
"Hay que hacer algo para romper la inercia"
Manuel Lozano
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"El primer paso es levantar la mirada. Dejar de contemplarnos y empezar a descubrir un mundo por hacer. Un mundo que nos necesita, que nos llama a comprometernos en tareas de bien común. Un mundo donde podemos ser protagonistas", sostiene Manuel Lozano, director de Red Solidaria, institución fundada por el emprendedor social Juan Carr en 1995.
Lozano nació en Chascomús, tiene 26 años, es abogado y uno de sus muchos desafíos es integrar a Red Solidaria en un esfuerzo por transformar desechos -botellas de plástico- en ladrillos para construir viviendas para los sin techo. Lo acompañan en la empresa la Fundación Soledad Pastorutti y el Grupo Solidario Dar, de la Universidad del Salvador. El primer proyecto es construir viviendas ecológicas y un salón comunitario en el pueblo santafecino de Arequito, a 85 kilómetros de Rosario.
"El segundo paso es romper la inercia. Esto es muy importante. A veces uno encuentra gente bien intencionada que malgasta su tiempo en largas cavilaciones sobre qué podría hacer o cuál sería lo más urgente y necesario. Por pequeño que sea hay que hacer algo para romper la inercia, algo que nos ponga en acción. Al pasar de una actitud pasiva a una activa rompemos una barrera y se abre ante nosotros una multitud de posibilidades. Creo que una buena manera de romper la inercia es juntar botellas de plástico de cualquier tamaño, sin aplastar, para construir casas", aclara.
-¿Cómo nace la idea de la arquitectura con botellas?
-La tomamos de la doctora Ingrid Vaca Diez, abogada boliviana de Santa Cruz de la Sierra que construyó la primera casa con botellas de plástico en la Argentina, en el pueblo de Roldán, también en la provincia de Santa Fe. Vaca Diez trabajaba como defensora de la gente humilde y en vísperas de las fiestas les preguntó a los chicos de una comunidad qué les gustaría recibir como regalo de Navidad. Hubo pedidos de todo tipo, pero uno le llamó poderosamente la atención. Claudia, de 14 años, le escribió que deseaba una casa que no se inundara cuando lloviera, donde no se colara el frío a través de las chapas y con espacio para poner más camas porque estaba durmiendo con sus cinco hermanos en una misma cama, y los días de calor eran insoportables. Esa fue la primera casa que construyó.
-¿Dónde está ahora?
-Su base de operaciones es Santa Cruz de la Sierra, pero por estos días estaba a punto de viajar a Haití invitada por la Organización de Estados Americanos para ayudar a paliar la falta de viviendas destruidas por el terremoto.
-¿Cómo se usan la botellas de plástico?
-Como un ladrillo. El plástico es un material tremendamente resistente, que tarda 300 años en degradarse. Por eso encabezamos nuestros afiches para promover la campaña con el título Transformemos el plástico antes de contaminar el mundo . La botella se rellena con tierra o arena, se necesitan unos 3 kilos para un envase de 2 litros; eso le da consistencia, en cuanto a la cantidad y tamaño varía. Para construir un metro cuadrado se utilizan 81 botellas de dos litros, y para construir un salón de 120 metros cuadrados, unas 10.000 botellas de dos litros. Las botellas de dos litros se usan para construir las paredes exteriores de la casa, en las interiores se utilizan botellas de un litro y medio, y para baños y columnas, envases de medio litro.
-¿Cuántas botellas se necesitan para construir una vivienda tipo?
-Depende, pero imaginemos una vivienda con un living comedor, dos dormitorios, cocina y un baño. Habría que calcular unas 25.000 botellas, distribuidas de la siguiente manera: 15.000 para la casa propiamente dicha, 3000 para el tanque de agua y 7000 para la tapia que rodea la casa. En la Red tenemos un antecedente: la exitosa recolección de tapitas de plástico para apoyar la obra del Garrahan. Pero en ese caso no se utilizaba la tapita, sino el material; se fundía y se reciclaba el plástico.
-¿Recuerda cómo nació su vocación solidaria?
-Fue cuando tenía 8 años. Una mañana de invierno en la escuela hacía mucho frío, y cuando estaban por izar la Bandera vi llegar a un compañero que calzaba ojotas en vez de zapatillas. Fue un momento trascendente en mi vida porque de pronto tomé conciencia de los problemas de los otros. Estuve toda la clase pensando y cuando volví a mi casa se lo conté a mi madre. Enseguida nos pusimos en campaña para conseguir no sólo zapatillas, sino también ropa de abrigo. Al día siguiente, cuando llegué a la escuela con todo lo que habíamos conseguido, la maestra me llamó aparte, me felicitó por la comprensión y las ganas de ayudar, pero me explicó que mi compañero no calzaba ojotas porque no tuviera otro calzado, sino por prescripción médica. Se había lastimado un pie y hasta que la herida no se curase tenía que usar ese tipo de calzado. Sin embargo, la actitud solidaria se había despertado en mí. A partir de ese momento empecé a ver el mundo de otra manera y a buscar soluciones.
-¿Cómo se puede contactar uno con la Red Solidaria?
-Pueden escribir a redsolidaria@fibertel.com.ar o llamar al 4796-5828.
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