
Con Jodie Foster y Peter Sarsgard
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La sensación cuando aparece Jodie Foster en la pantalla es siempre la misma. Con su carita delgada, su cuerpo menudo, sus tics nerviosos, parece una heroína desamparada que hace siempre el mismo papel de chica inteligente y en peligro. Esta vez, su hija ha sido raptada de un avión en pleno vuelo [¿qué tal ese inicio para una novela a lo Javier Marías?]. Al comienzo, la paranoica madre se limita a buscar a su hija de seis años por los pasillos, en los baños, en primera clase. Sube y baja escaleras [ella es ingeniera experta en propulsión, diseña las turbinas y conoce a la perfección el avión, que es el más grande del mundo] y les pregunta a las azafatas y a los vecinos. Cuando ya es claro que la niña no está por ahí, Kyle [Foster] entra en pánico y exige ver al capitán. Su vecino de asiento, que resulta ser un oficial de policía aéreo, la inmoviliza para evitar que entre a la cabina del capitán y se queda a su lado el resto de la película. Kyle está de regreso a Estados Unidos procedente de Berlín, donde su marido acaba de fallecer luego de caer de un sexto piso, y ahora transporta el cuerpo en un ataúd sellado. La tripulación concluye que su hija también murió en el accidente y que la madre se volvió loca y frenan la búsqueda. Kyle, sin embargo, no se detiene, convencida de que alguien tomó como rehén a su hija para secuestrar el avión que ella conoce tan bien. La película es un thriller interesante casi hasta el final, donde la trama se desenvuelve de una manera demente y ridícula y la siempre valiente Foster queda encerrada con el malvado de la historia en un avión que ha aterrizado en medio de la nada. Pero como ya ha pasado más de una hora y es tiempo de terminar la cinta, el director, –el alemán Robert Schwentke–, decide apurar las cosas y evitar mayores encuentros violentos. Todo sucede demasiado rápido al final, después de una hora de aguantar la respiración. Si la búsqueda hubiera durado menos y el suspenso entre el asesino y la víctima hubiera sido más largo, la sensación de prisa por terminar de rodar habría sido menor. Habría que decir a favor de Flight Plan que la trama es interesante y que Jodie Foster se mantiene firme en su papel de heroína. Claro, habría que decir en contra, que nadie más actúa ni remotamente bien y que su final mediocre le resta espectacularidad.






