
“Hope: El primer impacto”: un film con notables secuencias, pero con decisiones que desconciertan al espectador
El guionista y director Na Hong-jin vuelve a sorprender con su manejo del lenguaje cinematográfico, pero la combinación de géneros no resultan tan exitosa como en el pasado
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Hope: El primer impacto (Hopeu, Corea del Sur / 2026). Dirección: Na Hong-jin. Guion: Na Hong-jin. Fotografía: Hong Kyung-pyo. Elenco: Hwang Jung-min, Zo In-sung, Hoyeon, Michael Fassbender, Alicia Vikander. Calificación: R-13 (restringida). Distribuidora: Maco. Duración: 160 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.
Entre los estrenos de estos tiempos, Hope: El primer impacto se destaca por su negación a mantenerse en la medianía. Los momentos altos de la nueva película de Na Hong-jin están entre lo mejor del año; pero algunas decisiones narrativas y estéticas en la última parte del film generan desconcierto.
No todos los días, en esta época, se puede ver en las salas una demostración de un manejo absoluto del lenguaje cinematográfico como el del director coreano. Al hundirse luego en un final que parece sacado de una de las tantas películas más flojas del mainstream, el espectador se ve envuelto en una sensación de perplejidad. Esto también es excepcional y no borra el impacto de lo anterior, solo plantea una serie de preguntas, cuyas respuestas no están tan al alcance (algo seductor en esta era de las soluciones al instante).
El guionista y director Na Hong-jin es responsable de la fundamental En presencia del diablo, que combinaba con astucia un terror que tenía peso espiritual, mezclado con el policial, el humor y la tragedia familiar. La ensalada de géneros era un riesgo enorme, pero el talento de Na Hong-jin la convirtió en un estilo propio, una bienvenida originalidad.
En Hope: El primer impacto la mezcla no es tan exitosa como en aquella película ya emblemática. La cualidad posmoderna que distingue a la obra del guionista y director, se encuentra aquí con un problema de interpretación. Queda en el público leer la última parte de la película como un intento fallido o como un comentario meta sobre cierto tipo de cine.
El comienzo del film se perfila como una clásica narrativa de “monstruo ataca una ciudad”. Como todo buen ejemplo de este subgénero, el monstruo en cuestión se mantiene oculto por una buena porción de la película, mientras un policía recorre el pueblo costero que está siendo destruido.
Uno de los aspectos más interesantes de esta primera parte es cómo el director va construyendo un terror in crescendo. En el comienzo, el comisario Ko Bum-seok (Hwang Jung-min, actor de En presencia del diablo) es llevado por un grupo de cazadores para que vea la forma brutal en la que fue asesinada una vaca. Los hombres le dicen que puede haber sido un tigre, una teoría tan poco convincente que hasta se ríen de que el policía les crea. Pronto, el comisario se dará cuenta de que lo que está arrasando al pueblo es algo que nadie ha visto jamás.
Las secuencias de persecución del monstruo por el pueblo, a cargo del comisario y de su compañera policía Sung Ae (la excelente Hoyeon), son de las mejores del cine de este año. El humor es poco sutil pero muy efectivo y tan desbordante como la acción y la estética de la película. La puesta de cámara juega con las perspectivas para generar suspenso y se mueve hacia contrapicados que anuncian que la amenaza viene desde lo alto. El montaje de ritmo vertiginoso expresa la desesperación de los personajes que intentan sobrevivir y salvar a lo que queda de su pueblo de la destrucción total.
Lo que pasa después entra en el peligroso terreno del spoiler. La naturaleza de la amenaza a la que se enfrentan los protagonistas lleva a la película a otro género, otra forma de contar que, virando el foco hacia nuevos personajes, no tiene el espíritu salvaje, ni la originalidad de la primera parte.
Una última persecución, espectacular, terrible y humorística por partes iguales, recuerda al público la potencia que tiene Hope: El primer impacto en sus mejores momentos. Que el final esté reservado a lo peor, deja mucha perplejidad, pero no le quita a la película su valor.



