
Historias de vestuario
Desde hace cincuenta años, Horace Lannes diseña los vestidos de las grandes divas argentinas; ahora, trabaja en los de "Juancito"
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Cuando en 1952 se estrenaba el film "La mujer de las camelias", con Zully Moreno en el papel protagónico, nacía Horace Lannes como diseñador de vestuario. El tiempo y más de un centenar de títulos cinematográficos y teatrales lo convertirían en un nombre ineludible para diseñar, con exquisito gusto y mano maestra, esos vestidos que, desde hace exactamente cincuenta años, lucieron y lucen las más esplendorosas divas de la pantalla y del escenario.
Caballero elegante, de finos modales y charla cordial poblada de anécdotas, Horace Lannes desafió las estrambóticas modas al centrarse en su talento para elegir colores y hacer pervivir el glamour de sus diseños en esas actrices que recurren a él para adornar sus personajes. Su trayectoria nunca conoció el descanso. "Siempre se me ocurre alguna idea distinta o algún trazo nuevo", explica durante un diálogo con LA NACION. En estos momentos, rodeado de centenares de vestidos, zapatos, sombreros y telas que inundan su taller, está dando los últimos toques al vestuario de la película "Juancito" cuyo rodaje, con la dirección de Héctor Olivera, comenzará en las próximas semanas.
"No es un trabajo fácil este vestuario -apunta-, ya que el film se centra en la tumultuosa existencia de Juan Duarte, el hermano de Evita, y la acción de la historia transcurre en las décadas del cuarenta y cincuenta. Debí diseñar casi doscientos trajes y vestidos de aquellas épocas. Imaginar, por ejemplo, la ropa para Norma Aleandro y Laura Novoa, que encabezarán el elenco, supone consustanciarse no sólo con una parte importante de la historia argentina, sino también con el buen gusto que imperaba en aquellos años dentro de un marco de exquisitez, sobriedad y nostalgia."
Lannes recuerda los inicios de su trayectoria artística: "Desde siempre me apasionó el dibujo. A los siete años gané un concurso radial en el que pedían dibujos a sus oyentes. Pero mis padres insistían en que debía estudiar, y me recibí de bachiller con la intención de continuar la carrera diplomática. Pero yo, nieto de una abuela francesa que frecuentaba los más exquisitos salones, salía deslumbrado de esos lugares en los que las damas vestían a la moda, desprendían destellos de sus joyas y paseaban su elegancia por los amplios espacios porteños. Sentía que necesitaba crear vestuarios, diseñar modas que pudiesen hacer más bellas a esas bellas mujeres. Y como el cine era otra de mis pasiones, pensé en conjugar mis dos inquietudes".
Este hombre ágil, de ojos claros y sonrisa permanente, recorre su taller
Cuando en 1952 se estrenaba el film "La mujer de las camelias", con Zully Moreno en el papel protagónico, nacía Horace Lannes como diseñador de vestuario. El tiempo y más de un centenar de títulos cinematográficos y teatrales lo convertirían en un nombre ineludible para diseñar, con exquisito gusto y mano maestra, esos vestidos que, desde hace exactamente cincuenta años, lucieron y lucen las más esplendorosas divas de la pantalla y del escenario.
Caballero elegante, de finos modales y charla cordial poblada de anécdotas, Horace Lannes desafió las estrambóticas modas al centrarse en su talento para elegir colores y hacer pervivir el glamour de sus diseños en esas actrices que recurren a él para adornar sus personajes. Su trayectoria nunca conoció el descanso. "Siempre se me ocurre alguna idea distinta o algún trazo nuevo", explica durante un diálogo con LA NACION. En estos momentos, rodeado de centenares de vestidos, zapatos, sombreros y telas que inundan su taller, está dando los últimos toques al vestuario de la película "Juancito" cuyo rodaje, con la dirección de Héctor Olivera, comenzará en las próximas semanas.
"No es un trabajo fácil este vestuario -apunta-, ya que el film se centra en la tumultuosa existencia de Juan Duarte, el hermano de Evita, y la acción de la historia transcurre en las décadas del cuarenta y cincuenta. Debí diseñar casi doscientos trajes y vestidos de aquellas épocas. Imaginar, por ejemplo, la ropa para Norma Aleandro y Laura Novoa, que encabezarán el elenco, supone consustanciarse no sólo con una parte importante de la historia argentina, sino también con el buen gusto que imperaba en aquellos años dentro de un marco de exquisitez, sobriedad y nostalgia."
Lannes recuerda los inicios de su trayectoria artística: "Desde siempre me apasionó el dibujo. A los siete años gané un concurso radial en el que pedían dibujos a sus oyentes. Pero mis padres insistían en que debía estudiar, y me recibí de bachiller con la intención de continuar la carrera diplomática. Pero yo, nieto de una abuela francesa que frecuentaba los más exquisitos salones, salía deslumbrado de esos lugares en los que las damas vestían a la moda, desprendían destellos de sus joyas y paseaban su elegancia por los amplios espacios porteños. Sentía que necesitaba crear vestuarios, diseñar modas que pudiesen hacer más bellas a esas bellas mujeres. Y como el cine era otra de mis pasiones, pensé en conjugar mis dos inquietudes".
Este hombre ágil, de ojos claros y sonrisa permanente, recorre su taller con mirada amorosa. Se detiene para rememorar su entrada al séptimo arte. Fue cuando conoció a Alexis de Arancibia, esposa del director Ernesto de Arancibia, a la que le presentó una carpeta con diseños de moda. Su intención, ya, era convertirse en diseñador de estrellas. "Pero antes de esto -subraya-, y mientras estudiaba en el colegio Mariano Moreno, conocí a Juan Homann, con quien compartí mis sueños artísticos y que me impulsó a no abandonar mi vocación. Con él vi en la pantalla a las más populares estrellas de aquellos tiempos, por ejemplo a Gloria Swanson y a Lilian Gish, que me atrajeron por su magnetismo y por su exuberante personalidad. Ya no tuve dudas, y nunca renuncié a mi intento de convertirme en diseñador de vestuario."
El primer trabajo para cine de Horace Lannes fue en el film "Tres negativos para un retrato", que debía dirigir el hijo de Enrique de Rosas. "Pero la película nunca se rodó -explica-, y en lugar de sentirme frustrado me presenté otra vez a Alexis de Arancibia, ya que su marido estaba preparando "La mujer de las camelias", una adaptación cinematográfica de la novela de Alejandro Dumas que debía protagonizar Zully Moreno. Corría 1952 y esta vez tuve suerte ya que el director Ernesto Arancibia coincidió con su esposa en que mis diseños eran los que necesitaba para vestir a Zully, una de las estrellas más populares de aquellos años. Y ahí comenzó todo. Mientras me convertía en lo que yo había soñado hice periodismo de modas en los diarios El Laborista y Democracia, intervine en programas de radio y televisión, me vinculé a mucha de la producción de Argentina Sono film y, en 1954, vestí a Lolita Torres en "Más pobre que una laucha", la primera película que hice fuera de Sono Film."
Tiempo de plumas
Paralelamente, Horace Lannes fue requerido por Luis César Amadori para vestir al elenco femenino de las revistas del teatro Maipo. "Esos fueron los tiempos de las plumas, de los colores, de la elegancia extrema -reseña-, en tanto que el cine me seguía dando grandes satisfacciones".
Títulos tan emblemáticos como "El hombre virgen", "Fantoche", "Sábado a la noche, cine", "Frutilla", "Así es la vida" "Los muchachos de antes no usaban arsénico", "El andador" o "La dama regresa" tuvieron en Lannes al vestuarista requerido por cada historia. "Vestí a las más importantes divas de nuestro séptimo arte -dice-, desde Libertad Lamarque hasta Isabel Sarli, pasando por Mecha Ortiz, Tita Merello, Susana Traverso, Niní Marshall, Laura Hidalgo, nombres a los que debo agregar el de muchas figuras extranjeras que vinieron a rodar a la Argentina."
Bautizado "el diseñador de las estrellas", sus vestuarios se caracterizan por una línea adherente y sugestiva que resaltan la figura de las actrices. En estos cincuenta años de trayectoria, Lannes obtuvo cantidad de premios, entre ellos el otorgado en 1974 por la Asociación de Cronistas Cinematográficos, a los que se agregan los galardones del Museo del Cine, de la Casa del Teatro y del Museo del Traje.
"Ahora se perdió mucho de aquel glamour de antaño -explica--, ya que la maldita palabra "canje" sustituye una labor artesanal a la que yo siempre adherí. En mi trabajo estuve permanentemente en contacto con los directores de fotografía y con los escenógrafos, ya que con ellos debo combinar colores y climas. Para mí el cine sigue siendo una ilusión, esa ilusión que el espectador debe percibir a través de los vestuarios que enmarcan cada historia. Y si llegué incólume hasta hoy, es porque siempre puse pasión en una labor que me lleva muchas horas de trabajo pero que me da la oportunidad de demostrar que mi vocación juvenil no era la equivocada".
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