
La asombrosa mímesis de Duilio Marzio
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"Borges y Perón", de Enrique Estrázulas. Con Víctor Laplace, Duilio Marzio, Irma Córdoba, Alejandro Awada, Diana Santini y Pedro Gutiérrez. Dirección: Roberto Villanueva. Sala María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes, Libertad 813.
Nuestra opinión: buena.
Cabe discutirle a Roberto Villanueva, el director de "Borges y Perón", una afirmación de su autoría que figura en el programa de mano. Allí, expresa que en este proyecto no se buscó lograr parecidos físicos con estos dos grandes personajes argentinos.
No es así. Duilio Marzio se luce con una asombrosa caracterización del escritor. Borges está presente en cuerpo y alma, con sus gestos y sus temblores, con los quiebres de su porte físico y de su voz. Sobre las anchas espaldas artísticas de Marzio se apoya buena parte del interés del espectáculo, que presenta problemas en otros aspectos.
El primero de ellos, de orden actoral, es que Víctor Laplace no le puede aguantar la parada escénica a su compañero de rubro. Encara una interpretación cercana a la caricatura. Tiene momentos logrados y otros en los que su Perón pierde esa modulación tan singular que tenía el general y pasa a hablar con un acento muy similar al de un personaje famoso de Luis Sandrini.
El segundo problema está en la obra misma. Al autor Enrique Estrázulas no se le puede negar erudición y hasta simpatía respecto de los personajes con los que se metió para fantasear esta entrevista que nunca tuvo lugar en la realidad. Pero, de nuevo, cabe discutir otra afirmación de Villanueva, del mismo programa de mano, cuando sostiene que en la trama también aparecerán los individuos "más íntimos, más privados" (sic).
No da la impresión de que "Borges y Perón" ilumine nuevos aspectos de esa zona personal, o que ficcionalice a los personajes con algún aporte verdaderamente original. En todo caso, la pericia de Estrázulas pasa por haber logrado reproducir el estilo discursivo de cada uno de ellos. Esa es la esencia de la obra, un fuerte choque de discursos, una extensa payada con momentos más altos que otros. De ahí que adaptar esta obra para la radio sería una tarea relativamente fácil.
Así, se trata de un espectáculo previsible. Desde antes de ingresar en la sala uno sabe que va a escuchar cosas ingeniosas durante la representación, ya que ambas personalidades tenían lenguas afiladísimas cuyos decires quedaron inscriptos en el imaginario popular, también a través de cataratas de crónicas periodísticas. Por otra parte, y tal como suele ocurrir en este tipo de obras basadas en entrevistas fantásticas, es posible advertir, sin forzar demasiado, una fantasía subyacente: si ambos antagonistas se hubieran puesto de acuerdo en esa suerte de negociación que propone la entrevista, tal vez otro habría sido el cantar de la historia argentina, dadas las encontradas posiciones ideológicas sostenidas por cada uno de ellos. Aunque también hay que apuntar que el cierre de la obra abrocha un ajuste de cuentas de consecuencias mucho más ricas y que es el que se produce entre el creador y su creación.
También aparecen, como personajes secundarios, doña Leonor Acevedo (Irma Córdoba), Adolfo Bioy Casares (Alejandro Awada) y Lise, la secretaria de Borges (Diana Santini). Sus intervenciones cumplen, sobre todo, la función de abrir la situación de encierro hacia zonas de mayor teatralidad, así como de agregar algo de movimiento a la matriz eminentemente discursiva de la pieza. Todos esos intérpretes cumplen con corrección sus partes.
La puesta de Roberto Villanueva es sencilla y funcional, apelando al uso de telones traslúcidos para recrear un clima onírico. Sólo cabe objetar la escena en paralelo que se desarrolla sobre el plato giratorio del escenario. Más que acelerar el ritmo, lo frena.




