
La mala suerte de Michelle Monaghan
Eterna candidata al título de estrella que no alcanza, la actriz busca la película que consagre su estilo sutil y relajado
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En Con derecho a roce (Playing It Cool), película que llegará el jueves a los cines tras varias postergaciones, la primera aparición de Michelle Monaghan revela lo que ya sabíamos: su belleza refulgente y su estatura de actriz completa, en este caso una comediante sofisticada, segura, inteligente, con la capacidad para llevarse al hombre por delante (en este caso Chris Evans), cualidad que tenía también Katharine Hepburn, molde clave de muchas actrices.
Si en su juventud en Winthrop, Iowa, a Michelle Lynn Monaghan (nacida en 1976) le hubieran dicho que su destino era el de ser una actriz importante de Hollywood, probablemente habría pensado que era un sueño. En su pueblo natal -de menos de mil habitantes- Michelle actuaba en obras de teatro en la escuela, además de ser presidente de su curso. Sin embargo, hay algo de injusto en la carrera hollywoodense de Monaghan. Fue modelo, viajó por el mundo, empezó a actuar profesionalmente en series a principios de este siglo, con apariciones en Young Americans y La ley y el orden, y en pequeños papeles en films como Perfume e Infidelidad (ese vehículo de obviedades con Richard Gere, Diane Lane y Olivier Martinez). Subió en presencia en Herencia de familia, Winter Solstice y en un éxito como La supremacía de Bourne.
Su primer protagónico la encontró compartiendo escena con Robert Downey Jr. y Val Kilmer, a las órdenes del director y guionista Shane Black. Kiss Kiss Bang Bang -así se llamaba- fue un notorio fracaso de taquilla: en los cines de Estados Unidos no llegó a recaudar ni un tercio de su costo. La película era una combinación de policial, comedia romántica y burla a Hollywood que funcionaba a todo nivel.
Claro, Val Kilmer ya estaba en caída, y Robert Downey Jr. todavía no había recuperado su carrera. Shane Black, por su parte, había sido el guionista de Arma mortal y sería el director de Iron Man 3, y justo ésta fue su experiencia poco exitosa. En muchos países fue directo a DVD, como pasó aquí, bajo el título de Entre besos y tiros. Michelle interactuaba con brillo cómico, y con chispas de química y electricidad erótica, con Robert Downey Jr., nada menos, y era una conejita navideña memorable. Era uno de esos roles que se suelen definir como "consagratorios". Y algo de eso hubo: llegó a Misión: imposible III dirigida por J.J. Abrams, pero justo ésa no fue la mejor ni la más memorable de la serie de películas de espías.
Tuvo un rol crucial en la primera película dirigida por Ben Affleck, la muy recomendable Desapareció una noche (Gone Baby Gone), pero esa fue la película menos exitosa de Affleck (no la protagonizó él, sino su hermano Casey). Su personaje era muy importante, y fue muy elogiada, pero el trailer casi no la incluía, porque sus acciones y diálogos eran los menos fácilmente resumibles para vender.
Intensidades diversas
Hay algo de relajado en el estilo de actuación de Monaghan, que puede manejar intensidades diversas (cómicas, como La mujer de mis pesadillas; dramáticas como en su fundamental protagónico en Trucker, eróticas como la memorable escena de True Detective del vestido floreado) con una singular prestancia, como si tuviera el temple de enfrentar las más diversas situaciones sin desbordarse en gestos, incluso cuando su hijo está en peligro, como le pasó a su personaje en Control total (Eagle Eye), película que protagonizó junto a Shia Labeouf.
Luego de esa película vendrían roles de reparto en Somewhere ,de Sofia Coppola, y en Todo un parto, otra vez junto a Robert Downey Jr (aunque esta vez con poca interacción). Y llegaría 8 minutos antes de morir (Source Code), en la que Jake Gyllenhaal vivía a repetición ocho minutos que lo enfrentaban a Michelle Monaghan en un tren. Es una gran película de ciencia ficción que pivotea entre un atentado terrorista a resolver y el rostro perfecto, de nariz admirable, de Monaghan, y de su encanto para encantar sin salir de un vagón y de situaciones con mínimos cambios. Es ideal para cambiar apenas los gestos, la mirada, las emociones desde un primer plano.
Desde esa película, muy valorada, la carrera de Monaghan debió crecer definitivamente, pero más allá de su presencia en la primera temporada de la serie True Detective y de casi en cameo en la cuarta Misión imposible, sus elecciones artísticas tuvieron una sucesión de malos resultados: seis de sus films no se estrenaron comercialmente en cines argentinos: Machine Gun Preacher (2011), Tomorrow You're Gone (2012) Expecting o Gus (2013), Penthouse North (2013), Better Living Through Chemistry (2014) y Fort Bliss (2014). Dos de ellas fueron poco reseñadas, tres fueron maltratadas por la crítica en promedio (como le pasó también con la anterior, la romántica Quiero robarme a la novia).
En Fort Bliss, Monaghan era médica militar, madre soltera y vestía ropa de fajina (como Kristen Stewart en Camp X-Ray), recibió elogios, pero no se alcanzó para que se viera aquí en cines. La que sí se estrenó fue Lo mejor de mí, la peor película de su carrera (y de casi cualquier carrera), basada en la novela de Nicholas Sparks.
Veremos qué sucede con la suerte de Monaghan con el inminente estreno de Pixels de Chris Columbus, superproducción que protagoniza junto a Adam Sandler, Kevin James, Peter Dinklage y otros nombres importantes. Si la "mala suerte" de Monaghan continúa, seguramente se empezará a decir -como se dijo en algún momento de la carrera de Katharine Hepburn- que es "veneno para la taquilla". Por supuesto, en el trailer de Pixels, por las dudas, aparece poco.



