
Herrero, al rescate de la música folklórica
"Confesión del viento", presentación del disco de Liliana Herrero. Músicos: Facundo Guevara (percusión y accesorios), Diego Rolón (guitarra criolla y eléctrica) y Luis Volcoff (bajo, teclados, percusión y coros). Teatro ND/Ateneo.
Nuestra opinión: muy bueno
Para quienes conocen a Liliana Herrero no es una novedad que su trabajo se basa en poder recuperar aquellas perlas olvidadas de la música de raíz folklórica para pasarla por el tamiz de su particular color de voz y su visión musical sobre la cultura popular. Su público ha crecido con ella y es por eso que en la presentación de su último disco, "Confesión del viento", se podía respirar una especie de celebración ante una sala llena. A los 55 años, Liliana Herrero ha sabido traducir y difundir una música en otros ambientes y hacer una lectura siempre veraz, honesta, hundiendo el filo del pensamiento un paso más alla.
Trabajo elaborado
La cantante ha logrado un estilo propio, fundamentado en un trabajo muy elaborado desde lo armónico, donde tiene el apoyo fundamental del trío Guevara, Rolón, Volcoff, y en acotaciones sobre las melodías originales que pueden causar resultados fascinantes, enigmáticos, caprichosos y muy sentidos. Desde ese riesgo concibe la música Herrero y sobre ese territorio misterioso de la voz es donde la cantante experimenta naturalmente, acentúa cada frase y acompaña cada gesto con un movimiento corporal que va empujando la canción que macera en su garganta.
Su auditorio recibe las obras clásicas que la intérprete suele abordar en su repertorio como si fueran absolutamente inéditas, aunque conocen de alguna manera la intervención que Herrero suele hace sobre ese cancionero popular: una mirada diferente sobre una canción clásica como "Si vas para Chile", de Chito Faró, o un aire de litoral como "Oración del remanso", de Fandermole.
El público participa desde el silencio, un elemento más que Herrero pone en juego para impregnar su interpretación de un halo sugerente. La versión de un tema como "La nostalgiosa", de Falú-Dávalos, muy popular entre los seguidores del folklore, no tiene en la platea el eco del coro espontáneo que habla de cierto desconocimiento del género. Pero, sin embargo, conmueve por su cristalina pureza y por esa interpretación despojada apoyada en la guitarra de Diego Rolón.
En ese ambiente cómplice la cantante sólo se deja llevar con mayor libertad sobre la música y deja al pasar sus intervenciones verbales sobre lo que representan para su identidad esos sonidos. "Vuelvo al folklore porque es una forma de reencontrarme con esas perlas musicales que encierran la felicidad y el enigma de un país llamado Argentina", le dice a la gente que a través de su voz puede reconciliarse o distanciarse de otras formas folklóricas más tradicionales.
Como un torrente musical, Herrero produce un estallido de sensaciones sobre el escenario. Es capaz de generar la duda en registros conocidos, como "El cosechero"; despierta el asombro cuando su voz asoma como un hilo tímido y sensible en canciones como "Guitarra dímelo tú"; el desconcierto ambivalente en la versión de "Volver a los 17" (una verdadera muestra del sonido propio de Herrero, donde confluye un arreglo al estilo de Spinetta y la visceralidad poética de Violeta Parra); la emoción hecha carne de "Palabras para Julia", y la gratificante sensación de temas como "Esa tristeza" o "Confesión del viento", con la que abre y cierra su espectáculo. Su voz se transforma entonces en un viento que rescata las voces de una historia no oficial y arman el imaginario de un país que pudo ser.
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