
Jorge Sarudiansky:"En el cine hay un universo de puntos de vista"
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"Cuando te lo traen, ¡el guión es un caos! Por eso mi trabajo tiene algo de metafísico: ordenar el caos", ríe Jorge Sarudiansky, director de arte, creativo publicitario y autor de escenografías memorables como la de De esto no se habla , Pobre mariposa , Esperando la carroza , Pubis angelical y muchas otras en cine, teatro y ópera. Sin embargo, prefiere definirse como un diseñador de producción.
-¿Qué es diseñar una producción?
-Imaginar visualmente toda una película, por ejemplo. Y eso incluye la escenografía, la dirección de arte, la ambientación, etcétera. A veces la escenografía puedo hacerla yo, o también otro profesional que se adapta mejor a lo que se necesita para realizar el film. Otra manera de ubicarme sería decir que soy un enamorado del dibujo, ¡un loco por dibujar! Es que el dibujo es una forma de pensar y cuando hablo de ordenar el caos imagino mi mano con un lápiz, yendo y viniendo sobre el papel estableciendo prioridades, creando espacios, presentando personajes. Siempre me gustó dibujar, y mi carrera artística empezó dibujando en los remates de hacienda de mi pueblo cuando era muy chico.
-¿Qué pueblo?
-Tapalqué. Me acuerdo que cuando cayó en mis manos El sueño de los héroes, de Adolfo Bioy Casares, y leí que habla de un personaje que era "un hombre de Tapalqué", me sentí orgulloso de que mi pueblo apareciese en su obra.
-¿Qué dibujaba?
-Los gauchos que iban al remate, lamentablemente no guardé ningún dibujo de aquella época. Mi carrera continuó al comienzo de la escuela primaria, cuando pintaba telones para las fiestas patrias o de fin de año. Hasta allí nada que llame la atención, lo realmente interesante es mi descubrimiento del teatro, que se produjo algo más tarde y en circunstancias especiales.
-¿Qué pasó?
-Ingresé como pupilo al colegio Ward, de Ramos Mejía, cuando tenía unos diez años. Los fines de semana, mi tío Rodolfo, que era dentista, me venía a buscar junto con un amigo, otro odontólogo, el doctor Héctor Cámpora que, como se sabe, llegó a presidente de la Nación, aunque no por mucho tiempo. Lo que no se imagina es adónde me llevaban mis tutores...
-¿Adónde lo llevaban?
-Recuerde que yo tenía pantalón corto, 10 años... bien, me llevaban al Maipo, ¡al célebre teatro de revistas!
-¿Cómo se sentía?
-¡Muy bien! Deslumbrado por un espectáculo fabuloso. No había muchos chicos de 10 años que viviesen lo que yo. Cuando terminé el ciclo secundario traté de buscar algo que tuviera que ver con el dibujo y decidí ingresar en Arquitectura. Hasta que un día me invitaron a participar en la realización de la escenografía de la obra de un dramaturgo suizo muy famoso en aquella época, Friedrich Dürrenmatt. Se llamaba El casamiento del señor Mississippi y la dirigía Jaime Jaime, en el teatro de la Alianza Francesa en la calle Córdoba. ¡Fue la revelación!
-¿Qué hizo?
-Abandoné la Facultad y decidí ser un artista. Otra de las escenografías que hice por entonces fue la de The knack (Lo que hay que tener), de Ann Jellicoe, obra típica del swinging London de los años 60, dirigida por Santángelo, y traducida por Ernesto Schoo, en el teatro ABC.
-¿De qué otra manera se definiría?
-Como un constructor que disfruta con lo que hace. Un constructor que se divierte. En medio del set soy feliz. No hay pasado, ni futuro para mí: sólo importa lo que hago en ese momento.
-¿Cuál es la diferencia entre una escenografía teatral y una cinematográfica?
-En teatro hay un solo punto de vista, el del espectador atornillado en la butaca. En cambio, el cine es un recorrido, la cámara va y viene, ahora mira desde los ojos de la protagonista, al rato de los de un vendedor de diarios, o los de un ex compañero de estudios que la reencuentra por casualidad en una esquina, o los de un chico que pasea su perro. En el cine hay un universo de puntos de vista.
-¿Un maestro que quiera recordar?
-Humm... El español Luis García Berlanga, el director de Bienvenido Mister Marshall y Calabuch . Trabajé con él en 1967, cuando vino a filmar Las pirañas, junto con el escritor Rafael Azcona. Se decía que se habían quedado sin plata, lo cual era curioso porque, unos años atrás, en 1963, habían realizado un film exitoso, El verdugo. Me enseñó mucho.
-¿Cómo era Berlanga?
-Muy inteligente, y distinto de otros directores: sencillo, siempre de buen humor, respetuoso con sus colaboradores y abierto a situaciones imprevistas.
-¿Por ejemplo?
-Supongamos que estamos filmado una escena en una calle. Una escena muy preparada, donde todo esta previsto. Pero de pronto, casi al lado nuestro, aparece un portero cantando que empieza a baldear la vereda, o descubrimos un policía mirando la filmación y sonándose estrepitosamente la nariz. Para Berlanga, eso era un hecho que había que agradecer e integrar a la escena; aunque hubiese que modificarla completamente. Porque, solía decir, practicar un arte es jugar.
Escenografías
"A veces me preguntan cuándo una escenografía está bien hecha. La respuesta es simple: si me atrapa, si no me molesta, si me ayuda a vivir la obra, es que está lograda".





