
La admiradora de Bette Davis
Siempre quise ser Bette Davis / Libro, letras y música: Fernando Albinarrate / Intérprete: Dalma Milebo / Vestuario: Calandra-Hock / Multimedia: Guido Tondo y Mariano Pauplys / Iluminación: Héctor Presa / Producción: Castagnino-Iacoponi-Pauplys / Dirección: Héctor Presa / Sala: Molière Teatro, Balcarce 682 / Funciones: sábado, a las 20.30 / Duración: 60 minutos.
Nuestra opinión: buena.
El universo del fanatismo por una estrella rutilante del mundo del espectáculo es desde hace tiempo disparador de múltiples historias. El camino hacia el reconocimiento, también: todos queremos llegar a algún lado. El viaje del héroe data de los poemas homéricos de la Odisea y sigue vigente como signo de humanidad. "La vida es lo que nos pasa mientras estamos ocupados pensando en otra cosa", dicen que dijo John Lennon. Algo de eso le ocurre a la protagonista de Siempre quise ser Bette Davis, unipersonal musical que marca el regreso de una histórica de las tablas rioplatenses al teatro: Dalma Milebo.
Desde que vio por primera vez una película de Bette Davis, en su tierna infancia, Betita no pudo dejar de idolatrarla. Y trabajó incansablemente para convertirse en una actriz comparable a su talla. Hollywood era la meta, pero una tras otra, las peripecias la llevaron muy lejos de ahí, y la realidad le cayó como un baldazo de agua fría.
La historia escrita por Fernando Albinarrate recorre imágenes de antaño, anécdotas conmovedoras, disparatadas y algunas también decadentes, de esas que quizá preferiría uno olvidar. "C'est la vie", reconoce Betita en la voz de Dalma Milebo, actriz que transita estos distintos estados con mucha sutileza: sin regodearse en el dramatismo, evita los golpes bajos y sale airosa de las ironías de esta vida difícil que le toca interpretar. Los momentos musicales son reconfortantes por su belleza y organicidad. La historia los necesita y la voz de Dalma Milebo, que se luce en todos los géneros que recorre (vals, tango, balada) se complementa con la diestra mano de Ana Padilla para el armado de coreografías que llenan de teatro musical la escena.
La dirección de Héctor Presa merece ser destacada. Un monólogo sencillo, que en algunos momentos se excede en lugares comunes, exige de una fuerte apuesta a la acción en escena que provoque al espectador. Presa lleva a Milebo a recorrer todo el escenario con movimientos precisos, orgánicos, que acumulan sentido. El elemento multimedia incluye entrevistas en video de una gran cantidad de artistas reconocidos del medio como Lalo Mir, Mirtha Wons, Pepe Soriano, Karina K, Hugo Arana, Juan Carlos Puppo, Omar Calicchio, Benjamín Rojas y muchos más. Se proyectan en varias pantallas y motivan la interacción de la actriz con ellos, que interpretan distintos personajes importantes de su historia. Un recurso interesante y, sobre todo, entretenido. Sin embargo presenta algunos inconvenientes desde el punto de vista estético: algunas de las proyecciones no son de buena calidad y contrastan mucho con la escena "real", tan cuidada en vestuario y maquillaje. Por otro lado, las luces, ubicadas de tal manera que se permita la proyección de imágenes en la pantalla, por momentos condicionan la visibilidad, ensucian y restan en algunos cuadros.
Hacia el final de la obra la conclusión es evidente y reveladora: Bette Davis hay una sola. Y Betita también. La vida demostrará (a ella como al espectador) que Lennon tenía razón: que tratar de ser otra persona elimina la posibilidad de verse a uno mismo. Que la vida está pasando ahora y que tal vez, la felicidad está al alcance de la mano? y de una olla a fuego lento.






