
Diciembre 7, 8 y 9. Estadio Luna Park, Buenos Aires.
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Tensando las cuerdas
Satriani, Vai, Fripp y una mezcla de demostración y clase práctica del intenso arte de tocar la viola.
Desde que Joe Satriani comenzó en 1996 con el proyecto G3 ha tenido varios camaradas de armas. El primero (además de Steve Vai, que estuvo en casi todos) fue Eric Johnson, y también pasaron, entre otros, Michael Schenker e Yngwie Malmsteen. Pero la combinación para la versión 2004, con Robert Fripp, el elusivo líder de King Crimson, parecía la más extraña de todas. El británico fue el encargado de abrir el recital, sentado en el fondo del escenario y casi envuelto en las sombras, con 20 minutos de sus soundscapes , pasajes ambientales casi abstractos que logra con loops, delays y notas de guitarra con prolongado sustain . Claro que las miles de remeras de Nightwish, Maiden, Almafuerte y más (eso sí, todas negras) no iban allí buscando ambient , y muchos hicieron notar su impaciencia, ante un Fripp que, como está más allá de todo, hasta parecía divertirse con la situación.
Pero enseguida llegó Vai con una voluminosa guitarra de tres cuellos (nota para guitarristas: fretless, 6 y 12 cuerdas), y marcó el verdadero tono de la noche con "I Know You’re Here". Su banda, un verdadero supergrupo shredder , con Billy Sheehan en bajo y Tony McAlpine en guitarra y teclados, además de Dave Weiner en guitarra rítmica y Jeremy Colson en batería, proporciona el marco épico y grandilocuente que caracteriza las composiciones de Vai, desde veloces maratones como "Giant Balls of Gold" y "Reaper" hasta la majestuosa balada "For the Love of God". Vai, con un ventilador al frente que hace volar permanentemente su cabellera al viento, es además de virtuoso consumado, un showman muy consciente (quizá demasiado) de la reacción de su audiencia, y recurre a trucos como tocar con la lengua y hacer girar la guitarra sosteniéndola de la palanca de trémolo.
La actitud de Joe Satriani es casi opuesta a la de Vai (quizá por eso se complementan tan bien). Con iguales dosis de virtuosismo, pero dotado de una actitud mucho más rockera, él y su banda; Jeff Campitelli en batería, Matt Bissonette en bajo y Galen Henson en guitarra rítmica; salen vestidos como cualquiera de su público (jeans, remera negra), a comerse el escenario a pura energía. Claro que además sus temas son verdaderos hits con melodías memorables, desde el frenesí de "Satch Boogie" hasta el lirismo de "Always with Me, Always with You", pasando por los riffs de "Cool#9" y la nueva "Is There Love in Space". Además, su fluir de ideas y recursos para improvisar es prácticamente inagotable.
Pero, sin duda, el plato fuerte de este concierto de tres horas y media, el que todos esperamos, llega cuando los tres se unen (con la base rítmica de Satriani) para un segmento que incluye un tema de cada uno: "Ice 9", de Joe; el clásico de King Crimson, "Red" (Robert ya se había unido a Satriani para la última parte de su set) y "The Murder" de Steve. El grand finale es (sorpresa) con un tema de Neil Young, "Rockin’ in the Free World", en el que hasta el flemático Fripp dejó escapar una sonrisa. La misma con la que abandonaron el estadio miles de chicos, que volvían presurosos a sus casas... a practicar con la guitarra e imitarlos entre sueños.




