Un nuevo soporte sonoro altera bruscamente las reglas del negocio de la música.
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Un fantasma recorre el mundo de la musica: el mp3. La aparición de un nuevo y revolucionario soporte tecnológico amenaza con destruir la industria discográfica tal como la conocíamos hasta ahora, y la obliga a reinventarse para no desaparecer.
¿Qué es el mp3? Un formato que permite guardar archivos de sonido en una computadora, ocupando mucho menos espacio que el que se ocupaba hasta hoy: un sistema de compresión. Un cd podía acumular hasta 72 minutos de información; a partir del mp3, en un solo cd pueden guardarse alrededor de 700 minutos de música, con la misma fidelidad.
El sistema apareció a través de Internet y por la red se multiplicó rápidamente. El software que permite escuchar música en mp3 se puede bajar gratis –sin cometer ningún delito por ello– de la Web oficial del sistema: www.mp3.com. No hace falta meterse en la red para obtener música en este formato: cada vez son más las casas de computación o los vendedores que (de manera clandestina) comercializan cds en mp3.
Para dar una idea de hasta qué punto este sistema modifica las reglas de juego, basta con decir que, en Buenos Aires, la discografía completa de los Rolling Stones en mp3 cuesta 30 pesos y cabe en tres cds; la discografía completa de Charly García como solista cuesta 10 pesos y cabe en un solo cd, igual que las discografías (también completas) de The Police o Led Zeppelin, o nueve de los diez discos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. ¿Cómo hace la industria, que en la actualidad comercializa un cd nuevo a 22 pesos, para competir con semejante oferta? Para colmo, la empresa Diamond Multimedia lanzó al mercado norteamericano una especie de walkman portátil que carga archivos mp3 en un pequeño disco rígido de 32 mb, que pueden extenderse a 48 por medio de una tarjeta. El rio pmp 300 cuesta en su país de origen apenas 100 dólares. El paso siguiente será, sin duda, un reproductor de cds en formato mp3, para el cual no hará falta el auxilio de una computadora.
Por el momento, la industria lo combate como puede. Roberto Piay, director de la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas y sus Reproducciones (capif), admite que "el mp3 es el desafío más grande de la industria discográfica. Si no lo combatimos, la industria puede colapsar". Piay explica cuál es el procedimiento acordado con la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (ifpi): "Primero enviamos una carta documento a los proveedores de acceso a Internet, en la que les explicamos que los archivos mp3 son ilegales y que violan la ley de propiedad intelectual, e invitamos a que los desalojen. Normalmente, la respuesta es positiva. Cuando detectamos una dirección física de quien pone un archivo mp3, hacemos lo mismo: le informamos que es ilegal y que podemos accionar si no lo da de baja. Cuando encontramos gente que vende mp3 en cds, iniciamos acciones judiciales".
Piay admite que la persecución legal es un intento de, digamos, tapar el sol con la mano. Si en este momento hay alguien en problemas, es la industria discográfica y no los usuarios, que encuentran la posibilidad de conseguir música a precios mucho más baratos.
"El mp3 es un invento brillante", reconoce. "No es la primera vez que un adelanto tecnológico replantea las condiciones de la industria. Pasó con el casete virgen y con el cdr. Estos cambios fueron promovidos desde la industria, que estaba preparada para absorberlos. El mp3, en cambio, surgió desde afuera y nos tomó de sorpresa. El convenio de distribución online que las compañías firmaron con ibm es una prueba de cómo empiezan a adaptarse a los nuevos tiempos."
El convenio al que se refiere Piay es una prueba piloto que durará seis meses. Durante ese tiempo, 2.000 abonados que posean cable-módem en la localidad californiana de San Diego podrán bajar de la Web un álbum de 60 minutos en 10 minutos, incluidas la música y las ilustraciones. Se avecina una era en la que la industria deberá reducir, sí o sí, los extravagentes costos de hoy.




