Hombres de honor: juzgar al otro, juzgarse a sí mismo
Hombres de honor / Libro: Armando Discépolo / Dirección: Matías Leites / Intérpretes: Mariano Ulanovsky, Greta Guthauser, Fabián Caero, Marcos Horrisberger, Melody Llarens, Roberto Cappella, Martín Navarro y Juan Pablo Kexel / Escenografía y vestuario: Marta Albertinazzi / Iluminación: Gastón Ares / Música: Santiago Barceló / Sala: en el Teatro del Pueblo / Funciones: viernes, a las 21 / Duración: 75 minutos / Nuestra opinión: buena
En esta pieza, poco representada, de Armando Discépolo, el autor nos vuelve a plantear el dilema de un hombre que debe enfrentarse a su propia conciencia. Escrita en 1923, es necesario tener muy presente esa época para comprender el comportamiento de una moral burguesa que trataba de imponerse en aquellos años. Moral que muchas veces está representada por la falsa apariencia más que por las acciones. Discépolo parece señalar que la debilidad está latente en todos los hombres y, cuando ésta se expone, se genera una situación de la no pueden escapar y deben hacer frente a medidas extremas para salvaguardar el buen nombre y honor de toda la familia.
En esta trama, el protagonista es un juez probo y destacado que cae en las garras del juego y pierde su fortuna, su hogar y el futuro de sus hijos. Ante la imposibilidad de recuperar su patrimonio y la exigencia de cancelar su deuda de juego, sólo le quedan dos caminos: el suicidio o enfrentarse a la vergüenza y al repudio que representa asumir la falta, con el agravante, en ambos casos, de dejar una herencia moral pesada a sus hijos. La situación se agrava por la investidura de magistrado que ostenta el protagonista.
He aquí el dilema de Hombres de honor: ¿Juzgarse a sí mismo con la misma imparcialidad y la misma vara que utiliza para juzgar a los demás? ¿O lavar con sangre su honor? En ambos casos la condena recaerá en sus hijos, que deberán enfrentar a la sociedad por los actos de su padre. En última instancia queda expuesto que él también es víctima de una moral que trató de imponer.
Por eso mismo, él, que ha sido juez de los hombres, ahora tiene la obligación de juzgarse a sí mismo. En un momento de lucidez llega a reconocer que el honor es "una verdad aparente que hemos inventado para que no nos conozcan".
El elenco que reunió Matías Leites se destaca por la solidez de sus actuaciones, totalmente verosímiles y homogéneas, con un desarrollo de acciones que mantiene un ritmo preciso y una tensión permanente. Marta Albertinazzi, tanto en la escenografía como en el vestuario, creó el marco estético idóneo para esta obra.
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