
La obra del francés Maurice Pialat, puesta en valor en una retrospectiva
Desde hoy y hasta el 1º de diciembre, en la Sala Lugones se exhibirán clásicos del creador de Bajo el sol de Satán, y también los films que produjo Sylvie, su esposa, como Jauja, del argentino Lisandro Alonso
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En 1987, Maurice Pialat se llevó la preciada Palma de Oro en Cannes por Bajo el sol de Satán, un film potente y desafiante -protagonizado por Gerard Depardieu- que despertó encendidas polémicas cuando fue exhibido en el festival. El cenit de las disputas se dio en la ceremonia de entrega del premio: Pialat fue abucheado y respondió, con visible malhumor y la mirada fija sobre el auditorio: "Ustedes tampoco me gustan".
La anécdota sirve para pintar de cuerpo entero a este cineasta de origen humilde y naturaleza incendiaria fallecido en 2003. En veinticinco años de carrera, Pialat, quien filmó su ópera prima, La infancia desnuda (1968), recién cuando tenía 43 años, dirigió diez largometrajes y un corto. Toda esa producción, salvo el último largo, Le Garçu (1995), será exhibida en el ciclo Retrospectiva Maurice Pialat + Sylvie Pialat, productora, que empieza hoy en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín. Son en total quince películas: las del inefable Maurice más algunas que produjo Sylvie, su viuda, que acaba de aterrizar en Buenos Aires (entre ellas, Jauja, el último film de Lisandro Alonso, con guion de Fabián Casas y protagonizado por Viggo Mortensen). Después de trabajar unos años como actor, Pialat pudo dirigir su primer largo gracias a la colaboración de Francois Truffaut, quien coprodujo La infancia desnuda, una película con un claro parentesco con su propio y canónico debut, Los 400 golpes (1959). Igual que Truffaut, Pialat tuvo una niñez complicada, marcada por una problemática crianza en casa de una de sus abuelas y los largos períodos que pasó confinado en distintos reformatorios. Su temperamento provocador y hostil se forjó en esa época traumática y quedó reflejado en una filmografía de tono realista y caracterizada por brutales conflictos familiares.
El cine de Pialat no es precisamente concesivo: un buen ejemplo de ese carácter oscuro es La boca abierta (1974), su tercera película y para muchos su primera obra maestra, la historia de una mujer enferma de cáncer contada desde la perspectiva de un hijo impotente frente al drama y un padre alcohólico y promiscuo.
Esa aspereza lo mantuvo alejado del público masivo hasta Loulou (1980), su primer trabajo con Depardieu, en la piel de un carismático ladrón de poca monta que seduce a una mujer bella y refinada (un lozana Isabelle Huppert), y también el inicio de una gran etapa de su carrera que le reportaría un César (el premio mayor de la industria cinematográfica francesa) por A nuestros amores (1983), notable tratado sobre la educación sentimental de una jovencita agobiada por las continuas crisis domésticas, con un trabajo extraordinario de Sandrine Bonnaire, y hasta le abriría las puertas para una aventura de gran presupuesto, Police (1985), en la que Depardieu brilla interpretando a un detective racista que libra una descarnada guerra contra traficantes de drogas árabes de Marsella.
Unos años más tarde, en 1991, Pialat encontraría en la figura de otro personaje depresivo y torturado la posibilidad de filmar su película más cálida y exuberante: centrada en la vida del famoso pintor en un período muy preciso, de mayo a julio de 1890, Van Gogh le permitió al popular cantautor Jacques Dutronc ganar un César por su papel y a Pialat reafirmar su propio estilo. Omitiendo deliberadamente los incidentes más famosos de la biografía del célebre artista, el film pone el foco sobre su intimidad, para alumbrar con inteligencia la dinámica social de fines del siglo XIX. Lo habitual en Pialat siempre fue el gesto inesperado.
Maurice Pialat + Sylvie Pialat, productora
Hasta el 1º de diciembre
Sala Lugones, Corrientes 1530.
Entrada, $ 40
Programación,complejoteatral.gob.ar





