La gran noche de Milo J: su Gardel de Oro en una ceremonia caracterizada por la sobriedad y el recato
El artista llegó con una docena y media de nominaciones y se impuso en dos tercios de esas las categorías
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El Gardel del Oro que anoche se llevó Milo J casi parecía un voto cantando, por varios motivos. Si bien en otras ediciones hubo en la previa una sensación de que había varios candidatos favoritos, este año todas las fichas apuntaron al muchacho de Morón. Y no era porque los trabajos que compitieron en la categoría Álbum del año fueran de menor calidad (allí estuvieron los últimos discos de Lali, Babasónicos, Marilina Bertoldi y Cazzu).
Pero haber llegado con tantas nominaciones –se despegó notablemente del pelotón de nominados que estaba entre el segundo y el quinto puesto- y ser una manifestación artística tan ascendente, fueron dos factores fundamentales en este resultado. Por tratarse de un premio gardeliano (y con lo que a Gardel le gustaba ir al Hipódromo de Palermo) habrá que decir que ganó cómodo y por varios cuerpos de ventaja. Milo J hizo diferencia no solo sobre sus competidores de categoría sino sobre todos los que han editado discos en la Argentina en el último año.
Desde que publicó su penúltimo álbum que no se baja de una vorágine. No para de producir y es por eso que, más que un músico, por todo lo que lo rodea, termina siendo en sí mismo una manifestación artística. Genera cultura musical; tiene, sin haber llegado a los 20 años, ideas que quiere sostener con la palabra y el canto. Además, cuenta con ese plus que lo hace apto para todo público. Sabe lo que canta y para quién canta, pero eso también llega a un público integrado por niños y por gente que tiene 30 o 40 años más que él. El abanico es amplio, la aceptación también.
Y lo cierto es que anoche empezó ganando ya desde que se encargó de abrir la ceremonia de premios. Incluso antes, porque en la premiere (cuando se entregó la mayor parte de las estatuillas), ya tenía un par de “gardeles” en las manos. Pasó por la alfombra roja sin un outfit llamativo. Pero a pesar de su ropa de calle, siempre dice lo que quiere decir. Lucía una gorra portuaria, bien para un día de otoño con temperatura invernal, que llevaba la leyenda “Norma”. No por un disco de Mon Laferte, sino por el nombre de su abuela. Está seguro de cada cosa que hace. Está en el contenido y en todos los detalles.
Como lo indicaban todos los pronósticos, Milo J fue el gran ganador de la noche mayor de la música argentina y se quedó con el premio principal, el Gardel de Oro, tras imponerse en la categoría Álbum del año.
— LA NACION (@LANACION) May 27, 2026
Tras recibir el premio, el músico en diálogo con LA NACION explicó por… pic.twitter.com/YJH0ls4tVn
Más allá de Milo y su rotundo éxito, la edición 2026 de los Gardel a la Música fue modesta. Tuvo una ceremonia principal de apenas dos horas y siete shows musicales. Muy ágil pero con pocos matices. Tampoco hubo despliegue ni lucimiento en los musicales. Solo las hermanas Bertoldi y el show final, de Trueno, le cambiaron un poco el pulso a una gala que transitó dentro de lo esperable. Todo tendió a la sobriedad y a los agradecimientos formales. Mientras que en otro tipo de premios los discursos además de ceñirse al protocolo de agradecer ponen al premio en un contexto, ediciones como ésta que acaba de terminar no ponen a la música fuera de su propia industria. No está mal que sea un festejo de puertas adentro, pero tampoco deja de ser curiosa la apatía en tiempos poco apacibles.
Lo cierto es que tampoco hubo mucha variedad en las ternas, más allá de lo referido al carácter propio de cada una (seguramente no habrá repetición de nombres en las categorías de tango y las de pop). Milo (en realidad, su disco), estuvo nominado en más del 30 por ciento de las categorías. Obtuvo una docena y media de nominaciones y ganó dos tercios de los galardones por los que compitió con La vida era más corta.
Hasta el propio conductor de la ceremonia, Diego Leuco, mencionó el hecho de que, por tantas veces que Milo subió al escenario a recibir estatuillas, ya no tenía nada más para decir. Lo bueno es que Milo ya bastante dice con su música.
Lali Espósito subió un par de veces a recibir estatuillas. Aun cuando no dijera nada, vale la pena tener en cuenta un comentario de Lali: “A veces nos hacen creer que decir lo que pensamos o hacer lo que sentimos puede alejarnos del público o costarnos caro, este álbum me enseñó todo lo contrario”, largó cuando alzó su Gardel por el rubro Mejor álbum artista pop. Quizá, la pregunta que surja sea si los premios son un buen reflejo de la música producida en la Argentina.
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