Jérôme Savary
Un anarquista de la ópera y el teatro
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Todos los teatros lo querían tener pero no todos se animaban. Cada vez que lo nombraban, los que estaban enterados lo calificaban como "el anarquista del espectáculo". Sin embargo, el solo anuncio de su nombre en una cartelera producía efecto magnético de formidable atracción sobre los adictos al teatro y la ópera.
Era capaz de discutir todas las ideas escénicas, hasta las propias si ya las consideraba envejecidas. Las modas no influían en él, porque él las creaba. A cada momento diagnosticaba el fin de un determinado enfoque, aunque fuera reciente, y recomendaba mandarlo al depósito de cachivaches. Y de inmediato, sacaba de la galera uno nuevo para el reemplazo.
Siempre resultaba sorprendente, siempre aparecía imaginativo, siempre estaba colocado en el centro de gravedad de una apasionada controversia. Se llamaba Jérôme Savary y era argentino, habitante de París desde hacía décadas. Ya nadie podrá tener a este director de escena, porque se murió anteayer, víctima de un cáncer, a los 70 años.
Al margen de estar inevitablemente entreverado en la revuelta artística, invariablemente tenía respuestas y soluciones inmediatas para todos los interrogantes y problemas. Por algo, en su agenda no había espacios para el descanso. Los franceses lo valoraron especialmente nombrándolo director del Teatro Nacional de Chaillot, de París, y de la Ópera Cómica, además de otorgarle la Legión de Honor de la República y distinguirlo con la Orden de las Artes y de las Letras. Antes había fundado el Grand Magic Circus, una insólita compañía teatral de vanguardia con la que subió al escenario del Colón en junio de 2001.
Sin dejar de masticar su infaltable cigarro, asumió sin vacilaciones la dirección de puestas desde Shakespeare hasta Astérix. Por otra parte, fue autor de comedias musicales como La historia del cerdo que quería adelgazar y La leyenda de Jimmy . Entusiasta de Julio Verne, escenificó Viaje al mundo en 80 días y en su prontuario no faltaron Offenbach, Lehar, Molière, Mozart, Verdi o Aristófanes. Llevó la vanguardia a los clásicos y animó a los vanguardistas con vivos toques clásicos.
Quedan valiosos recuerdos argentinos de su puesta de Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny , en el Colón en marzo de 2002, y de Los cuentos de Hoffmann , en junio de 2001, aunque en 1998 ya había puesto Macbeth , de Verdi, un trabajo del que, por supuesto, pronto estaría arrepentido.
Jérôme Savary había nacido en Buenos Aires, en 1942.





