La mala organización perjudicó el concierto de Luciano Pavarotti
Silbidos: el viento que complicó el sonido y la incomodidad que debieron soportar los asistentes en el estadio generaron la reprobación del público que acusó a los empresarios de "ladrones".
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MONTEVIDEO.- La expectación que había despertado la primera presentación de Luciano Pavarotti en esta ciudad que en 1996 ostenta el título de Capital Iberoamericana de la Cultura se vio defraudada en buena parte debido a incidentes dentro y fuera del estadio Centenario donde tuvo lugar el recital.
Una venta de entradas superior al número de localidades reales -se ha especulado con una posible falsificación- así como la falta de controles interiores adecuados para la ubicación de los espectadores determinaron que varios centenares de personas no pudiesen ingresar mientras que otros que sí lo lograron debieron aceptar presenciar el espectáculo desde lugares precarios que no estaban de acuerdo con los dólares invertidos.
Como si eso fuera poco
Para complicar más la situación un fuerte viento que cruzaba la tribuna del estadio en forma transversal perjudicó notoriamente la audición lo que generó un estado de nerviosismo que se tradujo en gritos silbidos y acusaciones de "ladrones" a los empresarios.
Es natural que en estas condiciones el recital se viese seriamente perjudicado.
Si el público no estaba en condiciones de concentrar su atención debidamente en el palco escénico también los artistas se vieron afectados y su actuación en la primera parte del programa estuvo plagada de baches pedidos de silencio y algún exabrupto -Pavarotti trató de "cretinos" a quienes más escándalo hacían como reacción ante un duro insulto de cuño italiano- que impodieron la creación del clima de comunicación necesario en cualquier acto musical del género que se trate.
Un poco de calma
En el intervalo durante el cual el presidente Julio Sanguinetti y el intendente de Montevideo Mariano Arana fueron a conversar con Pavarotti.
Se logró finalmente restablecer la calma y el tenor modenés la soprano norteamericana Cynthia Lawrence el flautista Andrea Griminelli el director Marco Armiliato y la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos pudieron actuar en una atmósfera más favorable aunque el nerviosismo ya había hecho su daño.
En tales condiciones se hace muy difícil juzgar el desempeño de los artistas.
No obstante hay cosas en claro: Pavarotti trajo las arias bajadas un semitono; la soprano Lawrence tiene una muy buena voz dramática pero una pronunciación defectuosa y alguna muestra de mal gusto como un potente agudo al final del aria de Micaela del tercer acto de "Carmen"; Griminelli sigue siendo un virtuoso el director Armiliato es intérprete serio y conductor seguro y la orquesta entrerriana es de un gran profesionalismo
Una voz con fatiga
La voz del tenor modenés acusa fatiga no atribuible a los nervios del momento cuando intenta realizar medias voces con increíble falta de apoyatura.
Sin embargo desde el centro del registro y hasta el Si bemol mantiene su calidad tímbrica inconfundible.
Cuando se hubo serenado ofreció una deliciosa versión de "La Girometta" y en los encores logró en el brindis de "La Traviata" lucir como el verdadero gran tenor que ha dominado esa cuerda en el último cuarto de siglo.
Lamentablemente pagó culpas que no eran suyas. Se llevará de Montevideo un mal recuerdo y dejará en los montevideanos una frustración y la duda acerca de cómo hubiera sido el espectáculo en otras condiciones.
Porque queda naturalmente esa duda acerca de si cuatro notas raspadas y una al borde del gallo -en la frase "s´io non tornassi" de Turiddu- fueron consecuencia del nerviosismo o de si se ha entrado ya en un período de declinación.
Los montevideanos y los sudamericanos nos quedamos sin saberlo a menos que podamos viajar para escucharlo en el hemisferio norte.
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