
Javier Bardem, una estrella española en la piel de un cubano
Interpretó al poeta gay Reynaldo Arenas
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VENECIA (Especial).- La contundente autoridad que el español Javier Bardem impone en la pantalla en el papel del poeta y escritor cubano Reynaldo Arenas le permitió conquistar anoche el premio al mejor actor de la Mostra.
El protagonista de "Before the night falls" lo pensó mucho antes de aceptar el papel. "He tenido que trabajar cuatro meses para comprender el significado de la palabra libertad y eso ha cambiado mi manera de ver las cosas", explica un Bardem dirigido en este intenso drama por el neoyorquino Julian Schnabel ("Basquiat") y en el que compartió cartel con actores como Johnny Depp y Sean Penn.
El film cuenta la corta, infeliz y miserable vida de Arenas, desde sus orígenes en la pobreza hasta su exilio y muerte en los Estados Unidos. Se muestra la doble rebeldía que caracterizó a Arenas, ese enojo debido a la persecución del régimen cubano por ser escritor y homosexual.
La película transcurre casi íntegramente en La Habana (con algunas secuencias en Nueva York), aunque la capital cubana tuvo que ser reconstruida en locaciones mexicanas, ya que las autoridades de la isla negaron el permiso. "No es una película anticastrista, sino la odisea de Arenas. Pero da la casualidad de que pasó en Cuba, aunque podría haber sucedido en cualquier otro lugar donde exista una dictadura", comenta Bardem en los jardines del Hotel Des Bains, el más lujoso y elegante del Lido.
-¿Por qué no quería hacer "Before the night falls"?
-Al principio me negué por muchísimas limitaciones. El personaje de Arenas está muy alejado de mí. Era una persona que tenía el músculo intelectual muy bien domesticado, cosa que yo no tengo. Es un personaje que no es nada físico, y yo sí. Es un cubano, y yo no lo soy. Se habla en inglés, y el mío no es bueno. Por otro lado, no podía aceptar nada hasta que no estuviese seguro de que no iba a ser un manifiesto contra Castro sino una apología de la libertad. Cuando hablé con Julian me quedó claro que no pretendía hacer nada en contra de nadie.
-Una vez concluida la película, ¿cambió su posición ideológica respecto del régimen cubano? -No, mi posición es bastante neutra y escéptica. No sólo frente al régimen de Castro, sino respecto de los gobiernos en general. Sigo teniendo mis ideas y las seguiré defendiendo: el comunismo es un gran guión, pero hasta ahora con muy malos directores.
-¿Qué aprendió del acercamiento a Reynaldo Arenas, el hombre, el escritor, el poeta?
-Aprendí una cosa, que me decidió a hacer la película. El hizo arte de toda su angustia, su enfado y su miedo. Yo hubiera tomado una pistola.
-¿Llegó a conocer a personas cercanas a Arenas?
-Lo primero que hice fue leer la obra "Before the night falls". Me quedé impresionado. Creí que era mentira, que era ficción. El siguiente paso fue ir por primera vez a La Habana para verla con mis propios ojos.
-¿Cómo fue el acercamiento con la realidad cubana actual?
-La Cuba de hoy no me dejó absolutamente nada porque han cambiado los tiempos, los principios, el sentido de tolerancia, en cierto modo, el régimen gobernante. Una vez allí empecé a buscar travestis de la época, que en aquel entonces tenían 20 años. Me entrevisté con gente que trabajaba en Tropicana, muchos homosexuales que ahora están con la vida destrozada. Aunque también me encontré con homosexuales que viven con su pareja y no tienen ningún problema.
-¿Toda esa labor de periodista-antropólogo la hizo solo?
-Totalmente solo. Llegué a La Habana con mi maleta y me dije: "Tengo que empezar a preguntar". Uno me llevaba a otro. Fueron días muy intensos, escuchando relatos durísimos. La impresión que tuve al salir de La Habana es que no podré volver por haber interpretado a Reynaldo Arenas. Y eso es muy triste.
-¿Ha sido el personaje que más le costó en su carrera?
-Creo que sí. Ha sido el que me más me exigió, pues es toda la vida de una persona y una vida son muchas cosas. He tenido que sacar de donde no tenía para poder darle a Reynaldo lo que él exigía. Eso significa abrir el baúl de los recuerdos y dejar salir todas las hadas y todos los demonios, eso durante cuatro meses, 18 horas diarias. He aprendido a comprender el significado de la palabra libertad.
-¿Qué le quedó del personaje?
-Pues me costó bastante quitármelo de encima. Dormía con su foto y hablaba con él, porque él está aquí. No creo en Dios, pero creo en esas cosas. Cuando vi una foto de Arenas dije: "La verdad, nos parecemos mucho".
-¿Esta película le abre una puerta para entrar en Hollywood?
-Estoy trabajando en una película, que es la primera como director de John Malkovich, en la que hago de un policía peruano. Las ofertas que vendrán de los Estados Unidos serán drogadictos, violadores de niñas, un poco la idea que se tiene por allí del latino. O bien, lo contrario, grandes amantes con una rosa en la oreja.
-¿Pero qué le gustaría hacer allí?
-No pretendo nada de Hollywood. Irme a un nuevo sitio a hacer una carrera implica pagar un precio muy alto. En primer lugar, la privacidad. En segundo, la frustración del abandono de tu propio hogar para luego regresar pidiendo perdón. Nunca dejaría España: por mis amigos, mi familia, la gente a la que amo, el jamón y la tortilla. Podría ir seis meses a Nueva York a ver qué pasa. En Estados Unidos es absolutamente imposible que respeten mis decisiones. En cambio, en España he hecho las películas que quise.
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