
La playa en la plaza
Reposeras, trajes de baño, mate y una exótica costumbre
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Teresa Palacios se calza un bikini de los más chicos, toma un bronceador de baja protección, la reposera plegable y se va a la plaza. Sí, a la plaza, pero bien podría ir a la playa. O a una pequeña Bristol en medio de la ciudad, en la que se toma sol como en cualquier balneario. Los veraneantes porteños llegan con lonas, reposeras y sin inhibiciones a tomar sol en traje de baño que sólo bañan en sudor.
Al parque General Las Heras llegan 25 líneas de colectivos, que aportan oleadas de sonidos y mirones involuntarios. Pero a Palacios eso no le impide disfrutar de su último día de vacaciones. Es una rubia de mediana edad, adoradora del sol y está de veraneo. "Vengo dos o tres horas por día. Y durante el año trato de venir en el rato libre del mediodía. Traigo agua congelada para vaporizarme y tomar", detalla con los ojos cerrados para no perderse ni un rayo del mediodía. A su lado, Roberto Trapasso endereza el respaldo de su reposera y comienza a cebarle mate. "Somos parte de un grupo que viene siempre a tomar sol a esta plaza", explica. "A veces somos 7, 8. Otras, una multitud", apunta Palacios. Mates, a veces picadas... Tienen esa amistad de los compañeros de carpa.
Lo mismo pasa en otras plazas de la ciudad, como los mucho más discretos bosques de Palermo. En cambio, lo que sucede en la plaza Barrancas de Belgrano a muchos puede sonarles a exhibicionismo: las barrancas aportan el efecto médano, para tomar sol con reclinación natural. Una chica lo aprovecha en bikini y dos señores más allá lucen su traje baño frente a la estación Belgrano C del ex ferrocarril Mitre. Con el caer de la tarde llegan los perros y los bailarines de tango de la pérgola, y sólo quedan en actitud de playa los grupos de jóvenes en tertulia que esperan el atardecer con mates.
No es para cualquier ciudad
Pero esto no se ve ni en Tucumán ni en Colombia. "Si llego a ir a la plaza así en Tucumán al otro día salgo en La Gaceta", cuenta Costanza Somoza, tucumana instalada en el parque Las Heras con su bikini triángulo rojo, ojotas, una lona y su reproductor de mp3. "Vine a Buenos Aires a visitar a mi novio y aprovecho cuando él está trabajando para tomar sol. Acá nadie mira ni molesta", asegura.
El colombiano Eduardo Lobo Guerrero también se sorprende con esta plaza playera: "Me gusta porque en Colombia esto no existe. Estaría mejor con una pileta, pero me gusta venir a tomar sol", indica, sándwich en mano, mientras soporta estoico 32°C de sensación térmica sin una canilla a la vista. Guerrero sabe cómo sacar partido de la situación: "A veces conozco chicas. Cuando vengo con mi perro es mucho más fácil".
A pocos metros de él, una chica toma sol de espaldas, sin la parte de arriba del bikini y a pocos pasos de la parada del 60. "Soy de Estados Unidos. Acabo de llegar de Mar del Plata y extraño el mar. En unos días me voy a Viña del Mar", dice, en castellano difícil, mientras ojea una revista en inglés.
Hay plazas con picos de actividad los fines de semana, que funcionan como shoppings, pero de artesanías, como el parque Lezama, la plaza Francia y la plaza Manuel Belgrano, entre otras, que entretienen a la familia con espectáculos a la gorra. Cosas que se hacen en las plazas. Otras funcionan mejor, de lunes a viernes, como patios de comida con solárium, y los fines de semana quedan desiertas.
En la plaza General Lavalle y la plaza San Martín, oficinistas y abogados se congregan alrededor de sus tuppers dispuestos a sacarse los zapatos, arremangarse los pantalones y desabrocharse las camisas para dorarse al sol. Resulta un misterio cómo hacen para volver en condiciones a completar su jornada laboral. "Me encanta tomar sol. Vengo todos los días, me encuentro con un amigo y comemos al sol", desafía Ingrid Cohen, de 27 años, frente al Palacio de Justicia. Todos los días, a las 13.45, sin protección solar y con ropa de trabajo... Muerde su medialuna rellena y asegura: "Lo disfruto. Me gusta estar bronceada".
En tanto, Jimena Cerdeiro, otra joven abogada con buen color, almuerza ahí nomás, pero a la sombra de un árbol. Su temporada alta de plaza es la primavera. "Me gusta escaparme un poco de los ruidos de la ciudad, escuchar algún pajarito perdido y no tantos ruidos de copas. Pero en verano prefiero los lugares con aire acondicionado o la sombra", dice con sano criterio. A unos metros de las dos, bajo tierra, un afiche del Gobierno de la Ciudad previene a los pasajeros de la estación Tribunales del subte B: Golpe de calor. Las altas temperaturas pueden afectar su salud. 0800-333-7258. Un número que todo veraneante porteño debería llevar en su bolso de plaza.


