
Paul Auster
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Palabras mágicas
Sidney Orr encuentra en la escritura una puerta para conocer un pasado que le fue oculto durante una grave enfermedad.
Conocer que nos depara el futuro es un misterio que durante siglos el hombre ha querido saber. En forma de tarot, horóscopo, visiones y lecturas de mano, la interpretación de las palabras dadas influye tanto que la vida de muchas personas depende del resultado de las predicciones. Uno de los métodos más conocidos por la humanidad es el oráculo, siendo el de Delfos el más importante y famoso [se dice que nunca erró sus predicciones]. ¿Pero qué hay del pasado, no el histórico que leemos en libros, sino el personal, el pasado que nos rodea y donde no estuvimos presentes; o el que nos oculta la gente cercana a nosotros y se quiere conocer? ¿Existe un oráculo que nos muestre esa clase de pasado? Pues Sid Orr, personaje de la última novela del norteamericano Paul Auster encontró uno que en medio de fatalidades también le dejo fortuna.
Después de haberse recuperado de una enfermedad que le había anulado cualquier posibilidad de vida, Sidney Orr regresa a su casa y decide continuar con su trabajo de escritor que no ejercía desde hacía ya bastante tiempo. Un día – al que él llama “el día en cuestión” – caminando por las calles de Brooklyn entra a una papelería que le había causado curiosidad llamada “El palacio de papel”, atendida por un peculiar hombre oriental de apellido Chang. Desde entonces todo cambió en la vida de este escritor neoyorquino. La sucesión de eventos reales y ficticios; de mentiras y verdades, inicia justo cuando Orr comienza a escribir en un cuaderno azul hecho en Portugal que le había comprado –un poco por lástima– a Chang.
Este cuaderno azul le da a Sydney la facultad de escribir fluidamente historias que, desafortunadamente no tienen desenlace, ya que sus personajes –como él mismo en forma de escritor– no ven una salida posible a los sucesos narrados. Además de las historias que se escriben en el cuaderno, Auster hace que su personaje Orr, recorra historias relacionadas con los demás personajes de la novela, tanto así que el espacio dado en el libro no alcanza y se recurre constantemente al pie de página. El infortunado personaje principal, escritor neoyorquino que no es capaz de escribir una novela completa o de realizar un guión al estilo “hollywood”, es ahora personaje secundario en la vida e historias personales y pasadas de Chang, pero sobre todo de su esposa Grace, John Trause un amigo cercano a la familia y su hijo que es un ladrón y un drogadicto. ¿Qué descubrió Sydney Orr del pasado de estos tres personajes? Embebido en su cuaderno azul, y como si estuviera poseído [al estilo de las pitonisas de los oráculos], comienza a escribir una historia ficticia. No una capaz de hacerse realidad en el futuro –como las narraciones de ciencia ficción– sino una pasada, que ocurrió en el tiempo en que él estuvo hospitalizado. Engaños, decisiones sobre comenzar una nueva vida, odios, amores, sorpresas, todo esto le fue oculto por tres personas queridas. Sin embargo y después de darse cuenta sobre lo descubierto, Sid Orr, destruye “la evidencia” –trata de olvidar las predicciones del pasado– y la armonía en su vida es recuperada, pero no de la mejor manera.
En La noche del oráculo, Paul Auster, nos presenta una caja china en forma de literatura. Historia dentro de historia dentro de historia, con unos cuantos paralelos, actúan como pliegues que el personaje va desplegando cada vez que escribe en su cuaderno. Sid Orr es un escritor que se abstrae y sale de sí mismo para ser poseído por su herramienta mágica: la palabra.




