
La danza nativa tiene quien la baile
“De los pies” espectáculo de la compañía Nuevo Arte Nativo, de Koki y Pajarín Saavedra. Bailarines: Néstor Pastorive, Paola Alonso, Soledad Argarañaz, Juliana Franco, Rafael Cabello y Valeria García. Viernes y sábados de agosto, a las 21.30, en el teatro Santa María (Montevideo 842)
Nuestra opinión: muy bueno.
La danza nativa no tiene en la Capital Federal una exposición continua. Considerada todavía un género menor dentro del ambiente de la danza contemporánea, encuentra mejor caudal de desarrollo en el interior del país, donde existen grupos y maestros que muestran otras alternativas como Juan Saavedra y Silvia Zerbini, (o discípulos como Valdivia) ubicados fuera de los círculos cerrados y ortodoxos de los ballets. En este sentido, la vuelta a los escenarios de la compañía Nuevo Arte Nativo, que dirigen los bailarines Koki y Pajarín Saavedra, con el espectáculo “De los pies”, viene a llenar con originalidad ese espacio vacante.
Es cierto que la intención de “De los pies” es más que nada folklórica, pero el espectáculo apunta a escapar de las coreografías tradicionales y abrirse a otros caminos expresivos dentro del lenguaje de las danzas nativas. La propuesta de Koki y Pajarín no es sólo para aficionados al folklore. Tranquilamente pueden despertar el entusiasmo de aquellos que asisten a las presentaciones de las nuevas compañías flamencas o siguen a grupos experimentales como El Descueve. Y es que los ocho bailarines de Nuevo Arte Nativo (los directores reconocen la influencia de maestros como Pina Bausch) trabajan con diferentes elementos del flamenco y la contemporánea, poniéndolos al servicio de una zamba, una chacarera, un gato o una vidala, sin perder en ese camino de libertad el pulso original de la raíz folklórica.
Por lo que se observa en las efusivas reacciones del público, la tarea de difusión, formación y desarrollo que vienen realizando los hermanos Saavedra (hijos del famoso bailarín santiagueño Carlos Saavedra), desde hace más de una década tiene su respuesta en un teatro lleno con gente ávida de otras experiencias coreográficas.
Los dos bailarines sorprenden de entrada cuando aparecen sentados en el escenario, como en un patio santiagueño, cantando sus propios temas con un formato de canción libre, donde se escuchan aires de chacarera, vidalas y zambas. El afinado dúo rompe y tensiona el clima acústico cuando intervienen el bombo y la percusión acentuando la descendencia africana de la chacarera y ofreciendo un clima étnico. Los bailarines también aportan percusión con las palmas y los zapateos.
Hombres y mujeres enseñan sus mudanzas al unísono, comenzando a pulir sutilmente las diferencias entre el zapateo norteño y sureño, acompañados por la música de otras propuestas consecuentes con la estética de los Saavedra, como el Chango Farías Gómez con “La Manija” y esas versiones eléctricas de “Chacarera de un triste”.
Cada vez que Koki y Pajarín se ponen en el centro de la escena, el baile gana en espectacularidad y arrancan el aplauso de la platea. Los dos bailarines se lucen con sus mudanzas y esos movimientos en suspenso, donde manejan los silencios y los tiempos de la música. A ellos se suma el resto de la compañía para bailar chacareras y zambas, más aggiornadas.
El grupo aporta riqueza visual y sonora en los contrapuntos de zapateo y sólo trastabilla en algún caprichoso movimiento corporal que no suma al discurso de la propuesta y puede resultar repetitivo; o en una pulcritud técnica que puede restarle energía y entrega al baile. Sin embargo, en esta apuesta a la música y danza de proyección se percibe el pulso de la tradición heredada, pero con una mirada que busca libertad para la música folklórica.






