La improvisación también baila
El maestro inglés Julyen Hamilton vino para dirigir un taller destinado a profesionales
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Nacido en Gran Bretaña, Julyen Hamilton, de 46 años, vino como punta de lanza para iniciar las actividades del Festival Buenos Aires Danza Contemporánea, que se llevará a cabo del 14 al 29 de octubre con el auspicio del Gobierno de la Ciudad. El maestro inglés fue invitado para desarrollar un workshop dirigido a profesionales, "Técnica y composición de la improvisación en la representación", que finaliza mañana.
Hoy, a las 20.30, en el Presidente Alvear, interpretará su pieza "40 monólogos", en una función con entrada libre y gratuita. Las localidades deben retirarse con una hora de antelación en la boletería de la sala.
La palabra improvisación es a menudo tomada con cierto resquemor, porque para muchos significa "hacer cualquier cosa sin tener técnica".
-¿Cree usted que la improvisación se contradice con la técnica?
-Es una forma de composición, que en el mundo de la música se llama competencia instantánea. Lo hacen las personas interesadas en el diseño y la composición y en compartir con el público lo que quieren decir. Se da en varios campos, como el teatro, la música, el cine y hasta la iluminación, ya que lo visual es un complemento. No está conectado con la técnica. Cualquiera que esté interesado en esto debe profundizar de algún modo en cómo pueden utilizarse los colores, los movimientos, los caminos que necesite para montar lo que se busca. Pero improvisación no significa que no haya que tener técnica. Pero yo la concibo con "te" minúscula. Para mover el cuerpo de manera eficiente se requieren algunos puntos esenciales, no para quitarle espontaneidad, pero sí para manejarse con una base. La técnica ha sido considerada como algo estilístico, y en este caso debe ser llevada a lo espontáneo. No es una contradicción. La palabra técnica debería ser reformulada en su forma más simple: según mi opinión, es sólo habilidad.
-¿Intenta renovar el camino de los pioneros de la danza moderna que se basaron mucho en la improvisación?
-Allí se sembró la semilla. Pero yo no lo hago para renovar nada, sino porque es obvio. Esta no es una filosofía moderna o posmoderna. La razón por la cual sigo este camino es porque se necesita y es un modo de manifestarme. Lo que se incluye en una técnica es mucho más que un indicio de tu habilidad. Todo se balancea de acuerdo con la forma de cada uno. El otro baila sobre sus piernas y según lo que siente y está creando; yo, sobre las mías. La copia no puede existir en algo que es tan personal, lo mismo que poseer la técnica. Se utiliza lo que se tiene y quiere. No es una improvisación de las dificultades propias del cuerpo: eres tú y tu cuerpo, que es el instrumento con el que estás creando.
-A menudo, cuando los bailarines tienen un largo training en un estilo y en una técnica, les cuesta improvisar. Las dotes que poseen se convierten en obstáculos que les impiden ser espontáneos.
-Esto les ocurre a quienes han practicado mucho sobre composiciones de otra gente. No usan conocimientos técnicos de su propia creación, que es la forma más difícil de crear. Y siguen la misma línea. Esto no es un show, una muestra de técnica.
-¿No cree que también la vergüenza de no lograrlo paraliza ese improvisar con libertad?
-Queremos, pero no confiamos en tener la capacidad y la inteligencia para la espontaneidad. Se lo toma como una falta de responsabilidad, por no estar equipados de una técnica. Como no pueden ni siquiera elegir, entonces abandonan y no lo intentan. De alguna manera, esa libertad que hay dentro de la espontaneidad puede ser muy profunda y poética también.
-¿Cómo lo logró usted?
-Soy un ser humano. Me gusta sobrevivir. Tuve la suerte de trabajar con gente que confiaba en el material que yo producía espontáneamente. Los coreógrafos y directores me dieron libertad y respetaron el material que yo produje. No me dijeron que hiciera lo que ellos querían, sino que me dejaron las manos sueltas para hacer lo que deseaba y me apoyaron. Uno se vuelve íntimo en el dominio de lo que realiza. Y si alguien lo descartara, te vuelves menos competitivo.
-Usted hace su espectáculo "40 monólogos" con Svante Grogarn, que operará las luces improvisando en conjunto. Se impulsan, perciben e intuyen lo que hará el otro y, de ahí, surge la obra en natural creatividad.
-Según lo que hacemos, también se producen reacciones imprevistas en la gente que nos va a ver. Surgen improvisaciones internas en la captación del público, y esto nos une. Lo mismo que ocurre con otros artistas. En oportunidades no estamos haciendo lo mismo, pero hay una total conexión. Tanto ellos como los espectadores, algunas veces, saben que el trabajo es improvisado, y otras no. Que lo sepan o lo desconozcan no es ningún problema. Siento que no tengo dificultades con la audiencia. Yo siento que la improvisación es lo mío y no la cambiaría por otra forma. Potencialmente me gustan las mezclas. Se comparte el mundo en forma positiva, artísticamente y emocionalmente, y todo lleva a la espontaneidad en la creación. Rescato la palabra naturalidad para volcarla al arte con la mayor dimensión de lo que significa.





