película "Felicidad" (Happiness), una controvertida tragicomedia que hace una frontal y ácida exposición de las disfunciones sociales y sexuales de la clase media estadounidense mediante una docena de personajes que habitan los suburbios de Nueva Jersey. Proviene de su realizador, el norteamericano Todd Solondz, de 39 años, que con su primera película, "Mi vida es mi vida", deslumbró en 1996 al Gran Jurado del Festival de Sundance y con "Felicidad" ganó el Premio de la Crítica en el Festival de Cannes de 1998.
Los "sentimientos repugnantes" a los que Solondz hace referencia en esta charla telefónica con La Nación consiguieron que actores famosos, aun fascinados por el guión, prefirieran no dar vida a esos personajes para preservar sus mejores perfiles, y que grandes distribuidoras le dieran la espalda deseando que "Felicidad" nunca se hubiera filmado. Es que tras su encantador e irónico título se despliegan frustraciones, deseos e impulsos en distintos niveles de perversión. Acciones como la paidofilia, la violación o el onanismo se expresan con una frontalidad pocas veces tratada en el cine, incluso en el más independiente cine norteamericano. Pero no es éste el fondo de "Felicidad", que se estrenará en la Argentina este jueves.
Quién es quién
"Felicidad" plantea un complejo entramado de personajes que parte de tres hermanas: la vulnerable Joy tiene 30 años, vive con sus padres y decide cambiar su trabajo como empleada para dar clases en una escuela de adultos refugiados; se siente sola y desea encontrar alguien con quien relacionarse. Sus otras dos hermanas sienten pena por ella; es que consideran que "lo tienen todo". Trishia posee una linda casa, buenos hijos y un marido responsable. Se siente plena, aunque no mantenga relaciones sexuales con su marido, el doctor Bill Mappelwood, un psicólogo que sueña asiduamente con asesinar gente en una plaza y siente deseos sexuales por los amigos de su hijo de 11 años, que está en pleno reconocimiento de su sexualidad. Helen es una exitosa escritora de best-séllers, autoestimada "comehombres", e íntimamente desea ser violada con tal de conseguir autenticidad en su vida profesional. Su vecino, Allen, sólo puede relacionarse sexualmente a través del teléfono, aunque su otra vecina, Kristina -una chica obesa que odia el sexo- sí busca insistentemente su compañía. A su vez, los padres de las tres hermanas están a punto de separarse después de 40 años de matrimonio. El quiere estar solo y ella ya está pensando en someterse a una cirugía estética. Todd Solondz dice que no fue el ánimo de generar un shock aquello que impulsó la materialización de esta historia que ha generado tanta conmoción como rechazo por un retrato que, en realidad, trasciende las paredes de Nueva Jersey y de la clase media norteamericana. "Las ideas del deseo frustrado, el amor no correspondido, la alienación y la soledad me impulsaron. Y ésta es una de las tantas maneras de explorar todo eso. Es muy duro vivir en los tiempos de hoy. Y me molesta que ciertos temas tabú sean una distracción del más importante significado del film."
Solondz asegura que si la película logra que el espectador se conecte con el mundo que los personajes han creado, finalmente habrá tenido éxito. "Pero si el público se queda con la idea de que los personajes de la pantalla son freaks (locos), la película habrá fracasado. Creo que en algún nivel el público puede encontrar algún tipo de conexión, de empatía. Para ello, no necesitás literalmente ser alguna de esas personas para poder identificarte. Cuando vamos al supermercado, ésas son las personas que están alrededor, nosotros caminamos por este mundo y el de la película no es un freak show," Curiosamente, cuando el cine y los medios de comunicación han hecho uso y abuso "de y con" su poder visual, en el film de Solondz, exceptuando unas tres o cuatro escenas visualmente muy directas, son las palabras las que ejercen su principal influencia. "Es que la película es muy frontal, pero también muy discreta -explica-. Es más auditiva que visual. El contenido se refleja en el diálogo y no precisamente en la imagen. Y en cuanto a las escenas más shockeantes, están hechas con intención manifiesta, y justamente por eso no esconden nada."
Padre e hijo
"Felicidad" despliega una variedad de personajes y relaciones interpersonales en sus distintos niveles de patología. Sin embargo, el centro dramático de la película pasa a ser inevitablemente la cuidada, sincera y respetuosa relación que Bill Mappelwood mantiene con su hijo preadolescente, así como las fantasías sexuales de este psicólogo con los amigos de su hijo. Y he aquí la controversia. Ante la humanidad que prevaleció en la construcción del personaje de este abusador sexual, el realizador Todd Solondz fue acusado de hacer apología de la paidofilia. Al respecto, expresó: "Yo no puedo ni quiero condenar los comportamientos de ese personaje como si fuera un criminal. Nadie puede tener compasión ante una persona que viola a un chico. Pero lo que hace a esta historia tan trágica es que a su vez se trata de un gran padre que ama a su hijo, a su esposa, a su familia, y no puede hacer otra cosa que decir la verdad. No creo que sea un monstruo, creo que está luchando con el monstruo. Y claro que lo que hace es imperdonable, pero si existe una redención para él aparece en el amor que tiene por su hijo".
Ya con su primera película "Mi vida es mi vida" (Welcome to the doll house), un doloroso retrato sobre la preadolescencia, el realizador norteamericano tuvo que advertir a la prensa que la historia no tenía rasgos autobiográficos. De todos modos, lo que emerge de sus películas con su personal visión del mundo es que este hombre consigue exponer en el cine la humillación como si fuera un experto. Al consultarlo, el realizador nacido en los suburbios de Nueva Jersey dijo: "Todos hemos sentido en diferentes grados la humillación. No conozco a nadie que no la haya padecido".
Nadie quiere el papel
Durante el proceso de escritura de "Felicidad", Todd Solondz dijo que no hizo ningún tipo de investigación. "Simplemente enfrenté la realidad y la integridad de los personajes. Traté de meterme en la mente de éstos, en sus defectos, ya que son capaces de hacer cosas horribles. Pero al mismo tiempo traté de revelar que tienen una base de humanidad, que es lo que emergerá en el film."
En cuanto a la selección de los actores, contó que "varias celebridades rechazaron hacerla aun cuando el guión los había fascinado. Pero yo no tenía tiempo que perder. Sólo me convenía tener actores famosos para conseguir más plata en el presupuesto. Finalmente preferí que no fueran estrellas, así el público no podría asociarlos con determinados films. Y tuve mucha suerte".
Contrariamente a lo que el público pueda imaginar, Solondz dice que no hubo escenas difíciles de rodar, especialmente aquellas relacionadas con el onanismo, o esa difícil y conmovedora conversación entre padre e hijo. "No tuve necesidad de explicar demasiado, ellos entendían muy bien. Mi trabajo como director fue hacerlos sentir cómodos. Te diría que me costaron más las escenas de la manifestación en la calle y la del sueño en la plaza, donde participó mucha más gente. Eso fue más difícil que tener a dos personas en una habitación."
Aunque el panorama final de "Felicidad" no sea demasiado alentador, Solondz dice creer en la felicidad de sus personajes. Esta vez, sí resultaría interesante una secuela para saber sobre el destino de ellos. Pero Solondz asegura que "ya es suficiente, tal vez le pase la tarea a otro. Yo quiero encontrar nuevas historias".
"No creo que sea imposible que los personajes puedan encontrar felicidad. Con algunos me siento bastante optimista. El chico, al final, es el único que experimenta el amor incondicional de su padre. Y también siento esperanza por Joy y Allen, quienes tal vez puedan encontrarse. Para mucha gente, el final es triste; pero para mí, no, resultó muy liberador. No creo que lo optimista sea mejor o más verdadero que lo pesimista. La cuestión aquí es qué es verdadero dentro de la sociedad que nos toca vivir."
Fuera de Hollywood
Todd Solondz, director, coproductor y guionista de "Felicidad" tiene 39 años, nació en Newark, Nueva Jersey y se crió en los suburbios que describiría luego en sus dos películas. Como cineasta, comenzó a obtener premios ya como estudiante de la New York University Film School, donde realizó tres cortos, "Feelings", "Babysitter" y "Schatt´s Last Shot". Y tras graduarse, filmó otro corto para el programa Saturday Night Live, "How I became a leading artistic figure in New York City´s East Village cultural landscape". Sus dos largometrajes, "Mi vida es mi vida" (Wellcome to the dollhouse) y "Felicidad" (Happiness), lo pusieron a la cabeza de los más destacados realizadores del cine independiente norteamericano.
Si bien grandes celebridades de Hollywood rechazaron trabajar en "Felicidad", Todd Solondz consiguió un más que homogéneo y sorprendente trabajo actoral a cargo de Jane Adams (Joy), Philip Seymour Hoffman (Allen), Dylan Baker (Bill), Lara Flynn Boyle (Helen), Cynthia Stevenson (Trishia), Jared Harris (Vlad), Elizabeth Asley (Diane), Ben Gazzara (Lenny), Louise Lasser (Mona) y Camryn Manheim (Kristina). "Ya estoy trabajando en otro proyecto. Pero no me gusta hablar de mi futuro -dijo-. ¿"Felicidad 2"? No, por favor, ya es suficiente."
"El gran problema"
El gran problema que tuvo "Felicidad", según Todd Solondz, fue la distribución. "Aunque creo que soy un hombre de suerte. A pesar de que Universal Pictures, por ejemplo, me haya dicho que no y haya tenido que recurrir a la independiente Good Machine, la película se distribuyó por el mundo. No es una película para todos, porque no la podemos entender como entretenimiento. Más allá de su humor, es seria y tiene cierta gravedad."
"Felicidad" se hizo con dos millones y medio de dólares, y fue producida por Christine Vachon ("Velvet Goldmine", de Todd Haynes, y "Y yo le disparé a Andy Warhol", de Mary Harron). Solondz forma parte del "indie cinema" de los 90 junto a Kevin Smith ("La otra cara del amor"), Wes Anderson ("Tres es multitud") y Don Roos ("Lo opuesto del sexo"), entre otros. Sin embargo, le molesta la utilización que se le da al término independiente. "Para mí, el director más independiente del mundo es Spielberg, que puede hacer lo que quiere. No se puede ser más independiente que eso y no podés ser más Hollywood que eso."
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