Kurt Weill, un espíritu de vanguardia

Alberto Favero
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21 de febrero de 2016  

LOS ÁNGELES.- Fue Satchmo, con su inmortal versión de "Moritat", quien me conectó por primera vez con la música de Kurt Weill, durante mi adolescencia. Luego, éste sería uno de los temas más frecuentes en las Jam Sessions de Hot Jazz, con las que recorríamos lo ancho y largo del país con el Grupo Contemporáneo de Jazz La Plata, y últimamente con la Antigua Jazz Band.

Dado el corte netamente popular y simple de "Moritat", jamás imaginé que su autor fuera un compositor de culto, no en esa época. Ese ida y vuelta entre el clásico y lo popular de su obra presentaba características estilísticas muy estables, que funcionaban como una especie de leitmotiv en los distintos viajes musicales de este aventurero. No importa en qué terreno, siempre está presente ese lenguaje rítmico obstinado, casi ríspido, el discurso armónico desusado y sorpresivo y la clara sencillez de sus melodías. Permítaseme compararlo en estos sentidos con George Gershwin y Leonard Bernstein, que tampoco tuvieron prejuicios que obstaculizaran su transcurrir por el reino de la música sin importarles más nada que ella misma en relación con lo artístico, fuera en un boliche o en el Metropolitan Opera House.

Kurt Weill fue el "parceiro" de Bertolt Brecht, creando, entre otras, las célebres La ópera de los tres centavos o la Ascensión y caída de la ciudad de Mahagony, que Hitler detestaba. Siendo el músico por excelencia del "teatro del extrañamiento", dramaturgia que Brecht erigió como objetivo directo de sus trabajos, Weill elaboró un estilo duro y acerado, imposible de no ser reconocido en cada una de sus composiciones. Las ideas del teatro de Bertolt Brecht, provistas de un contenido que descubrió lo inconfesable del nazismo antes de que se manifestara en su indisimulada brutalidad, eran claramente transportadas por la música de Weill. Estas obras llegaron a ser extremadamente populares entre los jóvenes de su época en Alemania, antes de recorrer el mundo entero.

Su vida también tuvo ese estilo claro y conciso: nació en 1900, murió en 1950, nació el 2 de marzo, murió el 3 de abril, su actividad creativa se desarrolló de 1920 a 1950. Sus convicciones lo acompañaron de principio a fin. Todo parecería sonar como su música: una cadencia conclusiva, como una neta progresión aritmética y armónica.

Es preciso conocer el cuantioso legado de su catálogo: sinfonías, cuartetos y sonatas; lied o música instrumental de cámara; teatro musical; conciertos; música para cine, y un repertorio fantástico de canciones de esta época y otras posteriores, reflejo de sus años en Broadway y también de su colaboración con Ira Gershwin, interpretadas principalmente por quien fue su pareja, Lotte Lenya. En la Argentina, una de sus intérpretes más consecuentes ha sido por años la actriz Cipe Lincovsky, quien en todos sus programas incluyó alguna canción o monólogo de la dupla Brecht-Weill.

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