
Gieco rompió el hielo
Civiles y militares bailaron en la Antártida junto al músico
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Era la medianoche del martes y, definitivamente, la escena parecía de otro planeta. Una doble ronda compuesta por militares, organizadores y jefes de prensa, saltaban eufóricos alrededor de León Gieco. El músico cantaba "Guantanamera" y no daba crédito a lo que sucedía. Más allá, más militares parados sobre las sillas y las mesas, coreando a garganta pelada. Otros, comandaban un pogo antártico y arengaban con frases como "a morir" y "dale gas". La televisación del primer concierto realizado en la Base Vicecomodoro Marambio de la Antártida, ya había terminado hacía varias horas, pero la verdadera fiesta recién comenzaba.
A esa hora, el recital de Gieco para la televisión parecía sólo una excusa en la base antártica argentina. Como si las cámaras hubieran reprimido a los treinta y seis hombres que componen la dotación permanente, una vez cerrada la transmisión oficial y luego de comer y beber a piacere, el show tuvo el marco merecido para semejante suceso. Tanto, que el recital que había oficiado de cierre del ciclo Argentina en Vivo, pasó a ser una anécdota.
Gieco tuvo que repetir "Guantanamera" seis veces, a pedido de los militares que no paraban de saltar y cantar, y no salía de su asombro por la resonancia de sus canciones en este grupo de hombres, a 4800 kilómetros de Buenos Aires.
Hubo más postales de este concierto histórico, íntimo y reservado sólo para ochenta personas: el jefe de la dotación entonando, cara a cara con Gieco _al mejor estilo McCartney- Lennon-, "La Navidad de Luis"; otro de los militares recitando, verso a verso, las estrofas de "Hombre de hierro", una canción símbolo de la juventud en contra de la dictadura; las esposas de los hombres de la dotación, hablando por teléfono con un Gieco emocionado; el mismo León, al final de todo, riendo con las ocurrencias que su amigo Charly García le ofrecía desde su casa vía teléfono, en una conexión histórica Buenos Aires-Antártida; y más, mucho más.
Afuera, la tormenta de apenas diez minutos antes comenzaba a despedirse y la temperatura exterior -llegó a 47 grados bajo cero-, tenía su contracara en el calor y el entusiasmo de una noche memorable.
Misión cumplida
Previo a la fiesta, sí hubo un concierto medianamente formal, que se convirtió en el primero en esta base, ubicada en el paralelo 64 del continente blanco. Anteanoche, Gieco cumplió uno de sus sueños más sagrados: tocar en la Antártida. Después de dieciocho años intentándolo, el músico llegó a Marambio para dar por finalizado el ciclo Argentina en Vivo, organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación.
Sólo con su guitarra fileteada -no lo acompañó ningún músico-, Gieco apostó a un set atípico si se tienen en cuenta sus últimas presentaciones. Es que la idea original incluye la posterior edición de un álbum en vivo y un video y, por lo tanto, el músico no tenía la intención de repetir canciones que ya hubiera en otros recitales convertidos en discos.
"Maturana", "La canción de Francisca", "A don Sixto Palavecino" y "Soy un pobre agujero" fueron algunos de los temas que quedaron registrados en cinta. Luego sí, los éxitos de siempre: "Km 11", "Carito", "Cachito", "Los Salieris de Charly" -con un estribillo especial: "Cárcel a Pinochet, cárcel a Pinochet"- y el cierre con "Sólo le pido a Dios", dedicado a los desaparecidos, a los obreros de América latina, a las Madres de Plaza de Mayo y a todos los luchadores de los Derechos Humanos, entre otros.
"Desde que hicimos "De Ushuaia a La Quiaca" queríamos montar un show acá -le contó Gieco a La Nación -. Es una experiencia inolvidable, me siento privilegiado por haber llegado hasta aquí, a este continente que, en cierta forma, es nuevo, es virgen." Piti Iñurrigarro, manager del artista desde hace veinte años, remarcó que "la idea la propusimos nosotros porque León deseaba actuar en la Antártida desde hace muchísimo tiempo. Era un viejo proyecto que se frustró siempre, por distintas razones y con los diferentes gobiernos. Había cantado en las 22 provincias del país y sólo quedaba la Antártida".
"Para mí era un misterio cómo me iban a recibir aquí -confesó León-, ni me imaginaba que iban a ser tan cálidos. Me encontré con una generación nueva, muchos técnicos, biólogos e investigadores que apoyan todo lo que tiene que ver con la ecología. Mucha gente del interior de lo más buena y que me sorprendieron para bien."
El vicecomodoro Fernando Klix, a cargo de la dotación, es uno de los integrantes del grupo folklórico de la base Marambio, Ya Cansan, que Gieco invitó a actuar como soportes del concierto en cuanto se enteró de su existencia. "En el interior siempre trato de que toquen artistas del lugar -cuenta- y cuando me enteré de que había tres de los militares que tenían un grupo, ni lo dudé. Cerraba el concepto general del concierto."
Gieco hizo cantar a las ochenta privilegiadas personas que presenciaron este concierto, en una noche difícil de olvidar. Por el marco geográfico, por el significado, por el simbolismo en general y por ser un hecho único e histórico: un recital y una fiesta posterior desmedida, realizada en una base militar. Una hora y media de show transmitido por televisión y bastante más, de modo totalmente informal gracias al clima de intimidad reinante, para los aquí presentes.
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