
Grandes en versión para chicos
Son figuras consagradas que se animaron a hacer teatro infantil. Los niños, coinciden, exigen personajes y textos creíbles
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Sus nombres son conocidos en trabajos para adultos en el teatro y en la pantalla chica, pero alguna vez estos actores (la lista es larga ) subieron al escenario para enfrentar una platea llena de chicos. La Nación se acercó a algunos de ellos para preguntarles cómo vivieron la experiencia.
En esta nota recogemos impresiones de algunos que nunca antes habían hecho teatro para chicos y este año lo hicieron y otros que interpretaron varios espectáculos infantiles, pero actualmente están con otros proyectos para adultos.
"Jamás se me pasó por la cabeza que podría hacer un infantil -comenta feliz Valeria Lynch después de su experiencia en "Lucía la maga", de Marisé Monteiro-. Cuando Marisé me convocó, me sorprendí, pero tuve ganas de probar. Y ha sido una experiencia única, distinta, maravillosa."
Menciona el éxito del espectáculo que saldrá en gira en el verano a Necochea y Grand Bourg y que piensan reponer el año que viene en temporada. "Los chicos son un público muy justiciero -prosigue-, siempre están a favor de la verdad; pueden ser crueles, pero no por crueldad, sino por sinceridad. Yo le decía a Gipsy Bonafina, mi maravillosa directora, "¿Y si no los convenzo?" Me daba miedo sobreactuar, que se sintieran tratados como tontos: he visto tanto de eso y tenía terror de caer en lo mismo. Sentía que me moría si me pasaba, sabía que allí había un abismo en el que me podía caer. Pero ella me decía que me soltara, que fuera natural, me ayudó a construir el personaje. Cuando vi que los chicos me aceptaban como Lucía, que me creían, empecé a soltarme y lo disfruté. Me sentí muy cómoda. Creo que Lucía también es Valeria, lo más lindo de Valeria."
"Se aprenden muchas cosas arriba del escenario con ese público -continúa Lynch-. Porque recibís de ellos la verdad en forma inmediata. Y sentí que les debía mi verdad. Eso hice. A medida que me sentía más segura, podía darles más espacio para sus intervenciones espontáneas. Ellos me cuidaban, se preocupaban por mí; también era lindo ver cómo se enojaban con los "malos". Para mí es un deslumbramiento, descubrí un mundo mágico. Y me pasan cosas como ésta: yo temía que al salir sin la peluca les iba a quebrar la ilusión. No fue así, los chicos a la salida me dicen: "¡Hola, Lucía!" y me preguntan: "¿Ahora te vas al país de la magia?""
Ser aceptados
A diferencia de Valeria, una señora del escenario, que sin embargo temblaba al pensar en enfrentar a la platea menuda, Mariana Fabbiani, con los mismos temblores, hizo con "Cenicienta... la historia continúa" su primer trabajo en teatro.
"Tenía bastante miedo porque la gente venía a los ensayos y me decía: "Mirá que los chicos están acostumbrados a que los deslumbren, a los efectos, se manejan mucho con lo visual y de una Cenicienta esperan el esplendor del palacio". Nosotras con Rosario (Lejarraga, coautora del libreto) habíamos pensado que no queríamos el decorado fastuoso, porque Cenicienta no era así, ella no lo veía. Que los chicos tampoco lo vieran. Fue bárbaro cuando Daniel Casablanca, el director, decidió por su cuenta una escenografía despojada.
"Por supuesto -continúa-, si yo les pongo un muñeco enorme que dé vueltas por el escenario van a prestar atención. Pero después de dos o tres vueltas, ¿qué hago? ¿Con qué lo sostengo? Elegimos proponerle al chico que preste atención desde la historia. Era muy riesgoso, pero era en lo que creíamos. Lo que no puse en la escenografía lo puse en un buen plantel de actores. Y creo que formamos un grupo de buen nivel que redondea el relato con la actuación "Para mí -sigue Fabbiani-, enfrentar a los chicos fue enriquecedor, divertido, lleno de sorpresas, me hizo crecer un montón.Tuve que separarme de una imagen fuerte, como la que tengo en PNP, y hacer real mi personaje. Hasta gané en aplomo frente a las cámaras. Porque en teatro estás ahí, sin red, resolviendo cada vez las cosas nuevas. Quise plantear el espectáculo desde un lugar que no incitara a la participación, no quería el "¡Hola chicoooos! ¿ Qué piensan? ¿Por dónde se fue?" Pero me di cuenta de que ellos lo hacen cuando lo sienten, te dicen lo que les pasa por la cabeza: cada día me encontré con reacciones distintas. Por ejemplo -comenta muy divertida-, un día todos estaban de mi parte, pero otro, algunos varones hacían un frente a favor del príncipe. ¡Y yo tenía ganas de decirles: "Ojo, chicos, que yo soy la heroína. Yo soy la buena, me tienen que apoyar a mí!" "Pero mi mayor felicidad -continúa Fabbiani-, mi consagración como profesional, fue salir a firmar autógrafos y que me llamaran Cenicienta y no Mariana. O que una nena me preguntara por qué no me había casado con el príncipe." Feliz, emocionada y agradecida por el premio ACE, cuenta que volverá con "Cenicienta..." para las vacaciones de invierno. Ahora está trabajando en un proyecto piloto para un programa infantil en televisión. "Pero es difícil -dice-, es muy difícil hacer algo serio, algo distinto, sin los lugares comunes de siempre, nadie se quiere jugar."
No subestimar
Integrante del grupo Los Macocos, que acaba de festejar sus quince años de trayectoria, Daniel Casablanca actuó en varios espectáculos infantiles con la dirección de Claudio Hochman: "El collar de Perlita", "La tempestad", "La increíble historia de un tacaño". Este año dirigió por primera vez "Cenicienta... la historia continúa".
"Pienso que uno no trabaja -dice Casablanca- para hacerlo a gusto de un espectador determinado, sino para cualquiera. Por supuesto, hay palabras y temáticas que no incluiría en un espectáculo para chicos, pero en el teatro para adultos tampoco las uso. Básicamente, creo que no hay que pensar que uno trabaja para un tonto. Si el chico piensa, o se da cuenta de que lo estás tratando como un tonto, te lo va a devolver.
"Mucha gente cree que si es un infantil no se pueden hacer algunas cosas y se deben hacer otras, se pone énfasis en la narración. Pero los chicos son fragmentarios, tienen su propio hilo, te vienen con otras historias, otros finales, y los pensás, y podrían ser. El teatro siempre educa, tiene otro tránsito más puro -sigue diciendo-. El espectador olvida el entorno para engancharse. Y eso es fundamental, que no se salga. Cuando aparece la tos, es porque se desengancharon. A veces el primero que se aburre es el padre, y el chico empieza a inquietarse, y después se aburre él también. Otras veces es al revés."
Vicios de la televisión
Según Casablanca, "la televisión es peligrosa por los preconceptos o actitudes que la gente lleva al teatro: salen a comprar golosinas, comen, conversan y reconocen a los actores más allá de los personajes. No están dispuestos a entregarse. Al principio, algunos chicos le gritaban "¡PNP!" a Mariana, pero después ya le decían Cenicienta, estaban enganchados con la acción.
"Mi formación grupal de 15 años con Los Macocos -continúa- me dio un entrenamiento especial. Estoy acostumbrado a hacer espectáculos apoyados en el actor, en el actor divirtiéndose, en su alegría jugando con su grupo. El cuerpo es muy revelador, maneja la síntesis, cuenta mucho y los chicos leen este lenguaje al instante. Personalmente, apuesto más a que lo cuente el cuerpo y no a que lo diga el texto. Así hay más poesía. Que el cuerpo haga traducciones, que narre la historia, mientras la palabra produce la emoción.
"Esto te obliga a ser auténtico -reflexiona-. Si el libro es malo, si no estás diciendo nada, se nota. No podés asumir que porque dijiste 10 veces una mala palabra tu espectáculo tiene mucho humor. Si mentimos todos en eso, actores, autor, director, el pobre espectador es engañado."
Vértigo y juego
Está ocupado planeando su temporada de verano con el exitoso unipersonal "El perro que los parió". Fabio Posca actuó en "La calle de las cosas perdidas", "Vivitos y coleando 3", "Locos re Cuerdos", y en un inolvidable "El gato con botas", dirigido por Hugo Midón.
""El gato con botas" fue una de las obras más alucinantes que interpreté -dice Posca-. Pude laburar la cosa cruda de ese gato sinvergüenza, y ser de pronto un gato que trepa esos escalones maquinando sus negocios, y después un gato diplomático, un abogado que negocia, y pasar velozmente de un momento a otro sabiendo que los chicos me seguían.
"Porque lo que no les podés mentir es lo que sos arriba del escenario -continúa-. Los chicos son terriblemente claros, si no les gusta lo que hacés, te dan la espalda. Creo que tengo cierta energía innata que se comunica muy bien con ellos. Si vos sabés cómo cautivar al espectador, desde algún punto lo van a recibir. Así piensa Midón, por eso me gustó tanto trabajar con él. Es muy importante todo: los gestos, las actitudes, lo que hacés con tu cuerpo. La otra cosa que importa es que trabajes desde lo afectivo, que seas sincero con tus emociones."
Posca dice que siempre trabajó paralelamente para adultos y para niños: "Desarrollé un estilo propio para laburar con los chicos, que es algo que siempre quiero hacer. ¿En qué consiste este estilo? Primero, en no subestimarlos. Después, podría decir que mi estilo en el teatro infantil es desestructurar la acción para jugar como juegan ellos, entrar en el código de ellos, empezar con la realidad y meterme en la fantasía, empezar con un juguete y terminar con una coreografía de rock. Los chicos juegan de esa manera, primero son mariposa, después juegan con el autito o la muñeca. Es copado ".
Vigencia del clown
"El teatro para niños es, para mí, una experiencia maravillosa -dice Roberto Catarineu-, que se define como mimo y actor, y que trabajó, entre otros espectáculos, en "Rebelión en la granja", "Narices", "Vivitos y coleando 1 y 2".
"Actuar para chicos es difícil -reflexiona-, porque los niños son seres completamente espontáneos. Todo depende de cómo estás trabajando. Es teatro, y el nivel lo marcan todos los aspectos que intervienen, desde la puesta, la música, el texto, hasta la ropa, el maquillaje, las coreografías. Todo tiene que ser del mejor nivel posible.
"Debe ser bello, poético, inteligente, además de divertido -continúa-. Para mí, hacer teatro para niños es lo mismo que hacer una obra de Ibsen. Exige el mismo rigor. Porque es algo que sale desde adentro de uno, que como actor compone un personaje. En "Narices", por ejemplo, o en "Vivitos...", somos actores payasos con toda la capacidad de juego, de ternura, de compromiso de una persona."
Catarineu recuerda las letras de canciones de "Narices", las canta: "Las personas serias, somos dos payasos que vamos del brazo...", mientras evoca el trío compuesto por él, Andrea Tenuta y Carlos March.
"Volcábamos cosas de la relación entre nosotros -recuerda-, cosas que salían en los ensayos, pero ahí estaba el director que nos contenía. Lo importante es que todo esto brotaba desde un lugar universal, no era solamente para los niños. Hugo Midón te propone algo básicamente inteligente, donde se dice algo, y tanto el chico como el adulto pueden encontrar lo suyo. Nos salían muchas cosas para adultos sin querer queriendo. Como actor, yo sí sabía que estaban los chicos, pero también que estaban los grandes que los habían llevado, y muchas veces eran los que con más avidez se divertían con mis locuras. Para el chico es importante que el grande también se divierta. Por supuesto, todo lo que hacíamos tenía que ver con la acción, y ésta, con la historia."
Escuela fundamental
También creadora de un personaje inolvidable, una cautivadora payasa, la inolvidable señorita Ante de "Narices" y las dos primeras versiones de "Vivitos y coleando", Andrea Tenuta se toma un tiempo para recordar su paso por el teatro para chicos, paso que no considera en absoluto cerrado.
"Trabajé desde muy chiquita, primero en La Galera Encantada, donde hice varias cosas; recuerdo especialmente "Romance de trovadores". Y luego, con Hugo Midón hice "Narices" y los "Vivitos y coleando". Creo que el teatro para niños es la escuela fundamental, un gran desafío actoral donde uno puede poner en juego todo lo que sabe y que usa en el teatro para adultos, pero llevado a un extremo. La gran diferencia es el público, porque es interactivo: aunque no se le pida participar, el chico lo hace igual. La experiencia de captar la atención de un niño -siempre y cuando a uno le interese, y esté dispuesto a hacerse cargo de sus reacciones- debe ser un objetivo del teatro para chicos, un objetivo verdadero. Y si se tiene éxito, el niño se estará transformando en público, en un espectador de teatro."
La actriz enumera cosas que el chico tiene que superar: aprender a callarse por un buen rato, estar sentado en una butaca sin levantarse en una sala a oscuras, por ejemplo.
"Están inquietos, los momentos antes, y cuando se abre el telón o se ilumina la escena, dan un grito, siempre dan ese grito cuando empieza; nosotros lo esperamos, es un grito que llega al techo, es el primer contacto del actor con ese público poderoso."
Según Tenuta, captar la atención del chico no quiere decir ponerlo nervioso ni eufórico, ni pedirle que salte o que se mueva. Es, por el contrario, lograr que se quede en silencio, que mire y escuche.
"Cuando se produce esa atención absorta -continúa la actriz-, cuando se produce el silencio, es un milagro, sabemos que está naciendo el futuro espectador de teatro. Eso da mucha alegría, porque si se convierte en un espectador de teatro, tiene un mejor futuro.
"Hacer teatro para niños -prosigue- es una enorme responsabilidad, es algo serio, muy serio. Quienes hacen teatro para chicos no pueden dejar de pensar que están trasmitiendo ideas, conceptos, actitudes que sin duda dejarán huella en los espectadores. Cuando en los ensayos esas cosas estaban bien resueltas, yo salía a actuar tranquila, ponía en libertad a mi propia niña mientras mi adulta vigilaba.
"La entrega me parece lo más importante -añade-. Elegís con qué le decís qué. Desde la actuación nada queda librado al azar. Por cierto, salgo abierta a recibir la respuesta espontánea de los chicos. Pero yo tengo claro qué va a hacer mi personaje. Creo que en la actuación es donde recae el mayor peso de responsabilidad. Es muy importante tener presente que con lo corporal vas a transmitir algo que va a ser imitado. Si tomamos posturas de niños bobos, ¿queremos que los chicos las reproduzcan? Ahora el teatro para chicos ha progresado, se ven cosas muy lindas. Creo que hubo un camino que se abrió con los clowns . Como clown se es niño y adulto a la vez, desde la excelencia de una técnica a la que el actor tiene que arribar. "Un espectáculo teatral es una ceremonia, un rito -concluye Tenuta-, y por eso es muy fuerte, es formador, queda impreso. Tenés que pensar que todo lo que hagas ahí va a ser recordado. Es una experiencia que se debe vivir en su totalidad, y por eso es importante que los papás les enseñen a comportarse como espectadores. Si no lo hacen, los chicos se pierden algo de la magia. Como cuando se acercan al escenario y quieren subir. Personalmente, no me gusta. Creo que tenemos que ayudarlos a que aprendan a ser espectadores."
Contar una historia
Entre ensayos y grabaciones, Soledad Silveyra, recuerda sus experiencias con "Alicia en el país de las maravillas", "El mago de Oz", "El príncipe feliz" (este último como directora).
"Soy una convencida de que si la obra es buena, y está bien hecha, al público le va a gustar y va a venir. Pero hoy hay que hacérselo saber en forma muy complicada, caés en todo el gasto de la difusión, necesitás el apoyo de la pantalla chica, y eso lo hace costoso.
"Creo que el espectáculo infantil para muchos dejó de ser lo que era, ahora se piensa en grandes producciones y efectos, hay que competir con toda esta saturación cibernética. Sin embargo, estoy convencida de que para ganarlos como público de teatro se necesita un trabajo profundo, y estar contando una historia con la actuación. Para mí, no existe otro camino.
"Es imprescindible la absoluta honestidad -reconoce la actriz- porque no existe la cuarta pared. Estás en comunicación directa con la platea, los chicos se meten. También hay diferencia con el tiempo. Por ejemplo, el humor es distinto que con los grandes, tiene otro timing. "Lo que se siente, la devolución de ese público no se puede comparar con nada; por eso quiero volver a intentarlo, pese a las dificultades. Es muy gratificante que un nenito de dos años te esté mirando con la boca abierta, sin pestañear, mientras le contás una historia con los códigos del teatro. Claro, tenés que estar contándole algo, no solamente sorprendiéndolo o asustándolo. Por eso requiere mucho trabajo. Es una tarea muy exigente. Me ha pasado, cuando voy a los colegios, salir a actuar con 1300 pibes, y pensar ¿cómo salgo al escenario? Pero el milagro se produce, el silencio está. Te entienden, te siguen. Eso emociona. Y sabés que estás compartiendo esa emoción con ellos. La emoción del teatro. Extraño eso, extraño a los chicos."
Prohibido aburrir
Enrique Pinti, que escribió varias exitosas obras infantiles ("Mi bello dragón", "Don Retorta y su robot", "Los disfraces de Piotor", "Corazón de bizcochuelo"), allá por 1967, en las que actuó, dice: "Los chicos también tienen sus problemas, que son serios para ellos, y merecen divertirse de verdad, es malo engañarlos con un producto falso. Cuando hago un espectáculo me planteo eso de que no les voy a hacer a los demás lo que no quiero que me hagan a mí. Nunca quisiera aburrirlos.
"Recuerdo cuando mis padres me llevaban a ver teatro y un tarado me preguntaba desde el escenario por dónde se había ido el otro, yo pensaba: "Vengo a descansar de esas tablas de porquería, de esas cuentas que me dan en la escuela y el sábado y el domingo, mis días libres, estos tipos me tratan de estúpido y quieren que les resuelva sus problemas". Y le decía mentalmente: "Dejate de macanas y entreteneme, haceme olvidar de que me pasan cosas que no me gustan, que tengo que ir a la escuela". Por suerte, descubrí que había otro teatro, si no, me hubiera perdido este mundo maravilloso".
Mane Bernardo, notable titiritera, solía contar esta anécdota: en una de las primeras ediciones de la Feria del Libro, su conjunto fue contratado para hacer funciones para los chicos. Un miembro del comité directivo fue a ver la obra. La sala estaba llena, a oscuras y en silencio. El espectáculo transcurría en el retablo y la platea observaba. El asombrado señor preguntó: "¿Y la participación?". Y Mane contestó: "¿Quiere mayor participación que ésta?".
Volver a ser niño, al menos por un rato
Actrices y actores que hicieron teatro infantil, y algunas obras para el recuerdo
Alicia Zanka: "Pulgarcita", "Gamuza".
María del Carmen Valenzuela: "Hansel y Gretel".
Carolina Papaleo: "La bella durmiente", "La zapatera prodigiosa".
Ana María Cores: "Locos re Cuerdos", "Hansel y Gretel".
Rita Terranova: "La sirenita".
Daniel Casablanca: "El collar de Perlita", "La tempestad", "La increíble historia de un tacaño".
Mariana Fabbiani: "Cenicienta, la historia continúa"( dirección).
Andrea Tenuta: "Romance de trovadores", "Narices", "Vivitos y coleando".
Divina Gloria: "Vivitos y coleando 3", "Salpicón", "Locos re Cuerdos".
Darío Grandinetti, José Marrale, Miguel Angel Solá: "Los mosqueteros".
Juan Leyrado: "Cyrano de Bergerac", "Los mosqueteros".
Hugo Arana: "Cyrano de Bergerac".
Víctor Laplace: "Rebelión en la granja" ( dirección), " Popeye y Olivia", "Bailando sobre la mesa".
Gustavo Monje: "Rebelión en la granja".
Marita Ballesteros: "Yo no fui, yo tampoco".
Gerardo Baamonde: "El corsario negro".
Daniel Miglioranza: "El Zorro".
María Leal: "El principito".
Iván González: "Peter Pan", "Aladino".
Jean Pierre Noher: "Aladino".
Florencia Peña: "Cenicienta, el musical infantil", "Tomi", "En mi cuarto Blancanieves".
Fabián Vena: "Frankenstein el monstruito".
Diego Torres: "El Zorro".
Pablo Rago: "El Zorro".
Fernando Lúpiz: "¡Grande brigada!", "El Zorro".
Emilio Disi: "¡Grande brigada!".
Lorenzo Quinteros: "El Quijote".
Gustavo Garzón: "La familia Frankenstein" ( dirección).
Fabián Gianola: "La familia Frankenstein", "Hansel y Gretel".
Norma Pons: "En mi cuarto Blancanieves".
Georgina Barbarossa: "Doña Disparate y Bambuco". "La familia Frankenstein".
Soledad Silveyra: "Alicia en el país de las maravillas", "El mago de Oz", "El príncipe feliz"( dirección).
Favio Posca: "El gato con botas", "Locos re Cuerdos", "Vivitos y coleando 3".
Valeria Lynch: "Lucía la maga".
Virginia Lago: "La farolera".
Roberto Catarineu: "Rebelión en la granja", "Narices", "Vivitos y coleando 1 y 2".
Mariana Fabbiani: "Cenicienta, la historia continúa".
Enrique Pinti: (autor y actor) "Mi bello dragón", "Don Retorta y su robot", "Los disfraces de Piotor", "Corazón de bizcochuelo".




