
La película de las Malvinas
"Fuckland" fue rodada en la islas, de modo clandestino, y genera controversia
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La noticia del inminente estreno de una película argentina titulada "Fuckland" (juego de palabras que alude al acto sexual, deformando la denominación Falkland), filmada hace un año en forma clandestina en las islas Malvinas, encendió una obvia aunque sobredimensionada alarma en los círculos de poder británicos. Según dijo anteayer el diario malvinense Penguin News, "el controversial film argentino filmado en forma secreta en las islas Falkland tuvo una gran publicidad en los diarios británicos. Los artículos afirman que el film está basado en un supuesto "desesperado" argumento de la junta militar que invadió las islas Falkland en 1982, que habría enviado a un argentino a infiltrarse entre los isleños y a crear una nueva generación de falklanders con sangre argentina, leal a Argentina".
El Sunday Express entrevistó al consejero Mike Summers, quien afirmó: "El film tiene un extremo mal gusto. Fue dirigido por un productor disconforme y no ayudará a las relaciones entre los dos países". Por su parte, The Express dijo que un oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores con base en las islas, que no se identificó, trató de restar importancia diciendo: "Fue hecha por un individuo y no representa el punto de vista del gobierno argentino".
Pero en Londres unos quince representantes de distribuidores de cine europeo asistieron, con miras comerciales, a la primera proyección de este film dirigido por José Luis Marqués, un desconocido y novato cineasta argentino, aunque con notable experiencia publicitaria. Y, curiosamente, esta película que se estrenará el próximo jueves en la Argentina fue elegida para iniciar, en el London Film Festival, en noviembre, su circuito internacional. Por esta razón, "cartas con protestas han sido enviadas" a ese festival para evitar que la película argentina se exhiba allí, según The Sunday Telegraph.
Más allá de lo provocador del título y de una fuerte campaña de promoción que expone los más curiosos atributos de este proyecto ("una película clandestina en Malvinas" y el hecho de que posea el certificado número 8 del movimiento Dogma 95), en el film, una ficción que se funde con la realidad, no asoma una ideología que reivindique la soberanía en las islas. Se muestra más como una liviana aventura narrada por un joven argentino en un terreno que costó tan caro para los argentinos.
El argumento de esta historia descansa en un chico llamado Fabián, que desembarca solo en las islas con una cámara digital escondida entre sus ropas. En apariencia, es un simpático y respetuoso turista, aunque íntimamente sus pensamientos revelan a un prepotente conquistador convencido de que hay una forma de poblar las Malvinas con argentinos: seducir y dejar embarazadas a las más bonitas isleñas.
En realidad, es probable que el perfil de este "enemigo" moleste más a los propios argentinos que a los ingleses, sobre todo a las mujeres. El retrato típico del chanta porteño que en este caso invierte una alta suma de dinero para viajar a ese difícil destino con un fin tan absurdo.
La cámara testigo
De todas formas, resulta imposible darle la espalda a "Fuckland" como hecho cinematográfico. Una película que más allá del tema Malvinas, juega a confundir al espectador de manera similar a como lo hizo el falso documental "El proyecto Blair Witch", que mediante una ingeniosa campaña de marketing previa le hizo creer al público que los protagonistas del film habían desaparecido realmente.
"Para que me imiten", declara Fabián S. en la página web www.fuckland.com.ar, en la que cuenta el propósito de su travesía por las islas, cómo filmó su película casera con su cámara oculta, burlando "todas las medidas de seguridad". Lo que no se cuenta por Internet es que detrás hubo un director, y delante de éste un actor (llamado Fabián Stratas), que sí llevó una cámara que permaneció oculta en buena parte de las escenas del film.
Para hacer "Fuckland", un equipo de siete personas viajó a Malvinas. Una vez que se seleccionó al actor principal y a una actriz inglesa (que interpretaría a la única chica con la que el personaje efectivamente se iba a relacionar) se armó una farsa para poder disimular este particular rodaje sin haber pedido autorización. Todos viajaron en el mismo avión, pero fingieron no conocerse. Se juntaron de a pares: José Luis Marqués, el director, con Guillermo Naistat, el jefe de producción, simularon ser dos fanáticos de la pesca. La actriz Camila Heaney (seleccionada por Internet) viajó con su amiga inglesa. Otros dos camarógrafos se hicieron pasar por cineastas interesados en filmar a los pingüinos en su hábitat. Y el actor, Stratas, viajó solo. Al llegar cumplieron una rutina típica de turistas. Aunque en una semana el trabajo tenía que estar terminado.
Fabián Stratas no sólo tenía la misión de actuar su personaje y elaborar sus propios diálogos en función de la realidad, sino también la de operar una pequeña cámara digital. Y como el director revisaba el material por la noche, todas las sugerencias se hacían muy tarde en alguna de las habitaciones del hotel. Finalmente, el 80 por ciento de las imágenes del film son las que tomó Stratas con su cámara. José Luis Marqués, de 41 años, publicista de la productora Flehner Films, habló con La Nación sobre esta polémica película.
-¿Cuál fue la verdadera motivación: contar una historia que reivindicara la soberanía, hacer un film guiado por el Dogma 95 o invertir tiempo en un experimento transgrediendo algunos límites?
-Esta idea absolutamente loca se me ocurrió a mí. Se la comenté a Edi Flehner (también productor de "Comodines", "La edad del sol" y "76 89 03") y le dije que tendría un costo bajo de producción. El motivo era, por un lado, experimentar un nuevo formato cinematográfico, que no era precisamente el movimiento Dogma 95 (cuando la terminé me di cuenta de que tenía un espíritu similar y que cumplía con varios de sus mandamientos). Pero tampoco pensaba en un largometraje. El experimento era mezclar una historia de ficción con la realidad y permitir que interactuaran y se modificaran de acuerdo con las circunstancias. La temática no tiene que ver con la Guerra de Malvinas. Nunca pretendimos reivindicar la soberanía de las islas.
-O sea que bien podría haberse filmado en Bariloche....
-No. Mi idea fue hacer un recorte de un argentino fuera del país, con una conducta un poco desagradable. O sea, generar una película en la que se criticara alguna de esas características que, en realidad, tenemos todos. Y la situación de Malvinas era muy interesante para el formato. A diferencia de un relato tradicional en el cual uno escribe un guión y luego se basa en eso para dirigir la película, en este caso había un hilo conductor, una serie de pautas y una historia... el resto era ir participando de la situación y dejar que esta misma nos ganara para ir modificando la historia.
-El punto de vista del director se confunde con el del protagonista. ¿No cree que ideológicamente la película se puede interpretar de machista, nacionalista y fascista?
-Tuve horas de sesión con mi psicoanalista con respecto a eso. Cuando terminé la película me dije: "Espero que entiendan lo que quise contar, que yo no estoy de acuerdo con este señor". La película habla de cosas que van más allá de la Argentina, que tienen que ver con el ser argentino. A este personaje se le pueden poner un montón de epítetos, que no están ocultos, son obvios. Y también puede haber gente que se identifique con él y diga: "¡Qué piola que es!"
-¿Pensaron un perfil más politizado para el personaje?
-No. El personaje de Fabián no pertenece a la guerra ni a la posguerra, ni a los familiares de la posguerra. Creo que si hiciese una película de ese tipo sería absolutamente diferente.
-El resultado entonces, ¿no expresa un odio muy banal?
-El personaje de Fabián no tiene el odio ideológico de un ex combatiente. Es un conquistador. Y esa metodología de conquista, que éticamente es muy desagradable, no es novedosa, ya viene de los vikingos.
-¿El actor tuvo demasiada autonomía durante el rodaje?
-Sí, él se desenvolvió con mucha autonomía. De hecho, yo no participaba de las situaciones que él vivía. Pero Fabián fue brillante, porque abría esos campos de batalla con la gente en los que lograba extraer las cosas que a nosotros nos interesaban para la historia, porque si no habría sido un documental fantástico sobre lo que piensa la gente que vive en Malvinas. Para mí, hacer una historia de ficción era todo un experimento.
-¿Por qué contrataron a una actriz para los únicos encuentros sexuales del protagonista con una mujer?
-Cuando pensé en la historia respeté ese límite moral. Para mí la historia se acababa cuando empezábamos a comprometer la intimidad de la gente. Incluso era muy atractivo no poner el nombre de la actriz y montarse sobre esa polémica, pero no era lo que queríamos contar.
-Los diez mandamientos del Dogma no se cumplen...
-Bueno, Lars von Trier, el fundador de ese movimiento, dijo que los mandamientos están hechos para romperlos. Sí creo que la película tiene el espíritu del Dogma, porque fue hecha en video, en escenarios naturales, sin puesta de luces, sin efectos especiales y sobre todo en cámara en mano. De todas formas, creo que la película le aporta algo más a ese movimiento, porque la cuestión de ficción y realidad no está muy contemplada. Por eso, "Fuckland" puede ser una expresión interesante para ellos. Pero creo que Von Trier todavía ni la vio. Siempre hablamos con su secretaria.
La noticia del inminente estreno de una película argentina titulada "Fuckland" (juego de palabras que alude al acto sexual, deformando la denominación Falkland), filmada hace un año en forma clandestina en las islas Malvinas, encendió hace quince días una obvia aunque sobredimensionada alarma en los círculos de poder británicos. Según relevó anteayer el diario malvinense Penguin News, "el controversial film argentino filmado en forma secreta en las islas Falkland tuvo una gran publicidad en los diarios británicos. Los artículos afirman que el film está basado en un supuesto «desesperado» argumento de la Junta Militar que invadió las islas Falkland en 1982, que habría enviado a un argentino a infiltrarse entre los isleños y a crear una nueva generación de falklanders con sangre argentina, leal a Argentina".
El Sunday Express entrevistó a un consejero llamado Mike Summers quien afirmó: "Los contenidos del film tienen un extremo mal gusto. Fue dirigida por un productor disconforme y no ayudará a las relaciones entre los dos países". Por su parte, The Express, dijo que un oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores con base en las islas, que no se identificó, trató de restar importancia diciendo: "Fue hecha por un individuo y no representa el punto de vista del gobierno argentino".
Pero solo en Londres unos quince representantes de distribuidores de cine europeo asistieron, con miras comerciales, a la primera proyección de este film dirigido por José Luis Marqués, un desconocido y novato cineasta argentino, aunque con notable experiencia publicitaria. Y, curiosamente, esta película que se estrenará el próximo jueves en la Argentina fue elegida para iniciar, en el London Film Festival, en noviembre, su circuito internacional. Por esta razón, "cartas con protestas han sido enviadas" a ese festival para evitar que la película argentina se exhiba allí, según The Sunday Telegraph.
Más allá de lo provocador del título y de una fuerte campaña de promoción que expone los más curiosos atributos de este proyecto ("una película clandestina en Malvinas", y el hecho de que posea el certificado número 8 del movimiento Dogma "95), en el film, una ficción que se funde con la realidad, no asoma una sólida ideología que reivindique la soberanía en las islas. Se muestra más como una liviana aventura narrada por un joven argentino en un terreno que costó tan caro para los argentinos.
El argumento de esta historia se posa sobre un chico llamado Fabián, quien desembarca solo en las islas, con una cámara digital escondida entre sus ropas. En apariencia, es un simpático y respetuoso turista, aunque íntimamente sus pensamientos dan cuenta de un prepotente conquistador convencido de que hay una forma de poblar las Malvinas con argentinos: seduciendo y "embarazando" a las más bonitas isleñas.
En realidad, es probable que el perfil de este "enemigo" moleste más a los propios argentinos que a los ingleses, sobre todo a las mujeres. El retrato típico del chanta porteño que en este caso invierte una alta suma de dinero para viajar a ese difícil destino con un fin tan absurdo.
La cámara testigo
De todas formas, resulta imposible darle la espalda a "Fuckland" como hecho cinematográfico. Una película que más allá del tema Malvinas, juega a confundir al espectador de manera similar a como lo hizo el falso documental "El proyecto Blair Witch", que a través de una ingeniosa campaña de marketing previa hizo creerle al público que los protagonistas del film habían desaparecido realmente.
"Para que me imiten", declara Fabián S. en la página web www.fuckland.com.ar, en la que cuenta el propósito de su travesía por las islas, cómo filmó su película casera con su cámara oculta, burlando "todas las medidas de seguridad". Lo que no se cuenta por Internet es que detrás hubo un director, y que delante de éste, un actor (llamado Fabián Stratas), que sí llevó una cámara que permaneció oculta en buena parte de las escenas del film.
Para hacer "Fuckland", un equipo de siete personas viajó a Malvinas. Una vez que se seleccionó al actor principal y a una actriz inglesa (que interpretaría a la única chica con la que el personaje efectivamente se iba a relacionar), se armó una farsa para poder disimular este particular rodaje sin haber pedido autorización. Todos viajaron en el mismo avión pero fingieron no conocerse. Se juntaron de a pares: José Luis Marqués, el director, con Guillermo Naistat, el jefe de producción, simularon ser dos fanáticos de la pesca. La actriz Camila Heaney (seleccionada por internet) viajó con su amiga inglesa. Otros dos camarógrafos se hicieron pasar por cineastas interesados en filmar a los pinguinos en su hábitat. Y el actor, Stratas, viajó solo. Al llegar cumplieron una rutina típica de turistas. Aunque, en una semana, el trabajo tenía que estar terminado.
Fabián Stratas no sólo tenía la misión de actuar su personaje y elaborar sus propios diálogos en función de la realidad, sino que también operar una pequeña cámara digital. Y como el director revisaba el material por la noche, todas las sugerencias se hacían muy tarde en alguna de las habitaciones del hotel. Finalmente, el 80 por ciento de las imágenes del film provienen de las que tomó Stratas con su cámara. José Luis Marqués, de 41 años, publicista de la productora Flehner Films, habló con La Nación sobre esta polémica película.
-¿Cuál fue la verdadera motivación: contar una historia que reivindique la soberanía, hacer un film guiado por el Dogma 95, o invertir tiempo en un experimento transgrediendo algunos límites?
-Esta idea absolutamente loca se me ocurrió a mí. Se la comenté a Edi Flehner (también productor de "Comodines", "La edad del sol", y "76 89 03") y le dije que tendría un costo bajo de producción. El motivo era, por un lado, experimentar un nuevo formato cinematográfico, que no era precisamente el movimiento Dogma "95 (cuando la terminé me di cuenta de que tenía un espíritu similar y que cumplía con varios de sus mandamientos). Pero tampoco pensaba en un largometraje. El experimento era mezclar una historia de ficción con la realidad y permitir que interactúen y se modifiquen de acuerdo con las circunstancias. La temática no tiene que ver con la guerra de Malvinas. Nunca pretendimos reivindicar la soberanía de las islas.
-O sea que bien podría haberse filmado en Bariloche....
-No. Mi idea fue hacer un recorte de un argentino fuera del país, con una conducta un poco desagradable. O sea, generar una película en la que se criticara alguna de esas característicias que, en realidad, tenemos todos. Y la situación de Malvinas era muy interesante para el formato. A diferencia de un relato tradicional en donde uno escribe un guión y luego se basa en eso para dirigir la película, en este caso había un hilo conductor, una serie de pautas y una historia... el resto era ir participando de la situación y dejar que esta misma nos gane para ir modificando la historia.
-El punto de vista del director se confunde con el del protagonista. ¿No cree que ideológicamente la película se puede interpretar de machista, nacionalista y fascista?
-Tuve horas de sesión con mi psicoanalista con respecto a eso. Cuando terminé la película me dije: "Espero que entiendan lo que quise contar, que yo no estoy de acuerdo con este señor". La película habla de cosas que van más de la Argentina, sino del ser argentino. A través del protagonista quise exhibir todas esos aspectos que mencionás, pero desde el lugar de la crítica. Porque a este personaje se le pueden poner un montón de epítetos, que no están ocultos, son obvios. Y también puede haber gente que se identifique con él y diga: "¡Qué piola que es!".
-¿Pensaron un perfil más politizado para el personaje, o interesado por lo que sucedió en la guerra?
-No. El personaje de Fabián no pertenece a la guerra ni a laposguerra, ni a los familiares de la posguerra. Creo que si hiciese una película de ese tipo sería absolutamente diferente.
-El resultado entonces, ¿no expresa un odio muy banal?
-El personaje de Fabián no tiene el odio ideológico de un ex combatiente. Es un conquistador. Y esa metodología de conquista, que éticamente es muy desagradable, no es novedosa, ya viene de los vikingos. En un momento, el personaje de Fabián tuvo un desarrollo, pero justamente le quitaba la posibilidad de interacción con los isleños. Entonces decidimos trabajar con el azar.
-¿El actor tuvo demasiada autonomía durante el rodaje?
-Sí, él se desenvolvió con mucha autonomía, sin que haya alguien que le diga "esto sirve", "esto no". De hecho, yo no participaba de las situaciones que él vivía. Pero Fabián fue brillante porque abría esos campos de batalla con la gente en los que lograba extraer las cosas que a nosotros nos interesaban para la historia porque sino hubiera sido un documental fantástico sobre lo que piensa la gente que vive en Malvinas. Para mí, hacer una historia de ficción era todo un e xperimento y no sabía si finalmente iba a terminar con ochenta horas de material como para hacer un documental, pero no una historia.
-¿Por qué contrataron a una actriz para los únicos encuentros del protagonista con una mujer?
-Cuando pensé la historia respeté ese límite moral. Para mí la historia se acababa cuando empezábamos a comprometer la intimidad de la gente. Inclusivo era muy atractivo no poner el nombre de la actriz y montarse sobre esa polémica, pero no era lo que nosotros queríamos contar.
-Los diez mandamientos del Dogma no se cumplen...
-Bueno, Lars Von Trier, el fundador de ese movimiento, dijo que los mandamientos están hechos para romperlos. Sí creo que la película tiene el espíritu del Dogma porque fue hecha en video, en escenarios naturales, sin puesta de luces, sin efectos especiales y sobre todo, en cámara en mano. De todas formas, creo que la película le aporta algo más a ese movimiento porque la cuestión de ficción y realidad no está muy contemplada. Por eso, "Fuckland"puede ser una extesión interesante para ellos. Pero creo que Von Trier todavía ni la vio. Siempre hablamos con su secretaria.






