
Fotos robadas, intimidad desbaratada
Hace exactamente una semana, en ese espacio sin límites -en más de un sentido- que es Internet, se publicaron imágenes privadas, tomadas despreocupadamente en la intimidad, de una serie de jóvenes y atractivas actrices, modelos, cantantes. Las chicas -encabezadas muy a su pesar por la superestrella de Los juegos del hambre, Jennifer Lawrence- no estaban vestidas de entre casa ni haciendo alguna actividad doméstica en un ámbito cotidiano. Para nada: esas fotos robadas, mal encuadradas y peor iluminadas, en poses descuidadas y un poco torpes, las mostraban en una desnudez propia de la privacidad más confiada. Pero está visto y confirmado que no se puede confiar en la inviolabilidad de iCloud, sistema de almacenamiento de Apple, ni en los teléfonos inteligentes, ni siquiera en las imágenes borradas hace tiempo?
No es la primera vez que sucede, aunque en esta oportunidad la cantidad de mujeres famosas perjudicadas supera largamente los casos anteriores, y el número de fotos y videos pareciera incontable. La magnitud de la difusión en la Web (y en algunos medios impresos, también en la televisión, con alguna tachadura sobre genitales y pechos) es francamente descomunal, con todo el torrente de comentarios y debates. Un escándalo planetario mayúsculo, que tiene sus responsables, empezando por el hacker violador de la intimidad de muchas figuras, y siguiendo por los sitios de Internet, diarios y revistas que publicaron esas imágenes en ocasiones rasgándose hipócritamente las vestiduras, en tanto que alimentaban el voyerismo del público.
Por cierto, este sextape o sexgate, como se lo ha dado en llamar, también tiene sus víctimas seriamente dañadas: alrededor de 60 mujeres que están sufriendo esa invasión brutal a su privacidad, la humillación que entraña verse expuestas tan crudamente a escala mundial, la sarta interminable de comentarios crueles que las escarnecen en las redes (donde los usuarios varones se solazan infiriéndoles verbalmente mucho maltrato, como queriendo bajarlas del lugar que se ganaron, quitándoles poder y dignidad). Christina Aguilera, que fue dañada en un robo anterior, junto con Scarlett Johansson y Mila Kunis, ha declarado: "El sentimiento de seguridad ya nunca más se puede recobrar, y no existe compensación alguna para semejante invasión de la vida privada". Empero, Johansson inició acciones legales contra el pirata Christopher Chaney, quien fue condenado a 10 años de prisión, que cumple actualmente en Florida.
Este gran alboroto en torno de las fotos hackeadas se relaciona hasta cierto punto con las prácticas del periodismo amarillo que busca el sensacionalismo a cualquier precio, y que se puede manifestar tanto a través de un tabloide como de una revista del corazón o de un programa de tevé de chimentos. O sea, esos medios que sin plantearse dilemas morales -y hasta justificándose con tono fariseo- se nutren de escandaletes, secretos de vidas privadas, fogoneo de riñas entre figuras o figuritas, y así por el estilo.
El amarillismo nació casi paralelamente a la prensa gráfica alimentando la malsana curiosidad de muchos lectores de mirar por el ojo de la cerradura. Y desde que comenzó el starsystem, en tiempos del cine mudo, los actores y las actrices estelares se convirtieron en presa favorita de este tipo de desmanes. Más adelante, a partir de los años 30, dos chismosas afamadas, Hedda Hopper y LouellaParons, llegaron a tener tanta influencia en Hollywood que se decía que podían destruir carreras. Pero todavía no existía el perfil de los paparazis. O paparazzo, en singular y respetando el origen del vocablo que surgió en La dolce vita, la obra maestra de Fellini. En ese film de 1960, Marcello Mastroianni interpretaba a un periodista que cubría distintos episodios acompañado de un fotógrafo llamado Paparazzo. En uno de los tramos del relato, un enjambre de cazadores de imágenes esperaba a una mujer que estaba regresando de Roma. Ella aún no sabía que su marido acababa de matar a sus dos hijitos antes de suicidarse, entonces se dirigía amablemente a los fotógrafos que empezaban a enfocarla: "¿Acaso me toman por una actriz?"
Tan fuerte fue el impacto de la presencia del tal Paparazzo y de su conducta que el término paparazzi se aplica desde entonces a los reporteros gráficos asignados a atrapar a como dé lugar imágenes de gente ligada a noticias que puedan interesar al público. Desde luego, siempre hay una jerarquía por encima de ellos que les exigen montar guardia, perseguir a sus targets casi siempre en pos de fotos indiscretas, robadas. A fines de los 70, la gran Greta Garbo, que había dejado el cine para siempre a los 36, en 1941, fue víctima de uno de estos paparazis acosadores que logró fotografiarla en la playa, saliendo del agua solo con la bombacha del traje de baño de dos piezas, retorciendo el corpiño entre sus manos, los pechos al aire. Una falta de respeto imperdonable. Sin embargo, fiel a su deseo de pasar inadvertida, la actriz que solo pedía que la dejaran en paz, no hizo juicio.
Si bien el proceder del todavía desconocido hacker que violó flagrantemente la intimidad de Lawrence, Kate Upton, Kirsten Dunst, Kaley Cuoco y tantas otras celebrities tiene algún parentesco con el de los paparazis que abusan del zoom, lo suyo va mucho más lejos: actuó anónimamente y cometió un grave delito. Por ahora, está recibiendo el desprecio de muchas publicaciones prestigiosas del mundo, particularmente de columnistas mujeres que se solidarizan plenamente con las figuras vulneradas y acusan a los usuarios de las redes sociales de falta de compasión y descarado sexismo. "¿Dónde están las fotos pirateadas de los hombres?", se pregunta la revista Time, donde la periodista Sarah Miller denuncia que este robo sin precedentes por su masividad, es una prueba más de la misoginia de Internet, "refugio de cobardes". Por su lado, la actriz y guionista Lena Dunham dio su respaldo con frases certeras: "La manera que elegís de compartir tu cuerpo debe ser una elección. Apoyen a estas mujeres, no miren las fotos". "El argumento que dice que no te hagas fotos desnuda si no querés verlas publicadas es igual a aquel que dice que no lleves falda corta para evitar ser violada."






