La condición femenina y el tejido como expresión
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Tiene la carcajada fácil y, apenas empieza a hablar, se advierte que es una mujer apasionada. Ruth Corcuera, graduada en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, comenzó estudiando los tejidos populares andinos y terminó recorriendo los principales centros de investigación textil de América y Europa.
Nacida en Buenos Aires, heredó de su padre –perteneciente a una familia catamarqueña tradicional– la dedicación y el compromiso con la gente de su tierra. Pero su amor y admiración por ese trabajo tan femenino traspasaron fronteras. Casada con un diplomático, Corcuera, que vivió en Italia, Uruguay, Perú, Colombia, Francia, Senegal, Cabo Verde, Mauritania y Túnez, conoció de cerca comunidades de tejedores andinos, de Africa y Medio Oriente, escribió siete libros y –entre otras cosas– tuvo a su cargo el período del tejido precolombino del Dictionary of Art, editado en Londres por MacMillan.
"Siempre creí que el tejido es una expresión, un lenguaje. Muchas mujeres que no saben comunicarse, que son analfabetas, terminan haciéndolo a través de sus tejidos. Y yo me emociono, porque las entiendo. He hecho amigas tejedoras en diferentes puntos del mundo. El peligro, y por eso lucho, es que este arte desaparezca. Se están produciendo cambios muy grandes en el mundo de las tejedoras. Es lógico: no les podemos pedir que sigan tejiendo en medio de la nada, en las montañas altas, cuando tienen un hijo enfermo y ni siquiera cuentan con un camino para llegar al hospital. Pero está en nosotros hacer algo fundamental, que es registrar lo que hubo, como ejemplo de dignidad y esfuerzo."
En el estudio de Palermo, a metros de su casa, tiene mantas únicas, provenientes de todas partes.
Una, que descansa sobre un sillón, particularmente colorida, de fondo oscuro y grandes flores en tonos brillantes, es herencia de familia. "En Catamarca, cuando algún integrante de la familia emigra, se lleva una manta hecha por una de las mujeres. Se trata de la evocación del afecto de su tierra. Hay toda una cosa alrededor del tejido, que es el mundo cotidiano. Además, es parte de la condición femenina. Cuando el niño nace, se lo envuelve en un pañal."
Bromea, o no tanto, con que tiene alma de arriero y que le gusta el nomadismo. "Me acostumbré a estar lista siempre para partir. Aunque ahora tengo motivos más que importantes para quedarme, que son mis ocho nietos, con los que vivo un romance permanente. Uno de ellos me hace de asistente, otro es percusionista, uno de los chiquitos es loco por el cine. Y tanto mis tres hijos como ellos tienen una particularidad, herencia de familia o porque tienen una abuela cansona, saber mirar al otro. A todos nos interesa lo que hacen los demás."
Y por ese interés, Corcuera sostiene que "hay que reconquistar el mirar al prójimo y darle una mano al que está solo. Porque como dice un gran pensador, Romano Guardini, el mundo está sufriendo el enfriamiento del sentimiento".
Lee sobre tejidos y devora libros de sociología. "Tengo una biblioteca importante, y siempre digo que el día que me muera quiero que me velen acá. Es que paso la mayor parte del día en este lugar, rodeada de libros y amigas que pasan a charlar y tomar un cafecito. Mi mundo es bastante femenino, pienso mucho en la mujer, pero no soy feminista, palabra que no me gusta, que considero una idea muy anglo. Prefiero hablar de mirada de mujer."
Corcuera exprés
Oportunidad: "Me da rabia que la gente tenga que revolver basura. Por la puerta de mi estudio siempre pasa una pareja con su hijito, al que yo le regalé un cuaderno y a veces le paso algún libro. ¿Por qué no se le da posibilidades a esa gente? Yo los veo y no dejo de asombrarme. Observo cómo apartan y protegen al chico. Porque son ellos los que revuelven. Me llama mucho la atención la delicadeza de esa pareja con respecto a la criatura y estoy segura de que si les dieran una oportunidad, la cosa cambiaría radicalmente".
Imagen: "Viajando se conoce gente maravillosa. Me tocó estar en Africa seis años, vivir una guerra étnica y visitar un campo de refugiados, donde estaba detenida una amiga tejedora. Siempre quedará en mi mente y en mi corazón su imagen del día en que la fui a ver. En medio de tanto espanto, ella estaba aislada del mundo, cubierta con un apañe confeccionado con hilos de oro y seda. Me pidió salir de ahí; lo intenté, pero no lo logré".
Amigos: "Tengo muchos, afortunadamente. Algunos, como Horacio Salas, Guillermo Roux, Ernesto Schoo, Dalila Puzzovio y otros. Son conocidos, compartimos gustos y siempre me ayudan mucho".
Lepra: "Vivir, como me tocó vivir, en un lugar donde la lepra está a la vuelta de la esquina, es terrible. Uno nunca termina de acostumbrarse, por lo tanto jamás puede vivir completamente feliz, aunque lo tenga todo".
Mujeres punto sombra
La ilusiona la idea de que las mujeres desocupadas aprendan a tejer y a bordar. Y habla de mentes sanas con la ayuda de los puntos cruz y sombra. "Yo no hablo de trabajos difíciles ni estrategias sofisticadas. Sólo quiero que se hagan cartillas muy simples, al estilo de la Cartilla de la Tejedora Provinciana, que data de 1935, donde a las mujeres se les daba ideas bien claras de lo que tenían que hacer, cómo teñir, etcétera. En un libro que estoy terminando hablo de las mujeres punto sombra, las que trabajan mucho, pero no quieren hacerse notar. Como la técnica del punto sombra, que se va tejiendo del revés."





