Una agente del FBI persigue a una poco convencional viuda negra en esta serie imperdible de Disney +
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Furia (Estados Unidos/2026). Creación: Elizabeth Meriwether. Elenco: Emmy Rossum, Lola Petticrew, Quincy Tyler Bernstine, Scoot McNairy, Jack Lacy, Rob Yang, Larissa Campos. Disponible en: Disney+.
Furia es una nueva versión del juego del gato y el ratón. Y es cierto que ese esquema parecía agotado después de tantas historias de policías y asesinos que se persiguen, se atraen y repelen, se revelan con correspondencias en sus comportamientos erráticos y en las fatales resoluciones de sus derroteros de realidad o ficción. Y aún resulta más suspicaz la comparación cuando son dos piezas femeninas las del juego, sobre todo debido a la tentación de replicar el abordaje satírico de Phoebe Waller-Bridge en Killing Eve, coqueteando con un tono de deconstrucción que puede resultar un arma de doble filo (tal como derivó en la pérdida de rumbo para aquella serie).
Sin embargo, Furia es otra cosa: es un consciente estudio sobre el arquetipo de la víctima de violencia, que escapa a las resoluciones sencillas, los retratos maniqueos y las estrategias de explotación del tema como agente de entretenimiento. Furia explora la profunda espesura de esa condición, aún con el vértigo de una narrativa criminal efectiva.
El primer eslabón del juego que se presenta es Catherine (la excelente Lola Petticrew), impávida con su máscara de Halloween, frente a la agonía de la última de sus víctimas en una mansión vacía. En la misma Nueva York, la agente Alice Black (Emmy Rossum) atiende reclamos trasnochados en el call center del FBI cuando un colega de la policía pide su asistencia para descifrar las últimas horas del hijo de un poderoso millonario: el montaje de un suicidio, los indicios de una novia desaparecida, la trama oculta de una venganza. A partir de allí, la creadora Elizabeth Meriwether (The Dropout, Dying for Sex) entrelaza los recorridos de sus dos protagonistas sin unirlas en escena, solo conducidas por su astucia para el ocultamiento o su sagacidad para la revelación, secretamente víctimas de una violencia que ahora encarnan. Catherine desde su pasado como víctima del tráfico de personas; Alice como sobreviviente de una relación abusiva con un colega que aún deja secuelas.

Furiosa se sostiene en la ambigüedad de su título, que expone una furia alojada dentro y fuera del cuerpo que la ejecuta y la padece, dentro y fuera de la ley que debe contenerla y regularla. Catherine es sinuosa y menuda, con múltiples identidades y apariencias, con un pasado que la serie misma va revelando como parte de un rompecabezas. ¿Cómo escapó de la red de trata que la explotaba en su adolescencia? ¿Es de los responsables de su calvario de quienes ha decidido vengarse? ¿O busca algo más, la verdad sobre un crimen irresuelto?
El trabajo de Petticrew es notable, algo que ya había demostrado en la excelente Say Nothing (2024), pero que adquiere ahora una nueva dimensión, más elíptica y desconcertante. Nada en su personaje es previsible, su presencia es frágil e implacable al mismo tiempo, escapando de los lugares comunes de la representación de ese dolor mezclado con ferocidad.

Alice también guarda sus secretos. La relación de abuso con un superior la dejó marcada en la fuerza policial: sospechada por sus antiguos compañeros, eludida por los que la presienten una amenaza. Salvo su amigo, el detective Danny Kelly (Scoot McNairy), quien la reintroduce en la investigación y le permite elaborar su propia condición de víctima, y la veterana del FBI Nora Washington (Quincy Tyler Bernstine), curtida en las desilusiones del sistema tras sus años en la investigación de abusos a menores y trata de personas, los demás la sancionan o la menosprecian. En la pesquisa de esa venganza que cobra vidas de millonarios, dealers y abogados de poderosos, Black debe poner en juego sus propios miedos y ansiedades, su propia furia escondida, que quizás no es tan distinta de aquella que define a la implacable victimaria. Emmy Rossum tiene una tarea más compleja, que consiste en sortear los lugares comunes de las detectives contemporáneas, a menudo ataviadas con sus traumas y vidas personales convulsas, para darle una identidad propia y significativa.

Furiosa se desmarca de varios de sus condicionantes: no es la historia de una viuda negra (pese a que el punto de partida haya sido la película de 1987 con Debra Winger y Theresa Russell que ensayaba esas referencias), ni es un policial de asesino serial (Catherine dista de esas motivaciones, algo que se evidencia en la confección compleja de su modus operandi), y también elige un tono denso y sombrío sin perder el vértigo del relato, ni caer en la solemnidad expositiva. Es una serie adulta, que no da nada por sentado, ni considera al espectador un pobre ingenuo al que debe iluminar. Nos acompaña en un viaje oscuro sobre lo complejas que son las condiciones de victimización en sociedades cada vez más violentas, donde lo negado públicamente sigue allí presente, haciendo estragos.



