Primus, Andrea Álvarez, Javier Malosetti Electrohope y Secret Chiefs 3 se presentaron en el Estadio Malvinas Argentinas. Crónica y fotos.
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Teloneros de lujo: Poco después de los shows de Andrea Álvarez y Javier Malosetti Electrohope, los Secret Chiefs 3 tomaron el escenario. La banda del guitarrista Trey Spruance (ex Mr. Bungle y Faith No More) es cosa seria. Su música combina avant garde, psicodelia, surf-rock, death metal, electrónica y muchos ritmos árabes y de la India. La propuesta es totalmente instrumental, acaso advirtiendo que un reemplazo para Miguel (Mike Patton) hubiera sido una misión imposible. Vestido con una parca negra y sin decir una palabra, Spruance comandó un viaje sinuoso y se entreveró en intrincados diálogos con Timb Harris (violín) que terminaron entusiasmando hasta a los más ansiosos por ver a Primus. El cierre con "Brazen serpent" certificó la potencia del show y las ganas de ver a los Secret Chiefs 3 solos y en un lugar más chico.
Deuda pendiente: En los 90 Primus se convirtió en una de las bandas más incendiarias del mundo. Corrían los tiempos de la música alternativa y aquella trajinada etiqueta parecía darle cobijo en el mainstream a propuestas que solían tomarse mayores libertades que la mayoría de las bandeas de la época, y de la actualidad. Y Primus se tomó todas las libertades que quiso. Definir el estilo de la banda de Les Claypool sigue siendo una ecuación casi imposible de resolver hasta para los científicos musicales más avezados. Incluye funk híper retorcido, cierta dinámica de Rush, vanguardismo de King Crimson, humor de Frank Zappa, ecos de The Residents, guiños a Tom Waits, fraseos entre el rap y la música country, y bastante más. Pero cada nota que tocan suena indefectiblemente a Primus.
A full: Un escenario austero, sin un gran juego de luces, ninguna pantalla, pero con dos trajes de astronauta gigantes que cambiaban de colores según la ocasión. El marco estaba listo, 5 mil fans agitaban y 22.15 Les Claypool (bajo y voz), Jay Lane (batería) y Larry Lalonde (guitarra), desembarcaron en el escenario. La presentación fue de la mano de "Tommy The Cat" y todo el Malvinas Argentinas se convulsionó con su groove enroscado, bailó y/o pogueó según el caso. Primus estaba en Buenos Aires y sonando como en sus mejores tiempos.
El enorme Les: No hay mucho para agregar sobre las cualidades como bajista de Les Claypool. Pero verlo en vivo no deja de sorprender. Maneja todas las técnicas posibles (slapping, popping y tapping, entre otras), toca con un palillo de batería, acaricia el bajo, lo golpea, tira armónicos artificiales imposibles, ocasionalmente usa un contrabajo y todo con un groove marciano. Es la columna vertebral de la banda, parte de la base y al mismo tiempo solista. Desde su bajo diseña desde los riffs más concretos y chirriantes, hasta los pasajes más etéreos y abstractos. Lane y Lalonde quedan un poco atrás por el brillo de Claypool, pero no le pierden pisada ni un segundo.
Los mejores momentos: Hubo para todos los gustos. Pero brillaron particularmente las versiones de "Tommy The Cat", "Here Come The Bastards", Over The Falls", "Big in Japan" (el tema de Tom Waits que los Primus grabaron con él en "Mule Variations") y la aplastante "My Name Is Mud" (con Claypool cantando el estribillo es castellano: "¡mi nooooooombre es Mud!"). Fue un show de poco menos de dos horas, donde hubo generosos espacios para las zapadas, los solos y la improvisación. Un valor agregado valioso, al que cada vez menos bandas se le animan. Aunque quizás el show hubiera mantenido mayor contundencia si los espacios de improvisación/solos hubieran estado mejor ordenados.
Memoria y balance: Luego de años de silencio y de una carrera un tanto irregular después de su explosión y desarrollo de los 90, Primus llegó por primera vez a la Argentina y demostró que sobre un escenario siguen siendo cosa seria. La originalidad y deformidad de sus composiciones y el gusto por trenzarse en diálogos musicales sinuosos y a veces inciertos, parecen recordar que en la música no todo es mirar para atrás y repetir. Acaso ese sea el mensaje más poderoso de Claypool y compañía.




