Fue el “cerebro” del trío más famoso de la TV, conquistó al público con su mal genio y salvó a sus amigos de la ruina
Moe Howard, el líder de Los Tres Chiflados, nació para hacer reír y lo sabía; su recordado personaje —con su peculiar corte de pelo— lo acompañó hasta su último suspiro, hace ya 51 años
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Un día cualquiera, el reloj marca la hora de salida de una escuela de Brooklyn, en Nueva York, y un niño llamado Moses Harry Horwitz, en lugar de regresar a su casa, se desvía a la de un amigo. Cansado de las burlas de sus compañeros de clase por su largo y ondulado cabello, se encierra en el baño y, muy decidido, toma un cuenco y unas tijeras y comienza a cortarse los bucles que, de a uno, caen en la bacha. Al salir, ya no es el mismo porque ahora luce un corte “taza” y con eso logra que no se rían más de él. Sin embargo, lo que ese pequeño no sabe aún es que ese nuevo look será lo que, junto a su histrionismo, lo volverá famoso a nivel mundial y hará reír ya no a quienes lo molestan, sino a un público global que, incluso décadas después, se detendrá frente al televisor para admirar su genio.
El líder de Los Tres Chiflados (The Three Stooges) nació el 19 de junio de 1897 en una pequeña comunidad judía en las afueras de Brooklyn. Fue el cuarto de cinco hermanos (solo dos de ellos no se dedicaron a la actuación). Al terminar la primaria, aunque le insistieron, sus padres no lograron que siguiera en la preparatoria y por eso lo inscribieron en una institución que enseñaba oficios: querían que fuera electricista. Pero todo fue en vano. Y es que, desde una muy temprana edad, él tenía claro que quería meterse de lleno en el mundo del espectáculo y no iba a parar hasta conseguirlo.

En 1908, con apenas once años, comenzó como “el chico de los recados” en los estudios cinematográficos Vitagraph de Brooklyn —sin cobrar ni un centavo— y se codeó con algunos famosos de la época. Sin quererlo, llamó la atención del actor de vodevil Maurice Costello, quien le consiguió sus primeros trabajos. Rápidamente notaron que tenía una asombrosa habilidad para memorizar las escenas que le tocaban. Fue así como empezó a aparecer en dramas y en comedias. Aunque no quería decir nada en su casa sobre lo que hacía cuando se ausentaba, terminó por contarle la verdad a su familia. La mayoría de las películas en las que participó en esa primera etapa de su carrera no están disponibles, dado que se perdieron cuando la filmoteca del estudio se incendió el 2 de julio de 1910.
Durante esa época, inmerso en el mundo que lo apasionaba y ya con su nombre artístico Moe Howard, se volvió muy cercano al actor Ted Healy. Para 1922, con algunos años de trayectoria a sus espaldas, junto a su amigo y a su hermano Shemp Howard conformaron el grupo Ted Healy and His Stooges. Tres años después, se unió a ellos Larry Fine (el “chiflado” de la cabellera alborotada). Aunque no eran parientes de sangre, Moe mantuvo con él un lazo tan fuerte que lo consideraba un hermano más.

Al principio todo parecía funcionar en el equipo, pero con el tiempo la relación laboral con Healy se deterioró. Todo estalló por los aires cuando no lograron ponerse de acuerdo con un contrato cinematográfico. Para 1933, y con las tensiones y las diferencias dentro del grupo, Shemp decidió dar un paso al costado para dedicarse a una carrera en solitario en el cine y su lugar lo ocupó -al año siguiente- otro de los hermanos Howard: Jerome Lester (quien al poco tiempo se cambió el nombre a Curly. Sí, el calvo).

Así fue como Moe, Larry y Curly firmaron un contrato con Columbia Pictures y se convirtieron en Los Tres Chiflados, famosos por combinar en sus sketches humor absurdo y comedia física: se golpeaban constante y exageradamente con cachetadas, se estrujaban las narices y se hacían piquetes de ojos, además de lanzarse a la cara pasteles de crema. Claro que este tipo de humor les valió muchas críticas porque no faltaban quienes consideraban que lo que hacían era violento e incitaba a los niños a replicarlo en sus casas. Por eso, cuando tenía oportunidad, Moe se encargaba de mostrar el “detrás de escena” de sus grabaciones para dejar en claro que (casi) nadie salía herido en los cortometrajes.

Corría 1946 cuando un duro golpe impactó de lleno al trío: Curly sufrió un accidente cerebrovascular, agravado por el consumo de alcohol y otros problemas de salud. Aunque en un primer momento pensaron que sería algo pasajero, en el fondo sabían que no iba a poder continuar. Moe pensó que ese era el fin, pero su esposa Helen fue quien lo convenció de que buscara otra opción y no se rindiera. Ante este panorama, decidieron que quien ocupara su lugar fuera el mismo que los había acompañado en los inicios: Shemp.
Con una trayectoria que abarcó casi cinco décadas (1923-1970), Los Tres Chiflados se convirtieron en un ícono de la cultura estadounidense y en verdaderas leyendas de la televisión gracias a sus más de 190 cortometrajes. Aunque el trío experimentó varios cambios en su formación —con Moe y Larry como los únicos miembros permanentes—, por el grupo también pasaron los hermanos Curly y Shemp Howard (fallecidos en 1952 y 1955, respectivamente), así como Joe Besser y Joe DeRita, este último encargado de cerrar la etapa final del legendario grupo.

El hombre detrás del flequillo más famoso
El look de Moe Howard era algo que no pasaba desapercibido cuando era pequeño entre sus compañeros de clase y tenía detrás una historia que él mismo se encargó de contar cada vez que, ya consagrado, se lo preguntaban. Resultó que a su madre le encantaba que luciera el cabello largo con bucles que le llegaban al hombro, pero a él no le agradaba para nada. De hecho, a diferencia de lo que ocurría con sus hermanos, la mujer lo despertaba muy temprano para poder peinarlo antes de enviarlo a estudiar. Pero un día él decidió cortárselo en modo ‘tazón’. “Sin mirar, pasé la tijera por toda la cabeza y cuando me vi en el espejo era un espanto. Fui a casa y mi madre se desmayó ahí mismo. Esto fue muchos años antes de que nacieran los Beatles”, recordó con un poco de humor en una aparición de 1973 en el programa The Mike Douglas Show. Además, contó que, ya famoso, de su corte de cabello se ocupaba desde hacía varias décadas el mismo barbero.

El amor que lo acompañó toda la vida
El 7 de junio de 1925, Moe estaba a poco de cumplir 28 años. En pareja desde hacía un tiempo con Helen Schonberger (prima del ilusionista Harry Houdini), ese día pasaron por el altar. Conformaron una familia de cuatro con la llegada de sus hijos Joan y Paul, y estuvieron juntos cinco décadas. Durante su matrimonio, el actor demostró su lado más romántico: “Era un hombre muy sentimental y me escribió cientos de poemas de amor cuando recién nos casamos”, recordó Helen en un reportaje. Además, compartió una anécdota que mezclaba humor y un gran acto de amor: “En nuestro décimo aniversario de bodas, sonó el teléfono y una voz extraña al otro lado me preguntó si aceptaría a Moe Horwitz como mi legítimo esposo. La voz procedió entonces a realizar toda la ceremonia de boda, conmigo en un extremo y Moe (la voz misteriosa) en el otro. Al final, con una hermosa voz de barítono, cantó ‘Oh Promise Me’, la canción que sonó en nuestra boda”.
Cuando en 1927 Helen le anunció que estaba embarazada de su primera hija, le pidió a Moe que por un tiempo dejara los escenarios y los sets de grabación y pasara más tiempo con ella. Él no pudo decirle que no. Dio un paso al costado e intentó probar suerte en los negocios inmobiliarios, pero no le fue como esperaba. Y es que su camino —en el fondo lo sabía— era el del espectáculo. Su esposa lo entendió. Pocos años después llegó el momento de despegue de su carrera.

A diferencia del cascarrabias y gruñón que se veía en pantalla, cuando las luces se apagaban y dejaba el estudio, Howard cruzaba la puerta de su casa y cuidaba de los suyos. “Era un padre amoroso. Aunque tenía dificultades para demostrar su amor con abrazos y besos, cuando se iba de gira por sus presentaciones, volvía con valijas llenas de regalos para mi hermano y para mí. Esa era su forma de demostrarnos su amor”, reveló su hija, Joan Howard, durante una entrevista con David Letterman en 1983.
En otro reportaje, contó: “Aunque socialmente no era un hombre gracioso, sino bastante reservado, cuando los niños lo reconocían en la calle, incluso cuando llevaba el cabello peinado hacia atrás, él sacaba fotos suyas que tenía en el maletero de su auto y se las firmaba. Se sentía en deuda con los fans y no podía decirles que no si se le acercaban y le pedían un autógrafo”.

Además de hacer reír, a Moe le gustaba jugar al golf y asistir a partidos de fútbol americano y peleas de boxeo. Encontraba tranquilidad en la jardinería, el tejido de alfombras y la cerámica. “Elegía formas, objetos, coloreaba y después horneaba. Le encantaba hacerlo. Hacía tazas, les ponía nombres y luego se las regalaba a los famosos. Tengo en mi poder una carta de Bobby Kennedy agradeciendo por recibir una”, rememoró Joan.
El actor no solo era el líder creativo de Los Tres Chiflados, sino el pilar financiero del grupo. Consciente de la impulsividad de sus compañeros, negociaba contratos y gestionaba las inversiones, pidiéndoles un porcentaje de lo que ganaban, para poder asegurarles una vejez tranquila. Esta astucia comercial, sumada a su disciplina, fue lo que mantuvo al trío unido y solvente durante mucho tiempo.

El comediante dedicó sus últimos años de vida a una autobiografía: Moe Howard y los Tres Chiflados. Sin embargo, murió poco tiempo antes de terminarla. Fue su hija quien asumió la tarea de completar el texto que se publicó en 1977 —dos años después del fallecimiento del actor— y vendió más de 50.000 copias.
En una de las últimas entrevistas televisivas que dio antes de morir al periodista Jack Perkins de NBC Nightly, ya con el pelo cubierto de canas pero siempre con su icónico corte taza, Moe Howard habló de su legado. Histriónico y con una memoria intacta sobre el comienzo de su carrera y el papel que lo catapultó a la fama mundial, reflexionó: “Hay niños en todo el mundo, no solo en los Estados Unidos, que ven las películas de Los Tres Chiflados. Estoy seguro de que estas durarán para siempre”.
Un legado que sigue vigente a 51 años de su muerte
La escritora y cineasta Tessa Maurer, nieta de Joan y bisnieta de Moe, se encarga en la actualidad en sus redes sociales de mantener vivo el recuerdo del actor y, de hecho, hace unos años la entrevistaron junto con el nieto de Curly y la tataranieta de Shemp para homenajear al trío.

Ella contó que su abuela fue la encargada de preservar con mucho orgullo la memoria del actor: “Escribió varios libros sobre Los Tres Chiflados, cuidó la propiedad de Moe Howard, tenía un museo en su ático y asistió a muchas convenciones de fans".

Una amistad más allá de la pantalla
Moe Howard perdió a sus hermanos Curly y Shemp en la década del 50 y, más allá de su esposa Helen y sus hijos, tenía una persona muy especial en su vida. Junto a Larry Fine mantuvo un vínculo que iba más allá de las bromas y la fama. El propio Larry afrontó grandes pérdidas. En 1961, su único hijo murió en un accidente automovilístico, algo que lo sumió en una profunda tristeza. Seis años después, falleció su esposa y se quedó prácticamente solo. Su último tiempo lo pasó en un asilo en California a raíz de un derrame cerebral porque requería ciertos cuidados. Recibía muy pocas visitas, pero la de Moe no faltaba. Una de las últimas fotos juntos data de 1974.

Cuando Larry murió el 24 de enero de 1975, Moe quedó devastado. Había perdido a su hermano de la vida, a su cómplice de risas. Los recuerdos que quedaban de la época de oro de Los Tres Chiflados se apagaban poco a poco y él lo sabía. Apenas tres meses después, afectado por un cáncer de pulmón, falleció en el Hospital Presbiteriano de Hollywood. Tenía 77 años.

El reconocimiento de los fanáticos y una estrella que tardó en llegar
En Filadelfia, el lugar de nacimiento de Larry Fine, se hicieron a lo largo de los años decenas de convenciones de fanáticos. Durante estos eventos con el público caracterizado como los personajes, la gente se reunía para ver cortometrajes, comprar artículos de colección y conocer a familiares y actores secundarios de la serie. Muy cerca de allí, en las afueras de la ciudad, se encuentra The Stoogeum, el museo dedicado exclusivamente a Los Tres Chiflados: cuenta con tres plantas donde se albergan más de 100.000 piezas de memorabilia, una biblioteca de investigación y hasta una sala de cine. Incluso, el trío tiene una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood que les fue otorgada el 30 de agosto de 1983, más de 60 años después de que comenzaron a actuar, aunque ninguno de los miembros originales estaba vivo en ese momento.

Aunque el telón bajó para siempre con la muerte de Moe, hay momentos en los que suele levantarse: cuando un espectador nostálgico encuentra algún episodio en televisión, se detiene y, con solo mirarlo, no solo se ríe de lo absurdo, sino que durante ese rato vuelve a ser niño.
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