
Joven genio
"En busca del destino" ("Good Will Hunting", EE.UU./1997, color). Producción hablada en inglés, presentada por Líder. Guión: Ben Affleck y Matt Damon. Intérpretes: Robin Williams, Matt Damon, Minnie Driver, Ben Affleck, Stellan Skarsgard, Casey Affleck. Fotografía: Jean Yves Escoffier. Música: Danny Elfman. Montaje: Pietro Scalia. Producción: Lawrence Bender. Dirección: Gus van Sant. Duración: 125 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: buena.
Matt Damon y Ben Affleck vienen caminando juntos -como en la secuencia de los títulos- desde la infancia, cuando se encontraron en la misma Boston en la que viven ahora su aventura de ficción. Ya en la adolescencia, Matt ingresó en Harvard, mientras que Ben pasaba de una institución a otra, pero siempre hubo entre ellos algún proyecto común antes y después de que uno y otro empezaran a ganarse un lugar en el mundo del espectáculo.
"Good Will Hunting" -rebautizada entre nosotros "En busca del destino"- es el resultado de uno de esos proyectos, uno que Damon inició como tarea en sus clases de teatro y a cuyo desarrollo se asoció Ben pensando en un film de bajo costo que por supuesto los tendría como intérpretes.
Tenacidad y fortuna favorecieron la concreción de la película, que a Gus van Sant le ha servido para ganarse la confianza de Hollywood. En verdad, Damon y Affleck son puntales del film. Por obra del libro, salpicado de diálogos ocurrentes e ingeniosos, por el perceptible conocimiento del ambiente que describen (South Boston) y por la transparente, fresca naturalidad que prestan a sus personajes -muy especialmente Damon, que es el protagonista absoluto de esta fábula sobre talento y voluntad-. Van Sant, que poco puede hacer para torcer los convencionalismos de la trama, pero impone estilo, energía y buen ritmo, es lo suficientemente lúcido como para percibir esa espontaneidad y sobre ella construye su simpático y a veces emotivo relato.
Este gira en torno de Will Hunting, el joven ordenanza del Instituto de Tecnología de Massachusetts que es capaz de resolver en un santiamén los intrincados desafíos matemáticos que un profesor propone a sus alumnos y cuyo prodigioso cerebro le ha permitido devorar y asimilar tantos libros como para asumir su propia defensa cuando sus altercados callejeros lo depositan en algún juzgado.
Semejante espécimen no puede pasar inadvertido. Will, pobre, huérfano, maltratado y rebelde, se encuentra de pronto rodeado de guías que vuelcan sus deseos sobre él y quieren dar cauce -cada uno según su criterio- a una inteligencia tan excepcional: el profesor que lo descubre, el psicoterapeuta que atiende más a su corazón que a su cociente intelectual y, en alguna medida, también la estudiante de familia acaudalada que se enamora de él. Hasta su compinche de correrías -Chuckie, es decir, Ben Affleck lo carga con la obligación de escapar de la mediocridad a la que él sí se ha resignado.
El film está organizado en torno de los intensos encontronazos que van forjando la relación entre el muchacho y el psicólogo, un viudo inconsolable que por supuesto se gana su confianza sobre la base de los obvios paralelismos que los acercan. Hay emoción en algunos momentos críticos de la relación y éstos se deben principalmente a la sinceridad y la convicción que Damon y Robin Williams (el terapeuta) regalan a sus personajes y a la química que se establece entre ellos. Algo similar puede decirse de Minnie Driver, la simpática estudiante a la que Will socorre cuando debe vérselas con teoremas endemoniados, y del resto del elenco. Los tres actores citados son candidatos al Oscar, y la distinción parece muy merecida, sobre todo en medio de otras seis candidaturas que se prestan bastante más a la discusión.






