
Gracias a una vieja revista
El azar -y la generosidad de unos amigos- pone en mis manos un ejemplar del número 397 de la revista Sintonía, del 11 de junio de 1941. Sintonía ("la revista para toda la familia", rezaba el subtítulo) era la rival encarnizada de Radiolandia: ambas proveían de abundante, sabrosa información sobre la actividad en la radio, el medio de comunicación más difundido, veloz y eficaz de la época, y sobre el cine argentino, que por entonces promediaba su edad de oro.
La página 29 lleva un titulo promisorio, "Brújula teatral", y este consejo: "Conservando esta página dispondrá en toda oportunidad de exacta orientación sobre el movimiento de nuestra escena; su colección será el mejor álbum de consulta". Consultemos, pues. En el recuadro "Se distingue" asoma, fotografiada de perfil, la ilustre (y hermosa) Camila Quiroga, con este epígrafe: "Camila Quiroga, en el Teatro Argentino, personificando la figura protagónica de Luisa, en "Puente de sangre", última producción del dramaturgo español Eusebio de Gorbea, encuadrada por nuestra gran actriz con excelente acierto". Lo que no obsta para que, un poco más abajo, en la reseña respectiva, se consigne: "El laureado comediógrafo español no respondió al entusiasta clima creado alrededor de ésta su primera obra escrita en Buenos Aires. Con tendencia folletinesca, sabor arcaico y largos parlamentos, no logró entusiasmar al público más que en leves pasajes. Camila Quiroga, fiel a su historia de gran actriz; su hija Nélida apuntóse un nuevo paso triunfal en su carrera; graciosa Malisa Zini; correctos, Pelliciotta, Soria y Alvarado; y en los demás... hubo de todo".
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En el París (que ya no existe) estaba Luis Arata con, entre otros, Angeles Martínez, Mary Parets, Miguel Ligero y Claudio Rodríguez Leiva en "Yo la vi guiñarte el ojo", de Hennequin y Weber, en traducción y adaptación de Julio F. Escobar. Era un añoso vodevil francés que, según esta crítica, "no puede zafarse de su sabor a viejo", aunque reconoce la perduración de "sus momentos graciosos, que hacen pasar un par de horas agradables al público que la escucha". En el Cómico (hoy Lola Membrives), Olinda Bozán y su sobrino, Paquito Busto, hacían de las suyas en la reposición de "La plata hay que repartirla", de Antonio Botta, estrenada el año anterior en el Smart (hoy Blanca Podestá) por Leopoldo y Tomás Simari.
La actriz del momento era Paulina Singerman, que a partir del film "La rubia del camino" (Manuel Romero, 1938) había impuesto su personaje fetiche de muchacha rica y malcriada, al que trajinaba ahora por el escenario del Astral, como "La mejor del colegio". En el Avenida, Lola Membrives interpretaba -magistralmente: quien firma esta columna, entonces apenas adolescente, pudo verla- "Las tres perfectas casadas", de Alejandro Casona. Otra estrella, Mecha Ortiz, seducía en el Smart con "El hombre que yo quiera", y en el Ateneo estaban los encantadores Piccoli de Podrecca, retenidos en Buenos Aires por la Segunda Guerra.
Curiosidades; en todos los casos se menciona al escenógrafo, pero no al director del espectáculo. Este no había nacido todavía, tal como hoy lo conocemos, y era la cabeza de compañía quien fijaba el movimiento, a partir de que esa figura, actriz o actor, ocupase en todo momento el centro del tablado y fuese el blanco infalible de los reflectores.





